El próximo lunes 8 de junio Paysandú celebrará un nuevo aniversario como ciudad. La fecha invita no solo a recordar sus orígenes, sino también a reflexionar sobre la construcción de una identidad colectiva que se ha forjado a través de distintos momentos históricos: desde los asentamientos misioneros y el proyecto artiguista hasta el auge industrial, la defensa heroica y el actual desarrollo universitario.
Con esa excusa conversamos con la docente e investigadora Carla Bernardoni, quien repasó los principales hitos de la historia sanducera y compartió su visión sobre los desafíos que enfrenta la ciudad en tiempos de cambios acelerados. Bernardoni sostiene que la historia de Paysandú está atravesada por una constante: la capacidad de adaptación. “Es una ciudad que ha sabido resignificarse una y otra vez”, comentó en entrevista con la diaria. Desde aquella pequeña población surgida de manera espontánea en las costas del río Uruguay hasta la actual ciudad universitaria que recibe estudiantes de todo el país, la trayectoria sanducera parece confirmarlo.
“Paysandú nació sin una fundación formal”
A pocos días de un nuevo aniversario de la ciudad, ¿cómo podríamos explicar el origen de Paysandú?
Lo primero que hay que decir es que Paysandú no tuvo un proceso fundacional como el de Montevideo. No hubo una ceremonia de fundación ni un plan establecido por la Corona española. Fue un proceso mucho más espontáneo. Después del Tratado de Madrid y de la expulsión de los jesuitas, muchos habitantes de los pueblos misioneros tuvieron que desplazarse. En ese contexto, esta región comenzó a poblarse porque ofrecía condiciones muy favorables. Los historiadores ubican ese proceso aproximadamente hacia mediados del siglo XVIII.
¿Hay evidencias documentales de ese proceso?
Sí. Existen mapas de aquella época donde ya aparece registrado un poblado con el nombre de Paysandú. Es una evidencia importante porque demuestra que ya existía una población organizada en esta zona durante la segunda mitad del siglo XVIII.
El nombre Paysandú siempre genera curiosidad. ¿Qué se sabe realmente sobre su origen?
Durante mucho tiempo circularon distintas versiones. Hubo quienes sostuvieron que el nombre estaba vinculado a un sacerdote, pero esa explicación hoy está descartada. La interpretación más aceptada es que es de origen guaraní. Existen diferentes análisis lingüísticos, pero en términos generales se relaciona con la idea de una isla o paso entre cursos de agua. Es una descripción que tiene mucho sentido si observamos la geografía de la zona y la presencia de islas frente a la costa sanducera.
Es decir que el propio nombre está ligado al río.
Exactamente. El río es un elemento central para comprender la historia de Paysandú. El río como camino y no como frontera.
¿Qué papel jugó el río Uruguay en el desarrollo de la ciudad?
Un papel decisivo. Muchas veces tendemos a pensar los ríos como fronteras, pero en realidad durante gran parte de nuestra historia funcionaron como vías de comunicación. Los historiadores suelen decir que el río Uruguay fue un “río camino”. Permitía el contacto permanente con la otra orilla, facilitaba el comercio y generaba una integración regional muy fuerte. Además, la fertilidad de las tierras y la abundancia de agua favorecieron el desarrollo ganadero desde muy temprano.
¿La región era muy distinta a la que conocemos hoy?
Muchísimo. Hay que recordar que las divisiones departamentales actuales no existían. Todo el territorio al norte del río Negro formaba parte de una misma gran región vinculada a Yapeyú. Cuando hablamos de los primeros tiempos de Paysandú, estamos hablando de un espacio mucho más amplio que el actual departamento.
El Paysandú artiguista
¿Por qué esta zona tuvo tanta importancia para José Artigas?
Porque Artigas tenía una concepción regional. Para él, el río no dividía, unía. La idea artiguista era construir una gran región integrada por la Provincia Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Misiones e incluso Córdoba. Existían vínculos económicos, culturales y sociales muy profundos entre todos esos territorios. Artigas entendía que las distintas economías regionales eran complementarias. Había zonas más aptas para la ganadería, otras para la agricultura y otras para actividades mineras.
¿Podríamos decir que era una visión adelantada a su tiempo?
Sin duda. Era una concepción muy amplia e integradora. Lo que después se llamó la “Patria Grande” tiene mucho que ver con aquel proyecto.
¿Quiénes fueron los primeros habitantes de Paysandú?
Las investigaciones señalan especialmente a pobladores provenientes de los pueblos misioneros, particularmente de San Borja. Por supuesto que luego se fueron sumando otros grupos atraídos por las posibilidades económicas de la región. La fertilidad de las tierras, la disponibilidad de agua y las oportunidades comerciales actuaron como un fuerte factor de atracción.
En definitiva, la ciudad fue construyéndose a partir de sucesivas corrientes migratorias.
Exactamente. Y eso también forma parte de la identidad sanducera.
¿Considera que la historia de Paysandú ocupa el lugar que merece dentro de la educación?
Sinceramente, creo que no. Es un aspecto que todavía tenemos pendiente. Muchas veces los estudiantes conocen muy poco sobre figuras fundamentales de nuestra historia local. Lo vemos cuando se habla de Leandro Gómez o de otros episodios relevantes. La historia nacional suele ocupar la mayor parte del espacio y la historia local queda relegada.
¿Eso dificulta la construcción de identidad?
Creo que sí. Conocer la historia ayuda a comprender quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí.
Leandro Gómez y el espíritu artiguista
La figura de Leandro Gómez sigue siendo uno de los grandes símbolos de Paysandú. ¿Qué aspectos considera menos conocidos?
Hay varias dimensiones que muchas veces quedan en segundo plano. Su profundo artiguismo es una de ellas. Se ha mencionado incluso que poseía un sable que perteneció a Artigas, lo cual refleja esa identificación con el ideario artiguista. También se conoce poco sobre otros aspectos de su vida, como su pertenencia a la masonería o su actividad filantrópica.
Y sin embargo no era sanducero.
No. Nació en Montevideo en 1811. Pero su actuación durante la Defensa de Paysandú hizo que quedara para siempre asociado a la ciudad.
En los años 90 Paysandú incorporó símbolos como la bandera y el himno departamental. ¿Qué lectura hace de ese proceso?
Creo que fue una forma de reafirmar una identidad local muy fuerte. No me corresponde interpretar cuáles fueron exactamente las motivaciones políticas del momento, pero sí creo que expresa una necesidad de destacar rasgos propios dentro del conjunto nacional. Los símbolos cumplen esa función.
¿Cuál es el significado del escudo departamental?
El escudo resume tres conceptos: paz, progreso y trabajo. Y está vigente. Creo que sí. Particularmente el trabajo es una marca muy profunda en la historia de Paysandú. Esta región no tenía grandes riquezas minerales ni recursos extraordinarios. Lo que tuvo fue la capacidad de generar riqueza a través del esfuerzo de su gente. La idea de progreso también está muy presente. Es una ciudad que históricamente ha tenido vocación de crecimiento y desarrollo.
El peso del pasado industrial
Una de las imágenes más arraigadas es la de Paysandú como ciudad industrial.
Porque fue una realidad muy importante. Durante décadas fue la segunda ciudad industrial de Uruguay. Miles de trabajadores encontraron empleo en sus fábricas y eso generó una cultura muy particular. Muchos llegaban a Paysandú buscando trabajo y terminaban desarrollando toda su vida laboral en una misma empresa. Ese modelo dejó una huella muy profunda en la memoria colectiva.
¿Todavía influye en la forma en que los sanduceros se ven a sí mismos?
Sin duda. Incluso el himno departamental hace referencia a las chimeneas industriales y al trabajador. Son imágenes que permanecen en el imaginario colectivo.
¿Qué lugar ocupa hoy la Universidad en la transformación de la ciudad?
Un lugar central. La presencia de la Universidad de la República, de la UTEC y de otros espacios de formación ha generado cambios muy importantes. Hoy Paysandú recibe estudiantes de distintas partes del país. Eso produce movimiento económico, cultural y social. También genera algo muy valioso: una masa crítica que contribuye a pensar y desarrollar la región.
¿Se percibe ese impacto en la vida cotidiana?
Sí. Basta observar el mercado inmobiliario, los servicios destinados a estudiantes o los nuevos espacios de recreación para jóvenes. Todo eso está vinculado al crecimiento del sector educativo.
Uno de los datos más significativos es que muchos estudiantes son primera generación universitaria.
Es un fenómeno realmente importante. También ocurre en la Universidad de la República. Son jóvenes cuyos padres y abuelos no tuvieron acceso a estudios universitarios. Eso representa una transformación social enorme.
¿Podría compararse con el impacto que tuvo la industrialización en otras épocas?
En cierto sentido sí. Antes las fábricas atraían trabajadores. Hoy las instituciones educativas atraen estudiantes. Son dinámicas diferentes, pero ambas generan movilidad, oportunidades y transformaciones urbanas.
La instalación de la UTEC en el predio de Paylana suele citarse como un ejemplo de transformación urbana.
Me parece un caso muy simbólico. Durante mucho tiempo Paylana representó el esplendor industrial de Paysandú. Cuando la actividad cesó, quedó asociada a una imagen de pérdida. Sin embargo, hoy esos espacios tienen una nueva vida vinculada al conocimiento, la innovación y la formación de jóvenes. Eso demuestra que las ciudades pueden reinventarse. Mirar hacia adelante.
¿Cómo imagina el futuro de Paysandú?
Creo que estamos viviendo un cambio de época y todavía es difícil prever todas sus consecuencias. Pero hay elementos que invitan al optimismo: la expansión de la educación superior, el desarrollo cooperativo, la capacidad organizativa de la sociedad sanducera y una identidad colectiva muy fuerte.
¿Cuál sería entonces el principal legado de la historia sanducera?
La capacidad de adaptación. Paysandú nació sin fundación formal, creció gracias al río, fue escenario de episodios heroicos, se convirtió en potencia industrial y hoy avanza hacia una ciudad cada vez más vinculada al conocimiento. Son etapas muy distintas, pero todas tienen algo en común: la capacidad de la comunidad para construir nuevas respuestas frente a los desafíos de cada tiempo. Y quizás esa sea la principal enseñanza que deja la historia de Paysandú en vísperas de un nuevo aniversario. Una ciudad que, sin renunciar a su memoria, sigue buscando caminos para proyectarse hacia el futuro.