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Celebraciones en el Palacio de la Justicia, el 11 de agosto, en Damasco. Foto: Izz Aldien Alqasem, Anadolu, AFP

El exdictador sirio Bashar al-Assad fue condenado a muerte en ausencia

El antiguo mandatario del país árabe vive en Moscú desde su derrocamiento, a fines de 2024.

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Este martes, el Cuarto Tribunal Penal de Damasco condenó a muerte en ausencia al exdictador del país, Bashar al-Assad, y a su hermano menor, Maher, por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos durante la guerra civil de 14 años, conflicto en el que perdieron la vida cerca de medio millón de personas.

Tanto el exmandatario como su hermano huyeron a Moscú tras ser derrocados por una fulminante ofensiva rebelde en diciembre de 2024, que acabó con el régimen dictatorial en apenas diez días. Desde entonces está al mando del país el líder de los rebeldes, Ahmed al-Sharaa.

El expresidente y su hermano –quien era considerado el máximo responsable de seguridad del régimen– ordenaron y supervisaron una brutal represión en la que las fuerzas gubernamentales mataron, detuvieron y torturaron indiscriminadamente para sofocar las protestas iniciadas en 2011.

De acuerdo con lo que informó el diario británico The Guardian, el tribunal declaró este martes que Bashar al-Assad había sido condenado a muerte por delitos de “asesinato premeditado e intencionado de más de una persona y de niños”, así como por “tortura, detención arbitraria y crímenes de lesa humanidad”.

Además, desde el tribunal se informó que recurrirían a vías legales internacionales para intentar procesar a ambos hombres, si bien las autoridades rusas rechazaron anteriormente todas las solicitudes de extradición de sus antiguos aliados sirios.

El tribunal también condenó a muerte a Atef Najib, primo de Al-Assad y exjefe de seguridad política en la provincia de Daraa, en el sur del país, muy cerca de la frontera con Jordania.

El fallo contra Al-Assad y sus familiares es el primero emitido por las autoridades de transición, que este año comenzaron a juzgar a figuras del antiguo gobierno.

Najib, quien fue el único de los condenados a muerte que estuvo presente durante la audiencia, fue responsable de la tortura de un grupo de 15 jóvenes que habían pintado consignas contra Al-Assad en un muro en 2011, un hecho que desencadenó protestas masivas en la provincia meridional siria y que luego se extendieron al resto del país.

El juez Fakhr al-Din al-Aryan declaró que Najib había negado los cargos en su contra y no había mostrado “ningún remordimiento”, según lo consignado por la cadena catarí Al Jazeera.

El juicio contra Najib tuvo gran repercusión mediática. Se difundieron imágenes suyas escuchando el proceso vestido con uniforme penitenciario y encerrado en una jaula dentro de la sala del tribunal. El gobierno sirio presentó su juicio como un caso emblemático en la búsqueda de justicia, algo que los expertos consideran clave para sanar las divisiones internas que existen en el país.

Desde la destitución y la huida a Moscú de Al-Assad, en Siria se registraron varios estallidos de violencia. Cerca de 1.500 civiles, en su mayoría alauitas, fueron asesinados en una ola de crímenes en represalia ocurrida en marzo del año pasado, después de que milicianos leales a Al-Assad atacaran a las fuerzas de seguridad.

Al-Assad pertenecía a la secta islámica alauita –un grupo minoritario en Siria– y gozaba de fuerte respaldo en el bastión costero de esa comunidad durante su mandato.

En julio de 2025, más de 1.700 personas perdieron la vida en masacres perpetradas en la provincia de Suweida, de mayoría drusa, cuando los enfrentamientos locales derivaron en asesinatos de carácter sectario. La violencia de baja intensidad continuó en el norte de Siria hasta la actualidad, afectando especialmente a la población civil alauita.

Las autoridades sirias adoptaron varias medidas orientadas a hacer justicia, como la creación de comisiones y la detención de funcionarios de la época de Al-Assad, en un esfuerzo por poner fin a la violencia por motivos religiosos y étnicos en el país.

Al-Assad asumió la presidencia en el año 2000, a los 34 años, tras heredar el poder de su padre, Hafez. Si bien en principio no estaba previsto que Bashar al-Assad sucediera a su padre, era médico y estaba cursando un posgrado en oftalmología en Londres, se convirtió en el heredero después de que su hermano Basil falleciera en un accidente de tránsito en 1994.

Aunque fue presentado como un joven reformista llamado a permitir cierta liberalización en la política y la economía sirias, su legado quedó marcado fundamentalmente por la represión que llevó a cabo su aparato de seguridad, que tuvo vía libre para detener, torturar y asesinar a civiles a gran escala.

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