En la madrugada del jueves, un ataque con misiles y drones rusos dejó al menos 25 muertos y 90 heridos en Kiev, la capital ucraniana, en uno de los bombardeos más fuertes sobre la ciudad desde el comienzo de la guerra, en febrero de 2022.
El jefe de la Administración Militar de Kiev, Timur Tkachenko, dijo que el ataque se centró mayormente sobre edificios residenciales e infraestructuras civiles. Además, la compañía eléctrica ucraniana aseguró que dañaron infraestructuras en la capital, dejando a varios residentes sin luz.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso expresó en un comunicado que los blancos de los ataques fueron objetivos militares de la capital ucraniana. Entre ellos, una fábrica de componentes de misiles ucranianos, almacenes de drones suministrados por Occidente y otras empresas vinculadas al complejo industrial militar ucraniano.
En el contexto de la guerra, que se encuentra en un punto muerto desde hace largo tiempo, las fuerzas rusas regularmente lanzan ataques combinados con misiles y drones contra la capital ucraniana, y desde hacía días se especulaba con la inminencia de otro ataque masivo.
El miércoles, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski había advertido a la ciudadanía de que dicho ataque podría producirse esa misma noche.
“Pido a todos nuestros ciudadanos que extremen las precauciones, que cuiden de sí mismos y de sus hijos y que utilicen los refugios; esto es muy importante”, declaró el mandatario durante una visita a Dublín, la capital de Irlanda, de donde volvió antes de lo previsto para visitar el jueves por la tarde el lugar de uno de los ataques en Kiev.
Zelenski afirmó que, si los aliados hubieran cumplido los acuerdos para suministrar a Ucrania misiles de defensa aérea, los daños ocasionados por el ataque ruso no habrían sido tan graves.
“Estamos luchando solos. Las víctimas son únicamente ucranianas. Lo único que pedimos a nuestros socios es que cumplan lo acordado”, declaró el mandatario ucraniano.
Las autoridades municipales de Kiev informaron que más de 50.000 personas se refugiaron en las estaciones de metro de la capital durante la noche tras las alertas. Algunas llevaron colchones y carpas para dormir unas horas bajo tierra, de acuerdo a lo que informó el diario británico The Guardian.
Después de un largo tiempo en el que la capital estuvo libre de ataques, ahora los residentes de Kiev prestan mayor atención —tras más de cuatro años de guerra a gran escala— debido a la gravedad de las recientes ofensivas masivas.
A finales de mayo, Rusia advirtió a los diplomáticos extranjeros que abandonaran la ciudad, anunciando su intención de intensificar los ataques contra los “centros de toma de decisiones” de la capital ucraniana.
Durante el ataque del jueves, Polonia —país fronterizo de Ucrania que integra la OTAN y también la Unión Europea— movilizó aviones de combate como medida preventiva. También, Finlandia estableció brevemente una zona de restricción aérea temporal en la parte oriental del golfo de Finlandia, según informaron sus fuerzas de defensa en su cuenta de X.
Los intensos ataques rusos sobre Kiev se dieron en un contexto particular de la guerra, debido a que en las últimas semanas, Ucrania intensificó su campaña de ataques con drones de largo alcance contra refinerías de petróleo en Rusia, provocando escasez de combustible en todo el país.
Varias regiones rusas se han visto obligadas a racionar la gasolina, mientras que en Crimea, región que está bajo control ruso desde 2014, las autoridades rusas declararon el estado de emergencia.
Funcionarios ucranianos manifestaron su intención de continuar la presión sobre Crimea, territorio que ha servido como centro logístico para la ocupación rusa de zonas del sureste de Ucrania.