Ante el fantasma de la amenaza rusa, Alemania vuelve a armarse. El dinero público fluye hacia los gigantes de la metalurgia, la industria automovilística en decadencia se reconvierte, el control democrático tarda en llegar y los sindicatos se enfrentan al dilema de crear medios de destrucción para conservar puestos de trabajo. Por detrás de esa imbricación entre la política industrial y la defensa, yace el espectro del avance electoral de la formación de ultraderecha Alternativa por Alemania.