Mojtaba Jamenei, el segundo hijo del ayatolá Alí Jamenei, asesinado en el día inicial de la guerra que Estados Unidos e Israel están librando contra Irán, fue elegido como nuevo líder supremo de la nación islámica.
De 56 años, el nuevo gobernante iraní sufrió, además, en el ataque en el que murió su padre, la pérdida de su madre, de su esposa y también la de una de sus hermanas. Jamenei será el tercer líder supremo del país desde 1979, siendo el ayatolá Ruhollah Jomeini y su padre los únicos antecesores en el cargo.
Su nombre se manejaba como el más probable para reemplazar a su padre como principal figura política y espiritual del país, lo cual fue confirmado este domingo después de la votación de la asamblea de expertos, un grupo de 88 integrantes que tenían el deber constitucional de elegir al nuevo mandatario en un contexto inédito para Irán, envuelto en una guerra de insospechadas consecuencias.
Según recordó la cadena catarí Al Jazeera, Mojtaba Jamenei nunca se había postulado para ningún cargo público, pero durante décadas fue una figura muy influyente, cultivando profundos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), el ejército más importante del país.
Antes de la elección de Mojtaba, su figura había sido denostada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien lo había calificado como “un peso ligero”. El líder republicano quería que su administración tuviera incidencia en la elección del nuevo líder iraní, algo que por supuesto fue completamente rechazado desde Teherán.
“Queremos a alguien que traiga armonía y paz a Irán”, había declarado Trump en una entrevista con el portal estadounidense Axios la semana pasada. “Tengo que participar en el nombramiento, como con Delcy en Venezuela”, declaró Trump, refiriéndose a la presidenta encargada que quedó al mando tras la detención y traslado a Nueva York de Nicolás Maduro.
El domingo Trump reiteró que esperaba tener voz y voto en la elección del próximo líder de Irán, advirtiendo que un nuevo líder “no durará mucho” si no cuenta con su aprobación.
Mientras Irán resuelve su liderazgo, los bombardeos contra el país continúan siendo muy intensos. A propósito de esto, un ataque israelí sobre Teherán el sábado generó tensiones entre el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu y la Casa Blanca.
Los ataques israelíes contra 30 depósitos de combustible iraníes el sábado superaron ampliamente las previsiones de Estados Unidos cuando Israel les notificó con antelación de los bombardeos, lo que desencadenó el primer desacuerdo significativo entre los aliados desde que comenzó la guerra hace ocho días, según un funcionario estadounidense, un funcionario israelí y una fuente con conocimiento del asunto.
A Estados Unidos le preocupa que los ataques israelíes contra infraestructuras que benefician a los ciudadanos iraníes comunes puedan resultar contraproducentes estratégicamente, impulsando a la sociedad iraní a apoyar al régimen, además de seguir impulsando al alza el precio del petróleo.
El portavoz del cuartel general iraní Khatam al-Anbiya, que supervisa las operaciones militares, advirtió el sábado que, si continúan los ataques a la infraestructura petrolera de Irán, Teherán podría responder con ataques similares en toda la región.
El tema de los ataques iraníes a países de la región también dejó entrever las discrepancias entre el presidente del país, Masoud Pezeshkian, y el liderazgo de la CGRI.
En primera instancia, Pezeshkian había pedido disculpas a los países árabes vecinos por los ataques en su contra. Sin embargo, voceros de la fuerza militar de la nación islámica expresaron su desaprobación de las declaraciones del presidente, advirtiendo a los países vecinos que Teherán continuaría con los ataques si Estados Unidos e Israel usaban sus territorios para atacar a Irán.
Efectivamente este domingo se reportaron ataques sobre Israel, pero también sobre países del golfo Pérsico, incluyendo Arabia Saudita, donde murieron dos personas, además de un bombardeo contra una planta desalinizadora en Baréin.
Este punto es importante porque las plantas desalinizadoras son fundamentales en la zona, ya que producen alrededor del 40% del agua desalinizada del mundo para abastecer a su población, dada la sequedad de los suelos y las esporádicas lluvias que caen en el enorme territorio arábigo, predominantemente desértico.
La desalinización proporciona aproximadamente el 90% del agua potable de Kuwait, el 86% en Omán, el 70% en Arabia Saudita y el 42% en Emiratos Árabes Unidos, lo que da una idea de los efectos que pueden tener los ataques contra estas instalaciones, que además carecen de defensas.