En momentos en que la intención de voto del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aventaja en las encuestas a la del ultraderechista Flávio Bolsonaro, aliado del gobierno de Donald Trump, Estados Unidos anunció un arancel de 25% que castiga a la economía brasileña.
Washington comunicó que aplicará desde el miércoles 22 esa tasa a las importaciones provenientes de Brasil, con algunas excepciones, como la carne vacuna, el café, la energía y los metales.
El gobierno de Estados Unidos fundamentó la medida en una investigación oficial que, según Washington, reporta prácticas comerciales que discriminan al país o perjudican a sus empresas. Menciona, por ejemplo, la deforestación ilegal de la Amazonia como un elemento que otorga una ventaja desleal a la producción agrícola de Brasil.
El representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, dijo que las nuevas tasas también responden a prácticas desleales y acusó a Brasil de perjudicar a empresas tecnológicas de su país y de retroceder en la aplicación de medidas anticorrupción. Sin embargo, se mostró abierto a seguir negociando.
Una actitud aún más dura mostró Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense. Celebró en su cuenta de X la medida y dijo que “no debe haber confusión acerca del porqué: el presidente Lula y su gobierno no han negociado con Estados Unidos de buena fe”. El secretario de Estado agregó que las políticas económicas de Lula “son malas para los estadounidenses y para los brasileños”, que el presidente “ha puesto su propio ego por encima de lograr un acuerdo para el bienestar de los brasileños” y que los “aranceles son el precio de esto”.
Mauro Vieira, el canciller de Brasil, que negoció hasta último momento para evitar los aranceles, había dicho el martes que su aplicación sería algo “injusto” y que “ninguna de las razones señaladas” en la investigación sobre prácticas comerciales a la que alude Washington “justifica la aplicación de esas tarifas”.
Este jueves, Vieira se refirió a las declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense, que calificó como “inaceptables, ofensivas para el pueblo brasileño y el gobierno brasileño”. Agregó que “Rubio ataca de forma grosera y arrogante a un jefe de Estado de un país amigo que se esforzó personalmente por abrir canales de negociación en varias ocasiones”.
“Lo que incomoda a Estados Unidos es que Brasil no se haya doblegado a las pretensiones excesivas y las exigencias no razonables planteadas durante las negociaciones”, dijo Vieira. “Cito, a modo de ejemplo, las exigencias de una apertura total, irrestricta y exclusiva de sectores enteros de la economía brasileña a Estados Unidos, sin ningún beneficio recíproco para los productos brasileños”, agregó.
La oficina de la Presidencia de Brasil emitió un comunicado en el que negó las acusaciones de Estados Unidos sobre las prácticas comerciales desleales, manifestó que el año pasado el 76% de las importaciones provenientes de ese país ingresaron a Brasil libres de aranceles y que, en promedio, los productos estadounidenses fueron gravados con una tasa de solo el 3,1%.
Por su parte Lula manifestó en su cuenta de X que durante las negociaciones Brasil demostró que “son infundadas las alegaciones contra el PIX y la regulación de plataformas digitales, así como son absurdas las acusaciones relacionadas con la deforestación”.
Calificó al sistema de pagos PIX como “un patrimonio de nuestro pueblo y una referencia internacional de infraestructura pública digital” y sobre las redes sociales afirmó: “En Brasil no renunciaremos a proteger a nuestras familias y a nuestros niños contra la codicia de un puñado de tecnooligarcas. La libertad de expresión no es carta blanca para la criminalidad”.
En cuanto a la deforestación, dijo que “el mundo entero sabe que, a partir de 2023, combatimos de manera incisiva los ilícitos ambientales y reducimos drásticamente la deforestación en todos los biomas brasileños”.
En alusión a dos intentos previos de hijos del expresidente Jair Bolsonaro de promover en Washington aranceles contra Brasil, Lula manifestó: “Es triste constatar que el lamentable desenlace de las investigaciones basadas en la Sección 301 [que permite a Estados Unidos adoptar este tipo de medidas] forma parte del guion construido con la activa colaboración de la familia Bolsonaro”. Afirmó que “son falsos patriotas que urdieron y defendieron públicamente acciones contra nuestro país, movidos por objetivos electorales”, y advirtió que “no se puede amar a Brasil solo cuando ganamos elecciones”.