El resultado final de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas del domingo solo se conocerá cuando todos los votos hayan sido contados, pero todo indica que la victoria, sea de quien sea, se definirá por un margen ajustado. Así lo muestran las encuestas –que fallaron en la primera vuelta–, pero sobre todo el nivel de movilización que la izquierda consiguió en las calles y, quizás más importante, en las redes. Mientras el candidato Flávio Bolsonaro continuó con la sucesión de acusaciones a su contrincante, después de la primera vuelta la campaña del presidente Luiz Inácio Lula da Silva se modificó.
“No hay lucha democrática sin el movimiento estudiantil”, “con ustedes está naciendo una izquierda fuerte”, alentaron representantes de los graduados universitarios de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo a los estudiantes, principalmente de esa institución, pero también de otras, que se reunieron en respaldo a la candidatura del actual mandatario en la noche del jueves.
Esas afirmaciones tienen sentido si se piensa que, mientras Lula se reunía en Brasilia con el diputado federal izquierdista de Minas Gerais, André Janones, y otras figuras de la izquierda con enorme alcance en las redes, los estudiantes de Río de Janeiro ya tomaban las calles en respaldo a su candidatura. Fueron los primeros en marchar, sin seguir ninguna directriz de la cúpula político partidaria. “La educación permite llegar lejos, a conquistar lo que se quiere”, dijo a la diaria una de las estudiantes de la Facultad de Psicología presentes, que antes había explicado la importancia que tienen para ella programas como ProUni que, desde 2005, durante el primer gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), da becas totales y parciales a personas de bajos ingresos.
Otro de los estudiantes presentes en el acto, al ser consultado sobre las razones que encontraba para el crecimiento de Lula en los sondeos, mencionó a Janones, pero es indudable que la juventud izquierdista, gane o pierda, se puso sobre los hombros la tarea de pelear por el triunfo de su candidato. Eso se vio no solo en las movilizaciones que durante la primera semana pos primera vuelta se replicaron en Curitiba, en Belén, en Brasilia, sino en la cantidad de jóvenes presentes en la marcha, esa sí con Lula, realizada a una semana del primer turno en la Avenida Paulista, en San Pablo. El cántico más escuchado durante varias horas fue “trabajador, mirá hacia acá, estoy en la calle para que tu hijo pueda estudiar”.
En esa clave lee el historiador brasileño, especialista en la extrema derecha, Odilon Caldeira Neto, las modificaciones que se vieron luego de la primera vuelta. En diálogo con la diaria, opinó que “la primera ruptura” de cara al balotaje “fue una ruptura de perspectiva generacional”. “La campaña del PT estaba siendo liderada y representada por una generación de mayor edad, que no muestra mucha habilidad ni disposición para desenvolverse en el ámbito digital”, expresó.
Para el también profesor universitario, otro giro fue la agenda de la cobertura de los grandes medios, en los que, para la primera vuelta, la información propiamente vinculada a lo electoral “casi no existió”. Ahora, plantea: “La cuestión del Supremo Tribunal Federal y otros asuntos que se encontraban de forma tangencial vinculados al escenario político se agotaron”. Efectivamente, el hincapié que hizo la oposición al querer colocar al juez Alexandre de Moraes como alter ego de Lula en la principal corte del país, una vez conocido el vínculo del magistrado con el exbanquero preso Daniel Vorcaro, parece haber perdido peso en las últimas tres semanas. Aun así, en la marcha en respaldo a la candidatura de Bolsonaro del domingo, también en la avenida más popular de San Pablo, un gran cartel mostraba una mujer de ojos vendados y piernas abiertas con la leyenda: “La Justicia se convirtió en prostituta del PT”.
Como tercer elemento de cambio hacia el balotaje, Caldeira Neto pone sobre la mesa la reorganización de la comunicación política y el hecho de que la campaña de Lula, posiblemente por “el manejo más inconexo o desordenado con que el campo progresista utiliza las redes sociales”, no hubiese podido mantener el grado de movilización que tuvo en las últimas semanas desde la campaña hacia la primera vuelta. “La estructura no tan jerárquica con que se mueven” los progresistas en redes, “por la propia naturaleza de las izquierdas”, se modificó para este segundo tiempo, afirma. Al recibir las órdenes de Janones, quien creó un canal de Whatsapp denominado “Ejército de Lula”, que hoy ya reúne más de siete millones de seguidores, los “soldados”, como se llaman los izquierdistas por dentro del grupo, se alinearon. El tamaño fue el cambio de estrategia que ahora hasta el mandatario tiene un celular propio.
Esa reorganización hizo que se invirtieran los roles que, “como mínimo desde hace diez años”, habían adoptado “las izquierdas brasileñas, el campo democrático brasileño, y el campo bolsonarista”, analiza el historiador. Durante casi una década, el progresismo respondió a la extrema derecha. Intentó enfrentar “los ataques, las noticias falsas y las campañas de desinformación”. En resumen, dice: “Se trató siempre de una labor de contención de daños”. En este momento, “la velocidad, la campaña de memes dirigidos a la juventud, la colocación de trending topics” con que la izquierda está jugando hacen que el bolsonarismo esté “preocupado en entender al campo progresista”, asegura.
Claro que no se trata solo de forma, sino del contenido de esas publicaciones que, en los últimos días, citan múltiples casos que comprometen a Bolsonaro a nivel judicial, pero también, aun en aquellos en los que no está siendo investigado, ponen en entredicho su rectitud moral. A las situaciones que lo involucran con distintos delitos, se suma que Lula logró llevar la agenda de la mitad de la semana al desafiarlo en el primer debate a mostrar a la ciudadanía sus cuentas bancarias y las de sus familiares. El reto, que se transformó en pedidos de uno y otro de exhibir más y más datos, acabó con el ministro del Tribunal Superior Electoral André Mendonça –nombrado por el expresidente, hoy preso por intento de golpe de Estado, Jair Bolsonaro, en el Supremo Tribunal Federal– afirmando que no es a ese organismo a lo que le compete decidir hacer público ningún movimiento financiero. Pero todo el periplo hizo que, en definitiva, la campaña de Bolsonaro estuviera, a instancias de Lula, ocupada con ese asunto y no en otros que tuviera previsto instaurar en la recta final, si es que los tenía.
Brasil, laboratorio continental
Todos los triunfos de la extrema derecha en la región se dieron de la mano de Estados Unidos. En ese sentido, Caldeira Neto habla de un “un escenario de influencia e intervención estadounidense en el panorama político brasileño”, que en este momento se ve de forma muy nítida, pero que “es de larga y mediana duración”. Si se observan las alianzas regionales, se enfoca en la relación actual con Argentina, en el gobierno de Javier Milei, como fuente de inspiración del candidato bolsonarista. “Un modelo de choque, de vaciamiento del Estado, de ataques a las políticas sociales, a las políticas de distribución de la renta y a la garantía de los derechos laborales”, expresa.
La asesora en materia económica de Bolsonaro, Daniella Marques, manifestó una semana atrás en un evento con empresarios que “Milei es un excelente ejemplo en cuanto a recuperar la capacidad de inversión y reducir la burocracia y los impuestos”. La descripción fue más exhaustiva. “Flávio dio instrucciones al equipo” para que trabajara en la “derogación y en dar marcha atrás a todos los impuestos creados o aumentados por Fernando Haddad [exministro de Economía de Lula]”, agregó. En la misma línea, dijo que, siguiendo, “en parte”, lo que hizo el mandatario argentino en estos años, ya identificaron “más de mil normas para derogar”.
De todos modos, el historiador aclara que no se puede leer a la extrema derecha brasileña como un calco o “inculcación de estrategias transnacionales” porque existen características propias subnacionales bien relevantes, como la “habilidad” con la que el bolsonarismo ha utilizado las partidas presupuestales parlamentarias para llegar a localidades del interior, incluso a las que eran “bastiones electorales del lulismo”.
Personal trabaja en la preparación de colegios electorales en la escuela pública Luiz Viana en Salvador, Bahía.
Foto: Antonello Veneri, AFP
Ahora, a esa capacidad y a las alianzas entre gobiernos, se incorporan representantes de la extrema derecha que no se encuentran en las órbitas gubernamentales, sino al frente de las grandes plataformas digitales, que tuvieron un rol preponderante en esta campaña. Para Caldeira Neto, “sus propietarios son entusiastas ideólogos de este escenario de degradación de las democracias”. Citó como ejemplos a Elon Musk y a figuras asociadas a Palantir. Entiende, asimismo, que tienen a América Latina como un “gran laboratorio” y que Argentina fue la “primera prueba, la primera inoculación de la lógica de una gobernanza basada en la inteligencia artificial”. Consideró que es “muy sencillo imaginar la implementación de este ámbito de las big tech en la realidad argentina, una sociedad mucho menos compleja y de menor envergadura que la brasileña”. Por lo tanto, opinó que Brasil sería el “experimento a gran escala, de escala continental, porque Brasil es un continente”. Eso permitiría “observar que es posible articular ese proyecto político, proyecto de futuro” que tienen las big tech en una “dimensión continental”.
Durante este proceso electoral, las potestades de Meta afectaron en más de una ocasión a la campaña de Lula. Dos veces el presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques –también designado por Jair Bolsonaro– ordenó bajar el canal de Whatsapp de Janones, en primera instancia por denuncias de la campaña bolsonarista de presunta difusión de fake news, algo que fue descartado luego por los técnicos del propio tribunal que estudiaron las publicaciones difundidas. Luego, por no estar registrado como canal de campaña.
Meta en ambos casos obedeció. Pero, además de acatar, tomó hasta último momento medidas por motu proprio, como suspender la cuenta del Instituto Lula por 24 horas o bajar la publicación de un video del canal Revelando, del perfil del músico brasileño MC Cabelinho, en el que criticaba a Bolsonaro. El argumento que la empresa brindó en el segundo caso fue que se había utilizado inteligencia artificial rompiendo normas del Tribunal Superior Electoral. Sin embargo, el medio negó haberla utilizado. El artista pudo, horas más tarde, volver a subirlo.
También quitó una publicación del medio The Intercept Brasil en la que se llamaba a quienes estuvieran interesados a buscar en Google sus investigaciones sobre casos que involucran a Bolsonaro. La explicación que el medio recibió de la plataforma fue que existía una “denuncia de terceros” y un “pedido legal para restringir” el contenido.
Bajo estudio judicial
El segundo tiempo no fue benevolente con Bolsonaro, que, aunque intentó en el primer debate inculpar a Lula por presuntos hechos de corrupción por los que es investigado su hijo, Fábio Luís da Silva (conocido como Lulinha), terminó con la apertura de una segunda investigación por parte del Supremo Tribunal Federal por presunto lavado de dinero. En la primera vuelta, Bolsonaro ya estaba bajo la lupa de la Justicia por los fondos recibidos de Vorcaro, quien está en prisión preventiva desde marzo. Aunque el candidato asegura que fueron destinados al financiamiento del film Dark Horse, sobre su padre, el dinero fue a un fondo inmobiliario en Estados Unidos que es administrado por el abogado Paulo Calixto, abogado de su hermano, Eduardo Bolsonaro.
Desde mediados de este mes, Flávio Bolsonaro es investigado también por su vínculo con otro abogado, Willer Tomaz, quien, a su vez, ya era investigado también por presunto lavado de dinero y desvío de fondos del Instituto Nacional de Seguro Social. En la investigación, se detalla que Tomaz “es próximo y hasta amigo personal de políticos, entre ellos el senador y hoy candidato a la presidencia Flávio Bolsonaro, a quien acostumbra a acompañar en eventos y viajes privados”. El historial de Tomaz no se reduce al caso del Instituto Nacional de Seguro Social: se suma su vínculo con el mercado de apuestas, del que dan cuenta informes de la Policía Federal. Según actas del Ministerio de Economía, Tomaz llegó a apostar 5.000 millones de reales (más de 1.000 millones de dólares), lo que le vale el récord de mayor apostador de Brasil en 2025.
Es ahí donde se torna más relevante su relación con Bolsonaro porque el candidato tenía un “usuario máster” dentro de una cuenta del abogado en una offshore llamada Alcazar Holding. Para la Policía Federal, “esa condición, en principio, le otorgaba un nivel elevado de acceso y gestión de la cuenta”.
“Quiero distancia de un miliciano”
Esa frase le espetó Lula a su contrincante en el primer debate cuando Bolsonaro lo invitó a acercarse. La expresión tiene asidero en los casos que vinculan al senador con las milicias.
El medio Revelando dio cuenta este mes de que el candidato del Partido Liberal le entregó, en 2005, el máximo honor en la Asamblea de Río de Janeiro al teniente Adriano da Nóbrega, preso entonces, acusado de haber asesinado a un cuidador de autos, Leandro dos Santos Silva. “Quince años más tarde, Adriano era el principal sospechoso de comandar la Oficina del Crimen, el grupo de asesinos a sueldo más conocido” de ese estado, indica el medio. Finalmente, huyó y fue asesinado en una operación policial en Bahía. Bolsonaro no solo entra en esta historia por haber entregado tal galardón, sino porque, mientras el teniente estuvo en prisión, contrató a su esposa y su madre en su despacho.
El listado se ensancha porque también está relacionado con uno de los responsables del asesinato de la consejal del órgano legislativo de Río de Janeiro, Marielle Franco, en 2018. Ella había asesorado al diputado Marcelo Freixo, que presidía la Comisión Parlamentaria de Investigación de las milicias en la asamblea estatal. El exintegrante de la policía militar, Robson Calixto da Fonseca, apodado Peixe, fue condenado en 2025 por su asesinato. Dos años antes, había pedido importantes partidas presupuestales al legislador Bolsonaro. En el presente, el Supremo Tribunal Federal investiga un posible desvío de fondos.
Un caso trágico se suma al catálogo. En febrero de 2021, una niña de 5 años, Ana Clara Gómez Machado, fue asesinada. El policía acusado, Bruno Dias Delaroli, contó con la defensa de Flávio Bolsonaro como abogado.
En paridad
La última encuesta de Datafolha, presentada el jueves, muestra que, si se consideran los votos válidos, tanto Bolsonaro como Lula tienen un respaldo del 50%. En tanto, los sondeos difundidos también esta semana por Quaest y BTG/Nexus, si bien colocan al candidato del Partido Liberal con ventaja, presentan también un escenario de empate técnico. En el primero, Bolsonaro obtiene el 45% y Lula el 44%, mientras en el segundo alcanzan el 46,5% y el 45,9%, respectivamente. En sintonía, la encuesta de PoderData/Aya considera los votos válidos y exhibe una distancia mayor: Bolsonaro aparece con 51% y Lula con 49%, pero presenta esa diferencia dentro del margen de error.