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Sí a las prospecciones offshore, sí al cuidado del ambiente

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Yo soy de los que están convencidos de que si luego de los estudios sísmicos, la prospección y la perforación, finalmente aparece un volumen de petróleo crudo o gas en cantidades que justifiquen su explotación, sería una muy buena noticia para el país.

Y no me rifo los cuidados que hay que tener. Como en toda actividad humana, especialmente en la industria –y muy especialmente en la industria petrolera–, todos los eventuales beneficios y las amenazas deben estar sobre la mesa y analizarse con mucho cuidado. El ciudadano tiene el derecho de adoptar posición con información de calidad. Es un tema muy importante para que se dilucide en torno a cánticos de barra brava denostando al que piensa distinto y muchas veces sin todo el panorama a la vista.

Ni los ecologistas ni los animalistas deben poner a la población en contra de todos los procesos productivos anunciando que caerán sobre nosotros las siete plagas de Egipto, ni quienes están (o estamos) del lado de continuar el proceso con la expectativa de obtener resultados similares a nuestras aguas vecinas de Brasil, Argentina y Namibia queremos que el proceso se implemente sin todas las precauciones y garantías ambientales que haya que tomar.

Mucho menos algunas industrias (o industriales) pueden responsabilizar a la actividad sísmica por una eventual disminución en las capturas de especies comercializables, porque si bien no somos especialistas en el sector pesquero, seguimos la problemática del sector, como cualquier otro uruguayo. El problema de la flota y de la industria no comenzó con las prospecciones en nuestras aguas ni porque a Javier García se le haya atrasado la construcción de las OPV y otras flotas extranjeras nos lleven las especies. No creo que se supere sin políticas pesqueras y alimentarias, y mucho menos sin inversión y diálogo con los trabajadores del sector.

Pero volvamos al tema, ya que en breve se llevará a cabo la primera perforación de esta nueva etapa de búsqueda de hidrocarburos. Lo hará la petrolera APA Corporation, a su entero costo y riesgo, a unas 118 millas náuticas (unos 220 km de la costa y 360 km del puerto de Montevideo).

Si luego de los estudios sísmicos, la prospección y la perforación, finalmente aparece un volumen de petróleo crudo o gas en cantidades que justifiquen su explotación, sería una muy buena noticia para el país.

¿Por qué sería bueno tener nuestro propio crudo?

  1. Nadie puede discutir los avances que nuestro país viene procesando en lo que se ha dado en llamar la “transición energética” desde el uso de energía fósil hacia las limpias o renovables. Estamos entre los primeros países de la región y del mundo. De esto ya se ha hablado bastante y a quien desee abundar le recomiendo entrar a la web del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) o de alguna de las empresas privadas que monitorean los cambios en la matriz energética nacional.

  2. Lo que se debe comprender hoy es que no estamos en una etapa de energía de origen “renovable” o de origen “fósil”. Hoy, y por varias décadas más, atravesaremos una etapa en la que convivirán ambas: las renovables y las fósiles. Seguirá existiendo UTE en desarrollo y Ancap seguirá refinando petróleo. Si seguirán siendo una o dos empresas lo dirá el tiempo. No creo que sea la discusión del momento, como tampoco lo es el falso dilema “limpia o fósil” en el corto plazo.

  3. El pasaje de la era de la biomasa al carbón le llevó a la humanidad un proceso de 100 años. Del carbón a los fósiles, unos 100 más, y todavía se sigue consumiendo biomasa y carbón (así como hidráulica, eólica, nuclear, maremotriz, etcétera), a pesar de la llegada del petróleo hace ya más de 170 años.

  4. El pasaje del fósil a la renovable ya ha comenzado y hoy es muy difícil predecir –aunque llegará– en qué año se verificará el triunfo de lo nuevo sobre lo viejo. Pero hay algunos datos que no podemos pasar por alto. Durante algunas décadas más lo nuevo no sustituirá a lo viejo. Lo nuevo se adicionará a lo viejo.

  5. Uruguay consumirá, y para eso Ancap refinará, no sólo los niveles actuales de crudo (unos 45.000 barriles diarios), sino que hasta 2035 los niveles de refinación se irán incrementando levemente hasta que se ingrese en una meseta de consumo y luego un leve declive que se comenzará a incentivar a partir de 2050, según datos de las áreas de desarrollo estratégico de Ancap que son de público acceso.

  6. En 2025 Ancap refinó unos 14,2 millones de barriles de crudo y pagó en promedio 73,42 dólares por cada uno. Esto hace la nada despreciable cifra de algo más de 1.000 millones de dólares al año. No voy a ponerme yo a hacer demagogia sobre lo que se podría hacer con ese dinero si, como resultado final del proceso de exploración y producción, Uruguay lograra sustituir la importación de un producto que representa el 15% de la huida de divisas, pero hablamos de más de 1.000 millones de dólares anuales que, para una economía como la nuestra, no son una cifra nada despreciable.

  7. Pero no sólo estoy a favor y realmente deseo que Uruguay encuentre petróleo y/o gas por motivos económicos. En Uruguay estamos acostumbrados a que nunca nos falta energía. En general, no se visualiza como un problema. Además de UTE y Ancap, estadistas de otras épocas y otros no tan lejanos en el tiempo se han encargado de que esto sea así. Yo no estoy tan tranquilo de que la seguridad energética no esté en riesgo en el mundo en que vivimos hoy: un verdadero manicomio gobernado por sus propios pacientes.

  8. Esto conlleva dos riesgos. El primero es la seguridad de suministro; el segundo, el precio del barril y las repercusiones que esto tiene en la vida del país. Yo no me olvido de que Ancap (Uruguay) hace unos años llegó a pagar 143 dólares el barril, el doble que el promedio de lo pagado en 2025.

Aunque debemos hacernos otra pregunta: ¿encontrar petróleo bajaría sensiblemente el precio de los combustibles? La incidencia del crudo es importante, pero el factor determinante son los costos que se generan ex Ancap (básicamente distribución, comercialización e impuestos).

Pero hay otros aspectos a tener en cuenta a la hora de considerar factores; es que la cadena de valor de la industria petrolera dinamiza otras áreas de la economía, como servicios marítimos, logísticos, ambientales, jurídicos y administrativos que pagan salarios bastante alejados del veinticincomilpesismo que apostamos a superar.

Este debate no puede transcurrir entre los que están preocupados por mitigar los efectos del cambio climático, por un lado, y quienes están a favor del desarrollo económico para, entre otras cosas, combatir la pobreza persistente en nuestra sociedad y principalmente en nuestra infancia, por el otro. Para que el proyecto no naufrague se requiere un liderazgo que asegure resultados económicos y compromiso con las condiciones que exigen ambientalistas y académicos. Creo que sería muy bueno designar una especie de GACH (como en la pandemia) para monitorear un período que, además de complejo, no será breve.

Es buena la presencia de las organizaciones ambientalistas y de la academia en el debate de este tema. Yo no me olvido de la calidad y el compromiso con el país de muchas ONG y de nuestros técnicos. De todos nuestros técnicos, porque quienes están promoviendo el proceso desde el Ministerio de Ambiente, el MIEM y Ancap salieron de la misma academia y con los mismos valores que quienes hoy están en contra o tienen dudas de continuar con este proceso. Ese GACH asesor sería una buena instancia para alcanzar un seguimiento integral y un intercambio por lo alto de un tema extremadamente complejo y de suma importancia para el Uruguay de hoy y para las generaciones futuras.

Javier Cousillas es integrante del MAS-959.

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