Todo rock es político: pequeño homenaje al único héroe en este lío

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Intentar resumir lo que significó el Indio Solari para millones de personas es una tarea imposible. Su obra, sus canciones y sus palabras forman parte de la identidad de varias generaciones que encontraron en ellas preguntas, rebeldía, refugio y también esperanza.

Leí por ahí que todavía hoy se estremecen las nuevas generaciones rockeras cuando descubren la portada de Oktubre, uno de los discos más emblemáticos del rock argentino. ¿Y cómo no hacerlo? Ahí aparece una multitud obrera movilizada, atravesada por la iconografía revolucionaria y las banderas rojas, en una imagen que remite a las luchas colectivas, la organización popular y la posibilidad de transformar la realidad. En tiempos en los que muchas veces se intenta separar el arte de los conflictos sociales, aquella portada recuerda que la cultura también es un terreno de disputa. Antes incluso de escuchar la primera canción, Oktubre ya proponía una forma de mirar el mundo.

En este día tan particular, también leí que lloran su muerte personas muy distintas entre sí. Y es lógico, porque eso era el Indio: un constructor de identidad en medio del barro, alguien que logró poner en palabras sentimientos colectivos que muchas veces parecían imposibles de explicar. Un artista que convirtió la poesía en una forma de resistencia y que enseñó que el amor, la rebeldía y la dignidad podían convivir en una misma canción.

Resulta imposible elegir un tema de la discografía de Los Redondos entre tantos, pero si hubiera que mencionar uno, podría ser Todo preso es político. Ahí también hay una definición profunda sobre la política entendida en su sentido más amplio: la política como aquello que atraviesa nuestras vidas cotidianas, nuestras relaciones, nuestros conflictos y nuestras luchas. Porque, al fin y al cabo, todo rock es político cuando se anima a cuestionar el orden establecido, a incomodar al poder y a dar voz a quienes rara vez la tienen.

Gracias, Carlos, por las canciones, por las preguntas, por las dudas y por las certezas. Gracias por demostrar que la cultura también puede ser una trinchera y que la poesía puede abrir caminos donde parecía no haber salida.

Incluso sus silencios tenían significado. Durante décadas eligió mantenerse lejos de los grandes medios y de la exposición permanente. No era casualidad. En una de sus entrevistas recordaba aquella frase provocadora: "La televisión es el baión para el ojo idiota". Más que una provocación, era una crítica a la superficialidad, a la cultura del espectáculo y a la renuncia al pensamiento crítico.

Tuve la suerte de verlo en Tandil en 2016. A diez años de aquel recital, el recuerdo sigue intacto. Más allá del show, lo que permanece en la memoria es haber sido parte de una experiencia colectiva difícil de explicar para quien no la vivió. Miles de personas reunidas alrededor de canciones que para muchos funcionaban como una forma de identidad, pertenencia y resistencia cultural. Haber estado ahí es un privilegio que hoy adquiere un valor aún más profundo.

Gracias, Carlos, por las canciones, por las preguntas, por las dudas y por las certezas. Gracias por demostrar que la cultura también puede ser una trinchera y que la poesía puede abrir caminos donde parecía no haber salida. Quizás por eso el Indio sigue siendo una referencia para generaciones tan distintas entre sí. No solo por su música, sino porque ayudó a comprender que la política no se reduce a los partidos ni a las elecciones: también habita en las canciones, en las palabras, en las formas de mirar el mundo y de construir comunidad. Y en ese sentido, como enseñaron Los Redondos hace mucho tiempo, todo rock es político.

Tamhara Darriulat es licenciada en Ciencia Política y militó varios años en el movimiento sindical. Algunas de las reflexiones expuestas en el artículo toman como referencia el libro Redondos: ¿A quién le importa? Biografía política de Patricio Rey, de Ignacio Gago, Ezequiel Gato y Agustín Valle.

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