El presidente francés, Emmanuel Macron, se reunió el miércoles con el gabinete y solicitó a los ministros acciones vinculadas con los reclamos estudiantiles. Aunque la reunión se desarrolló un día después del llamado “Acto V” del movimiento estudiantil, la quinta jornada de protestas masivas, no hubo referencias públicas del presidente a la represión policial.
En ese encuentro, Macron expresó frente al gabinete que lamenta que “las reivindicaciones juveniles, que considera legítimas, estén siendo explotadas políticamente y transformadas en violencia urbana”. Así fue informado por la vocera del gobierno, Maud Bregeon.
El presidente francés pidió al gabinete que brinde respuestas claras y concretas. A corto plazo, propuso como prioridades proteger a los profesores, tomar acciones legales cuando sea necesario y producir informes precisos sobre las condiciones edilicias de los liceos. Esta es una de las demandas centrales del movimiento, y desde la apertura de la plataforma Ágora (de sugerencias y propuestas para la educación) lanzada por el gobierno, es de las principales quejas recibidas.
Otro de los puntos centrales en la plataforma de los estudiantes es eliminar el Parcoursup, la plataforma digital oficial que funciona como mecanismo de selección y aceptación de las inscripciones a las universidades, y mantenerla solo como un sistema para centralizar las inscripciones. Para los estudiantes, la plataforma es poco transparente, sujeta a la selección algorítmica, y tiene como consecuencia la exclusión de estudiantes de familias trabajadoras y racializadas. El gobierno considera a Parcoursup un “tótem” que se encuentra abierto a modificaciones, pero no parece haber abierto un camino hacia su supresión. Aun así, la postura de los estudiantes es firme: “Un diploma de bachillerato debería garantizar el acceso a una licenciatura, y una licenciatura debería garantizar el acceso a una maestría”.
En cuanto a los plazos, Macron le solicitó al gabinete que presente propuestas en las próximas semanas. Este asunto ha sido enormemente disputado entre militantes y el gobierno. Mientras que los primeros solicitan desde inicios de octubre respuestas urgentes y 10.000 millones de euros para la educación, el gabinete se mantuvo firme en su plan de presentar las primeras medidas a fines de octubre.
Sobre la represión no existieron pronunciaciones públicas de Macron, a excepción de su llamado del lunes a la calma y el orden. En la reunión de gabinete, el presidente lamentó los episodios de violencia urbana que suceden en contextos de movilizaciones, como la quema de un BMW o los daños a una tienda Nicolas el martes 13 de octubre. De todos modos, estos episodios son aislados y se encuentran fuera del tono de las protestas, que son pacíficas, con intervenciones artísticas y un gran clima de solidaridad. La cobertura de estos episodios por parte de medios de la derecha conservadora francesa construye la imagen de manifestantes que practican la violencia urbana. Se ha detectado la presencia de grupos de ultraderecha que agreden a estudiantes en bloqueos universitarios y se han abierto investigaciones al respecto.
La creciente tensión y represión policial
En este contexto, la respuesta policial es considerada desmedida por estudiantes, docentes y otros miles de ciudadanos. Es común ver carteles en las rejas de edificios cercanos a las marchas de París, ya que en ocasiones la Policía los revisa. Algunos militantes prefieren dejarlos en la calle para poder pasar fácilmente hacia el espacio de la marcha ante el control policial.
Las fuerzas de seguridad bloquean todos los accesos a las calles. En algunas fechas se puede ingresar sin dificultades; en otras, las revisiones incluyen la exigencia de mostrar el contenido de una mochila o qué dicen las pancartas (traer una pancarta no hace que la entrada sea prohibida, pero en algunas fechas, como el 13 de octubre, los carteles fueron revisados). La Policía también lleva adelante la estrategia de nasse o encapsulamiento tanto en movilizaciones en liceos como en plazas. La técnica consiste en rodear a los manifestantes bloqueando todas las posibles salidas. En ocasiones, durante el encapsulamiento la Policía reprime o lanza gas lacrimógeno, como sucedió en las manifestaciones realizadas en la Bastilla el 8 de octubre.
¿Por qué la escalada de violencia policial? Algunos académicos franceses, como Sebastian Roché, reconocen diversos motivos posibles. En la última década, en lugar de cubrir las manifestaciones solo con unidades de policía especializada, se incorporaron a la cobertura de manifestaciones otras unidades que tienen prácticas y herramientas orientadas, por ejemplo, a la criminalidad y no cuentan con formación para el manejo de multitudes. Esto podría implicar desconocimiento sobre los grupos militantes y las situaciones que no representan riesgos reales, y generar un accionar extremo y desmedido de las fuerzas de seguridad hacia manifestantes muy jóvenes.
La Policía francesa cuenta con un sobreequipamiento y acceso a materiales que no son utilizados en el resto de la Unión Europea. Como contexto (y no como causa de la violencia en sí) existe una fuerte tendencia de ultraderecha en las fuerzas policiales y militares francesas. Según estudios del investigador en Ciencias Políticas Luc Rouban, entre 58% y 67% de ellos (dependiendo de la elección) votaron a la ultraderecha en 2024, en contraste con el 27% que lo hizo en elecciones de 1997. De todos modos, el problema es esencialmente político, ya que el gobierno no reconoce la existencia de violencia policial ni ha ordenado un freno a las detenciones masivas ni a la represión, pese a las solicitudes que llegaron incluso de parte de Unicef.
Una protesta para el sábado: amarillos y jóvenes
“Jaunes et jeunes, nos luttes se rencontrent” (Amarillos y jóvenes, nuestras luchas se reencuentran) es una de las frases utilizadas para convocar a marchas, concentraciones y otras actividades de protesta para este sábado. Entre los convocantes se encuentran las federaciones de estudiantes universitarios y liceales, la Confederación General del Trabajo (CGT), figuras del agro y antiguos militantes de los chalecos amarillos que protagonizaron fuertes protestas contra el gobierno francés a fines de 2018 y comienzos de 2019.
La manifestación del sábado no conforma el repertorio de actos organizados desde el movimiento estudiantil, sino que plantea demandas más amplias, como las referidas al costo de vida, los salarios y los precios del combustible. Fue convocada originalmente a través de redes sociales y apoyada por figuras vinculadas a los chalecos amarillos. Posteriormente los estudiantes se unieron a la difusión, y la CGT decidió adherir, en parte para prevenir que se apropien de la actividad figuras de ultraderecha que, justamente, centran sus críticas en el costo de vida.
La convocatoria capta la atención de los militantes, ciudadanos, turistas y la propia Policía, además de plantear la incógnita sobre un regreso de los chalecos amarillos. Hasta el viernes se habían convocado más de un millar de actividades en toda Francia.