“A mí la vida nunca me pasó por el costado ni por delante ni por detrás: me pasó por el medio... bien por el medio de mi cuerpo. El centro de mi cuerpo es el centro de mi vida, de la vida”, dice Teresa Trujillo en Corporrealidades, la publicación en la que repasa su carrera como artista contemporánea.
Hubo creadores que se adelantaron al resto decenas de años. Medio siglo antes de la globalización y de internet, investigadores de las artes de distintos continentes ya se conectaban fácilmente y se nutrían los unos de los otros. En 1951, a los 14 años, Teresa Trujillo, más tarde bailarina, perfórmer y actriz, estudiaba danza con su maestra Tamara Grigorieva, directora del Ballet del Sodre, que ya experimentaba dentro de la institución estatal.
En esos años 1950, la estadounidense Martha Graham, el mexicano José Limón, la cubana Alicia Alonso y la alemana Dore Hoyer, entre muchos otros, desembarcaron en nuestro país con sus espectáculos revolucionarios. En 1955 Trujillo protagonizó un corto de danza, Otoño está en el arte, con dirección de Mario Traverso, cuando no se hacía cine en Uruguay. También en esa década se trasladó a Santana do Livramento para aprender a bailar música brasileña.
En 1957, quien es considerada la pionera de la danza contemporánea en Uruguay, Elsa Vallarino, creó el grupo Dalica y viajó a Estados Unidos para nutrirse de la revolución que se estaba produciendo en el norte. También era pintora, alumna del taller de Torres García y creaba conjuntamente con músicos de jazz y actores, en un momento en que en Uruguay las mujeres que llegaban al gran público eran las que presentaban en televisión una bebida gaseosa vestidas con delantal.
En 1962 Teresa Trujillo viajó, por sus propios medios, accediendo a becas y medias becas (snail mail mediante), a estudiar con los principales maestros de danza de Estados Unidos, y al año siguiente, 1963, siguió camino hacia París. Volcó inmediatamente ese conocimiento en la danza uruguaya, consolidándose como una coreógrafa con la que todos querían trabajar. Poco después llegarían los happenings, la censura, el exilio y tanta vida.
El hermoso libro objeto que configura Corporrealidades se mete en ese mundo de la artista, que fue el mundo del arte que cambió el arte. Más allá de repasar la carrera de Trujillo, el libro editado por Tribu y en el que participan Nicolás Spinosa, Macarena Montañez y Óscar Álvarez cuenta parte de la historia del arte contemporáneo en Uruguay. El trabajo bibliográfico giró en torno a un cúmulo impensado de material donado por la propia artista al Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas de Montevideo en 2020.
En 1965, Trujillo y el cineasta Mario Handler se encontraron casualmente en París e improvisaron lo que se llamó Danza cinema I y II. Cuando Handler volvió a Uruguay presentó la obra al Festival del Sodre y el resultado del juego escénico signado por la suma de los talentos y las inspiraciones recibió un premio. En 1966, un happening en el Teatro Circular sacudió la aldea. Se llamó Liquidación de una platea y reunió a Trujillo con el pintor Federico Vilés y el músico Conrado Silva. Los inspectores de la Dirección Municipal de Espectáculos Públicos prohibieron la reiteración del espectáculo y el Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social elevó el caso a la Fiscalía del Crimen.
Teresa se volvió a ir y al regresar a Uruguay, en 1969, presentó Escalada, “un trabajo en la Alianza Francesa, con la colaboración del escenógrafo Osvaldo Reyno. Era una semblanza de los tiempos que se venían. Volvía de una beca en Francia, donde viví un 1968 muy revuelto. Volví muy entusiasmada con continuar con la pelea. Todos los artistas estábamos en la misma y era un momento álgido de intercambios entre creadores de varias disciplinas. Entonces trabajo con la Cinemateca del Tercer Mundo, un grupo formado por varios cineastas, entre ellos, mi exmarido Walter Achugar”, dice la artista.
También ese año se junta con Omar Grasso en el Galpón. “Invitamos a unos cuantos compañeros del teatro y de la danza a trabajar juntos: una experiencia performática única, llamada Rompición. Fue presentada en el escenario junto con el público, sentados de tal manera que pudiéramos trabajar alrededor de ellos. Buscábamos romper las estructuras de público/perfórmer. El eje central de la performance era la comunicación entre todos los presentes. Hoy puedo decir que fue un puntapié para seguir improvisando y creando”, cuenta a la diaria.
Crear en aquellos tiempos era tomar riesgos enormes. Faltaban años para que se instalara la dictadura, pero al sentir de muchos artistas, la fuerza represiva tenía el ojo puesto en las representaciones del arte. Militares y policías las visitaban, anotaban nombres y en algunos casos censuraban los espectáculos. “El aire estaba caldeado en ese entonces y la represión fue creciendo. Los happenings ponían a la vista las tensiones sociales. Años más tarde nos encerraron. Pasé tres días tirada en el piso, con frío, casi sin comida y con un tapacara que no permitía ver más que un desfile de cosas no muy claras, descompensada”.
Así, en 1972, se volvió a ir, pero esta vez exiliada. Vivió en Europa, Argentina, Chile, Cuba, Venezuela y España. Regresó a Uruguay en 1985 con el retorno de la democracia, y apenas llegada trabajó en la obra teatral Esperando a Godot de Samuel Beckett, dirigida por Luis Cerminara y Alberto Restuccia. “El personaje de Lucky, el perro, me dio la energía necesaria y despertó en mí un nuevo relacionamiento con la palabra. Eso se lo agradezco al teatro. Me llevó bastante tiempo. Casi al final de los ensayos pude coordinar el cuerpo y el movimiento con el recitado, el grito y el llanto. A partir de entonces, el teatro y la danza comenzaron a mezclarse aún más en mi vida”, cuenta.
A esta altura no solo había revolucionado el ambiente artístico local, sino que había sido impulso para las mujeres artistas en un lugar que parecía pedir más a gritos.
Teresa Trujillo cumplió 89 años y dice que cuando piensa en su mejor trabajo es siempre el próximo. ¿A qué deberíamos dar pelea hoy en tiempos de extremos y extremismos? “A todo. Tengo oídos muy severos”, dice la artista.
Corporrealidades. Archivo, vida y otras derivas, de Teresa Trujillo. Tribu, 2026.