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Yamandú Orsi abandona el programa y las tradiciones del Frente Amplio

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El gobierno de Yamandú Orsi expresa un gradualismo incrementalista y pragmático, a diferencia de la estrategia de ruptura de la dependencia elaborada por el Congreso del Pueblo en la década de los 60.

Este gradualismo se basa en pequeños pasos dados por la cúpula gobernante, buscando alianzas en el sistema político. Es la politique politicienne, como la denominan los cientistas políticos franceses, con un cierto dejo peyorativo. Martín Vallcorba, viceministro de Economía y Finanzas, estima que el programa del Frente Amplio (FA) es solo una “orientación”, pues es “impagable” y “no se puede hacer” en un quinquenio, según declaró a Brecha en junio.

Esta actitud se traduce en una sistemática pérdida de apoyo de propios, cercanos y no tanto. El abandono del programa y de las tradiciones del FA se manifiesta en los más diversos temas de alcance social, pero, en la mayoría de los casos, arranca por la derecha, para donde señala Donald Trump.

Seguridad

En la historia reciente, la gran mayoría de la sociedad uruguaya ha expresado en forma reiterada y enfática que su principal preocupación es la seguridad ciudadana.

Desde 1971, cuando el presidente estadounidense Richard Nixon decretó su “guerra a las drogas”, Uruguay y todo el subcontinente americano quedó sometido a esta imposición, que ya cumple 55 años de vigencia. Donald Trump ha llevado la “guerra a las drogas” a un nivel superior: invocándola ha atacado barcos en el Pacífico y el Caribe, con centenares de víctimas; secuestró a Nicolás Maduro y su esposa, sometiendo a Venezuela, acosa a México y Brasil, recrudece el bloqueo a Cuba. O sea, la ha transformado en un instrumento activo de política belicista y agresiva.

En este casi medio siglo ha sido demostrado de todas las formas posibles lo nefasto de esta política (estadísticas de salud pública, de hacinamiento carcelario, de delitos violentos, de barrios ocupados por los narcos, de corrupción, entre otras dimensiones). Estudios científicos, académicos y políticos han demostrado un axioma ineludible: si se suprime la causa, se termina el efecto. Muerto el perro, se acabó la rabia: el narcotráfico vive y crece en la oscura ilegalidad y muere a la luz de la democracia.

En su momento, los expresidentes Luis Alberto Lacalle Herrera y José Mujica expresaron su enfática opinión en el sentido de legalizar el mercado de drogas, para, a semejanza del alcohol o la marihuana, salir de la sombra de lo ilegal. El exsecretario de la Junta Nacional de Drogas, Milton Romani, estima que “hay que legalizar y regular todas las drogas", pues la guerra contra las drogas “mata más gente que las drogas mismas", según dijo meses atrás a Canal 5.

¿Y Yamandú Orsi?

Los hechos, decisiones y reflexiones del presidente Yamandú Orsi cobran significado cuando se los subsume en una estructura pragmática, gradualista, incrementalista que les da sentido.

El gobierno de Yamandú Orsi expresa un gradualismo incrementalista y pragmático, a diferencia de la estrategia de ruptura de la dependencia elaborada por el Congreso del Pueblo en la década de los 60.

En estas decisiones y reflexiones se entretejen diversas influencias que forman un paralelogramo de fuerzas que definen una trayectoria en una relación dialéctica con sus partidarios y oponentes.

A) Genocidio en Gaza y Cisjordania. Ya desde antes del 7 de octubre del 2023, cuando Hamas y otros grupos atacaron Israel, Orsi apoyaba la política de ocupación y violencia de Benjamin Netanyahu. Desde entonces, el presidente y la cancillería mantienen este apoyo irrestricto, pese a la condena internacional.

Un símbolo elocuente del estrecho vínculo que lo une con el gobierno de Tel Aviv y el sionismo es la llamada telefónica que le hizo el conductor del programa radial Malos Pensamientos, Orlando Petinatti, a su habitación de hotel en Nueva York, cuando Orsi concurrió a la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, en setiembre de 2025.

B) El 2 de mayo de 2026, el presidente Orsi visitó el portaaviones estadounidense USS Nimitz. Tras aceptar una invitación personal del embajador de Estados Unidos en Uruguay, Louis Rinaldi, en el marco de la misión Mares del Sur 2026 del Comando Sur. Esta visita fue duramente criticada desde el FA hasta miembros de la oposición, el movimiento sindical y otras fuerzas sociales. Fernando Pereira, presidente del FA, reconoció que es una imagen que molesta a los frenteamplistas.

C) Orsi sigue al pie de la letra la política represiva de Estados Unidos contra el narcotráfico, que Trump ha elevado a la enésima potencia. En nuestra región, donde por décadas la principal preocupación social ha sido la inseguridad generada por el narcotráfico, se suman ahora las amenazas a la seguridad nacional, que en los casos de Brasil y México escalan hasta la amenaza de invasión armada.

-Nuestros gobiernos, a partir de la “guerra a las drogas”, privilegian las estrategias punitivas, equivalentes a apagar los incendios con nafta, en una escalada sin fin. No obstante, los países con gobiernos derechistas apoyan a Trump en tres puntas: por su alianza con Netanyahu en el genocidio; por su acoso a Venezuela, Cuba, Colombia, México y Brasil; y por la “guerra a las drogas” transformada en guerra a secas, Escudo de las Américas incluido.

-En marzo de 2026, Trump creó el Escudo de las Américas, coalición destinada a combatir el narcotráfico a escala americana. No fueron invitados a participar Uruguay, Brasil y México. Orsi manifestó su extrañeza por no recibir invitación y expresó su absoluta disposición a participar.

-El presidente de Chile, José Antonio Kast, lanzó en mayo del 2026 el Compromiso Regional de Santiago Contra la Delincuencia Organizada Transnacional, junto con cuatro gobiernos de derecha de la región: Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú. El 1 de julio de 2026, Orsi anunció que Uruguay se sumará a la iniciativa.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Si bien las sucesivas y reiteradas encuestas de las empresas de demoscopía dan una masiva desaprobación de la gestión presidencial, la ecuación no queda completa al demostrar que el presidente Orsi desconoce el programa y las tradiciones del FA.

Es una comprobación empírica, pero no explica sus causas, ni los caminos para superarlo. Los caminos posibles van de menos a más. La primera posibilidad corresponde a la fuerza política del presidente. En un plenario, el FA debe acordar los caminos que seguir: una carta firmada por el plenario, una reunión de los jefes de todos los partidos con representación parlamentaria con Yamandú Orsi e, incluso, si no hay acuerdo, la petición de renuncia, de acuerdo a lo establecido en la Constitución de la República.

Mientras más rápido se proceda, menores serán los daños al FA, las fuerzas populares y al país. Ahora es cuando.

Claudio Iturra es profesor de Historia.

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