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Shila Vilker.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Shila Vilker: “Hoy Bregman capitaliza un voto más ideológico”, pero “creo que el voto útil finalmente resultará más tentador”

11 minutos de lectura
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La directora de la consultora Trespuntozero afirma que el gobierno de Milei atraviesa su momento más difícil en cuanto a popularidad.

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Aunque las elecciones argentinas están previstas recién para octubre de 2027, ya comienzan a perfilarse algunas definiciones. Una la dio el presidente Javier Milei en una entrevista en el canal de streaming Neura, en la que confirmó el jueves su intención de volver a ser candidato: “No solo voy a terminar este mandato, voy a aplicar a otro, si creo que hice las cosas bien. Después va a decidir la gente”.

Horas antes, la diaria conversó con la especialista en comunicación y analista política Shila Vilker sobre los liderazgos que emergen, las preocupaciones que tienen los argentinos, el vínculo que establecen con la política y la caída que está sufriendo la popularidad del gobierno.

Su consultora, Trespuntozero, al igual que otras, midió una baja abrupta y reciente en el apoyo a la gestión de Milei, que Vilker atribuye en particular a la economía, pero también al impacto del caso de Manuel Adorni, el jefe de Gabinete que muestra un enriquecimiento difícil de explicar.

Vilker visitó Montevideo para participar en la XXIV Cumbre Mundial de Comunicación Política, un encuentro que apoyaron, entre otras instituciones, la Presidencia de la República, el Poder Legislativo, la Intendencia de Montevideo, la Universidad de la República, la Universidad ORT y la ANEP. Junto con Julián Libonatti, expuso sobre los “tecnopopulistas. Los nuevos dueños de la democracia”.

En su presentación incluyó algunas cifras que surgen de estudios de su consultora. Uno de estos muestra que, ante la pregunta “¿Cómo evalúa usted la gestión del gobierno nacional?”, quienes respondieron que es buena o muy buena pasaron de 53,1% en diciembre de 2023 al 34,3% actual. A su vez, aquellos que la consideran mala o muy mala aumentaron en ese período de 41,5% a 61,6%.

Tengo entendido que uno de los temas de la exposición en el encuentro sobre comunicación fue la violencia y la política, y que presentaron una encuesta sobre cómo reaccionaría un votante al encontrarse en la calle con un dirigente que no piensa como él o ella.

La ponencia fue sobre este nuevo fenómeno del tecnopopulismo, pero el tecnopopulismo crece sobre una idea o una sensibilidad antipolítica. Yo quería cerrar con el problema de la violencia. Una pregunta que venimos planteando cada tanto es: “Imagínese que se cruza por la calle al candidato político que represente ideas opuestas a las suyas”. La mayoría de los argentinos, el 63,9%, respondió que no haría nada y el 26,5% que haría algo. ¿Qué es lo que haría? El 13,3% no hace nada, pero piensa en insultarlo o agredirlo. El 7,1% se acerca y lo insulta estando a su lado; el 5,4% lo insulta desde lejos y el 0,7% busca contacto físico o le arroja algún objeto. El 9,6% no sabe qué haría. Lo interesante es que en Argentina el 0,7% representa más o menos 400.000 personas. Por lo tanto, acá hay algo que es efectivamente del orden de la violencia que está enquistada en nuestra sociedad.

Cuando preguntamos sobre violencia, conflictos y si la política se ha vuelto más violenta, lo que solemos encontrar en general es que la violencia se cuenta en tercera persona. En la investigación cualitativa lo que vemos es que “el violento es el otro”. La violencia se pone afuera. Lo que vemos es que uno de cada cuatro argentinos tiene pensamientos de fuerte intolerancia respecto de políticos que expresan ideas opuestas a las suyas. Esto muestra que está afectada la dinámica de la convivencia política.

¿Vieron una evolución en este fenómeno?

Muchas de las preguntas que consignamos en esta presentación las venimos haciendo hace tiempo. Por ejemplo, todas las preguntas que tienen que ver con antipolítica, con respuestas como “los políticos no piensan en personas como yo”. O sea, la ruptura del vínculo político, la distancia entre la ciudadanía y los representantes lo venimos viendo hace mucho y veíamos valores de 70%, 80% en la escena electoral de 2023. En esto hay algo que te permite entender la posibilidad de que emerja un outsider, como es Milei, o actores o figuras políticas por fuera del sistema que pongan en tensión las formas en que venimos entendiendo nuestra sociedad. La ordenan de otros modos: las élites versus lo popular. Los outsiders se anclan ahí, es esta idea de la casta, la casta como la gran metáfora antiélite, anti statu quo, da cuenta un poco de esta disconformidad fenomenal que hay en la ciudadanía.

¿Cómo analizaron en el encuentro el concepto de tecnopopulismo?

Hay muchos fenómenos de tecnología que están en la base de estos fenómenos políticos. Uno de los primeros tiene que ver con el de la burbuja. En general, la gente reconoce que tiende a ver espejadas sus opiniones en las redes y el espejo dificulta el encuentro con el otro, con la diferencia.

Nosotros trabajamos cuatro dimensiones de los tecnopopulistas. La de la burbuja me parece que es la más importante, pero también otro fenómeno que venimos estudiando, que es la permeabilidad de nuevas tecnologías en la vida social. En 2025 preguntábamos por inteligencia artificial y la palabra principal en las respuestas era “peligro”. En 2026 es “futuro”. Son grandes desplazamientos.

También tiene que ver con el enganche fuerte con las juventudes y las emergencias de lo nuevo, nuevas ideas sobre el uso del dinero, nuevas ideas sobre los vínculos. Hay una ruptura de las jerarquías, todo se ha vuelto más horizontal. De hecho, lo ves cuando estudiás un poco cómo son los vínculos con el mundo del trabajo, el problema de la autoridad y el jefe. Son todos fenómenos concatenados, la nueva vida social.

¿Te referís a la relación laboral en las aplicaciones como las de delivery?

Por ejemplo. Entre los argumentos que aparecen entre los que hacen delivery, una de las cosas más importantes, y que para mí es algo bastante delicado, es que no tenés que aguantar un jefe, pero tampoco tenés que aguantar un compañero que no querés bancar. No aguantarse un compañero es... El otro es una responsabilidad, en definitiva. Son formas de ver la vida social, pero yo creo que el otro es una responsabilidad.

Por supuesto, en el tema del tecnopopulismo hay una predominancia de los saberes técnicos, y empiezan a crecer por doquier figuras que se arrogan saberes técnicos específicos, la tecnocracia. Eso lo ves con bastante claridad en Milei, que fue el único que dijo “yo sé cómo dominar la inflación”. Eso es un acierto del presidente, sin lugar a dudas, hay que reconocerlo. Ahora empieza a estar un poquito en cuestión, por los valores que se registraron en los últimos meses, pero para la Argentina siguen siendo bajos. Podemos considerar un logro una inflación de tres puntos. Ahora el problema se desplazó de la inflación a la plata que no alcanza.

En relación con esto, vi que ustedes y otras consultoras registraron una caída de la imagen de Milei.

Sí. Yo creo que hoy hay tres instancias que te ayudan a tener una caracterización rápida de qué está pasando en la Argentina: el clima económico, el clima anímico y el clima político. Son tres instancias que cuando uno las articula te permiten tener un pantallazo. Sobre el clima económico, es cierto que Argentina ha logrado controlar la inflación, pero está en una situación de crisis importante.

Además, cuando hacés la investigación cualitativa te das cuenta de que hay dos o tres situaciones que caracterizan la escena. Una es la pérdida de expectativa y de esperanza, que era uno de los grandes soportes del gobierno. El sentido del futuro, esta idea de que Milei tenía poco presente por ofrecer, pero mucho futuro. Eso un poquito está hoy en retracción.

Te referís al discurso de un sacrificio hoy para estar bien mañana.

Claro, una ética sacrificial que empieza a dejar de tener sentido porque lo que ve mayormente la gente es que los indicadores sobre expectativa económica están en retracción. Entonces, no para de crecer el pesimismo, con lo cual se empieza a desmoronar ese edificio que pospone presente por futuro.

Otra situación clave es la deuda de las familias. Hay un problema de mora importante. Esto lo veníamos viendo nosotros desde hace bastante tiempo, cuando preguntamos a la gente si logra llegar a fin de mes. Empezamos a ver que había mucha gente que no lograba llegar. Entre desahorro y endeudamiento tenés más de la mitad de la Argentina. O sea, más de la mitad de los argentinos te dicen “estoy desahorrando” o “me estoy endeudando”.

Por eso empezamos a preguntar a los que tienen deudas si creen que pueden pagar sus deudas y lo que vamos viendo es que cada vez son menos los que dicen “sí, voy a poder pagar”, y el argentino es buen pagador. El argentino medio tiene mucha vocación de pago y no poder pagar es una circunstancia de dificultad, es algo que duele.

Vemos que va creciendo el porcentaje de personas que dicen “no creo que pueda pagar” y los que dicen “no sé”, a costa de los que dicen “voy a poder pagar”. Los números de opinión pública reflejan también los números bancarios de mora, las dificultades de pago del sistema bancario y también de las Fintech, estas empresas que tienen préstamos no bancarios. Entonces hay una situación de gran dificultad y de ruptura de la cadena de pagos. En las encuestas también lo ves en las preguntas sobre los principales problemas. Crece con fuerza la mención a bajos salarios, bajos ingresos, desempleo. El mundo del trabajo empieza a estar en cuestión. Esto es la dominante en cuanto a clima económico. La dificultad cotidiana, el estrés doméstico.

Había como una preeminencia de sentimiento de esperanza, hasta hace un tiempito. Estamos hablando de un cambio rápido, intenso, que se produjo en el último mes.

¿A qué se debe?

Te voy a contar un poco cómo fueron los evolutivos que tenemos nosotros. El gobierno llega a la elección [legislativa] del 25 de octubre del año pasado con 41% o 42% de aprobación y saca 41% o 42% en las urnas. Lo que venimos viendo es que lo que tiene de aprobación lo tiene de voto. En general, los gobiernos tienen más aprobación que voto. En este caso, no es así. El que lo aprueba está dispuesto a votarlo, y al mismo tiempo tiene una gran dificultad para crecer más allá de aquellos que lo aprueban.

Pasa la elección de octubre y entre noviembre y diciembre el gobierno logra alcanzar otra vez 48% o 49%. Es el efecto ganador. Suele pasar como coletazo de las urnas. Y a partir de ese momento empezamos a ver un proceso de desgaste por goteo.

Nosotros medimos aproximadamente una vez por semana o cada diez días, y lo que veíamos era que en cada medición el número estaba un poquitito más abajo. En principio nos llamaba la atención, porque diciembre, enero, febrero son meses muy benévolos con cualquier oficialismo, en Argentina o en cualquier parte de Latinoamérica. Son los meses de las fiestas, de las vacaciones, y hay menos expectativas sobre los gobiernos. En marzo, cuando arrancan las clases, se enciende el principio de realidad. Los pibes empiezan el colegio, aparece toda la demanda junta, y son los momentos en que los gobiernos tienden a bajar. Pero a diferencia de lo que venimos viendo en años y años de investigación, en diciembre, enero, febrero este gobierno bajó. Después de subir por efecto de las elecciones, empezó a bajar, y esa caída, en el último mes, de la mano del caso de Adorni, tuvo una aceleración. Se acentuó. Yo creo que acá domina más lo económico, sí, pero es un combo. Porque había una expectativa, una gran demanda de cambio, y cuando esa expectativa se mancha con algo, tiende a sacudir a toda la estructura, todo el edificio. Lo que estamos viendo es eso, es ese desgaste. Hoy el gobierno está en 34 puntos y unas décimas de aprobación.

¿Se sabe adónde se fue ese apoyo o esos votos?

Nosotros no estamos viendo una capitalización automática. No vemos un fenómeno pendular: bajan unos, ganan otros. Hoy todavía no está. Lo que pasa es que también falta mucho todavía [para otras elecciones]. Pero es la situación más compleja que vivió el gobierno hasta ahora, la de mayor dificultad. En eso no hay dudas.

De todos modos, son un oficialismo. Los oficialismos tienen instrumentos, tienen herramientas. Creo que además está claro cuál es la demanda social. Hay un escenario de pérdida de esperanza y crece el enojo. Milei ganó en una sociedad enojada, dominada por la ira, por el desprecio por lo conocido, por una fuerte demanda de cambio. Y hay algo que tiene el enojo: es un sentimiento muy contagioso, locuaz, expansivo. La tristeza es más bien un sentimiento de introversión, con dificultad para el contagio. El enojo se propaga.

Esa es la situación actual del gobierno. Ha tenido situaciones de caída, nunca tan intensas, de las que se ha recuperado. En cada caída le cuesta un poquito más de tiempo recuperarse. La primera fue automática, en un mes; la segunda fueron dos o tres meses; la tercera fueron cuatro o cinco. Hay que ver cómo sigue esto. Probablemente 2026 sea un año complejo para el gobierno.

¿La oposición cómo está?

La oposición está hoy caracterizada por la fragmentación, aunque el gobierno también tiene sus internas. No termina de haber un liderazgo opositor claro. El principal opositor hoy es [el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel] Kicillof, pero no está nada dicho porque hay desafiantes. No termina de liderar al mundillo político. Es cierto que aparece un poco como la figura del heredero natural.

Lo que está claro es que el universo de recambio parecería pasar, por lo menos en principio, por el peronismo, porque tiene el peso de la identidad política, de la sensibilidad política. Pero no hay un liderazgo claro con Cristina Kirchner proscripta y presa, y Kicillof con preferencia popular pero sin claridad de liderazgo para el adentro, con mucha disputa y mucho desafío al interior, con gran dificultad para ordenar al resto de los actores políticos, con muchos nombres que se empiezan a insinuar.

¿Dentro o fuera del peronismo?

Dentro y fuera.

¿Cuáles serían los principales en el peronismo?

Tenés la figura de Sergio Uñac, que fue gobernador de la provincia de San Juan, hoy es senador, con un perfil productivista. Está fuera de la administración ejecutiva, y eso no es poco. Uno de los principales problemas de Kicillof es gobernar la provincia de Buenos Aires. Hay otros jugadores que también están ahora intentando. No se puede sacar de juego a Sergio Massa. Sigue siendo una figura muy gravitante en la política argentina. Incluso sin participación y sin aparición pública durante el último tiempo, sigue estando en las especulaciones.

Como parte de las especulaciones está también la emergencia de figuras como la de [pastor evangelista, conductor televisivo y conferencista Dante] Gebel, ya por fuera del peronismo.

Te iba a preguntar por él y por Myriam Bregman.

El caso de Bregman lo estaba dejando para el final, porque hay un crecimiento importante de la izquierda y en particular de Bregman. De alguna manera, Bregman seduce a ese electorado peronista de izquierda forjado bajo la luz del kirchnerismo. Hay como un entrenamiento ahí, una pedagogía política, con la que Bregman machea bien. Bregman hoy performa bien, pero estamos lejos de las elecciones. Entonces, realmente es muy hipotético.

Yo creo que al electorado peronista, si vos le decís “vas por ahí o vas con uno que pueda ser voto útil”, el voto útil finalmente terminará resultando más tentador que un voto ideológico. Hoy Bregman capitaliza un voto más ideológico, y además ella gusta, logró despertar algo. También, por supuesto, Milei la sube al ring, rivaliza mucho con Bregman. La frase “el gatito mimoso del poder económico” es una frase que pegó.

En el caso Gebel, es un pastor, trae el mundo evangélico, es una novedad. Hace muchos años que en la política argentina, como en otras partes de Latinoamerica, se viene especulando con vínculos con el mundo evangélico. Por ahora es más una apuesta de la política que un fenómeno de opinión pública. Pero puede llegar a ser un fenómeno de opinión pública.

En el peronismo, otra figura es [Jorge Pablo] Brito, que también es importante porque tiene en común con Gebel que es un outsider, un fenómeno inesperado. Es banquero, expresidente de River Plate. Mauricio Macri fue presidente de Boca. Dirigir grandes clubes que mueven pasiones no es una cosa menor. La pregunta es si todavía estamos para la figura de la antipolítica o vamos a dejar que de esto se ocupe un político. Ahí hay algo que Argentina se está preguntando.

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