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la diaria Paysandú › Cultura

Foto: Sandro Pereyra

El desafío de acercar los grandes autores a las nuevas generaciones

El músico y periodista Eduardo Lemes y el comunicador Julio Retamoza reflexionaron sobre el escaso conocimiento que niños, jóvenes e incluso adultos tienen de figuras fundamentales como Rubén Lena o Aníbal Sampayo.

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La pregunta puede ser muy sencilla y también inquietante: ¿por qué cada vez menos personas conocen a los grandes referentes de la cultura popular uruguaya? Nombres como Rubén Lena, Víctor Lima, Santos Insaurralde, Anselmo Grau, Osiris Rodríguez Castillos o Aníbal Sampayo forman parte del patrimonio artístico nacional, pero su presencia en la memoria colectiva parece debilitarse con el paso del tiempo.

El músico y periodista Eduardo Chito Lemes y el comunicador Julio Pincho Retamoza compartieron sus reflexiones en diálogo con la diaria sobre las causas de este fenómeno vinculado al desconocimiento de nuestros músicos y los caminos posibles para revertirlo.

Ambos coinciden en que la educación, los medios de comunicación y las experiencias culturales son clave para mantener viva la identidad del país. Para Lemes, el problema trasciende el ámbito escolar y responde a un cambio cultural mucho más profundo. “Vivimos un tiempo en el que la información circula de manera vertiginosa: aparece, se consume y desaparece rápidamente. Los contenidos llegan fragmentados y privilegian lo inmediato y lo novedoso”, sostiene. En ese contexto, considera que construir una memoria cultural compartida se vuelve cada vez más complejo.

Sin embargo, el músico rechaza la idea de que las nuevas generaciones sean incapaces de conectar con esos autores. Por el contrario, afirma que ha comprobado en numerosas experiencias que las canciones de Lena, Lima o Sampayo mantienen intacta su capacidad de emocionar a niños y jóvenes. “El problema no está en la obra, sino en la falta de puentes hacia ella”, resume.

Por eso entiende que la solución no pasa únicamente por incorporar más contenidos en los programas educativos, sino por generar experiencias directas con la música. Acercar instrumentos a las escuelas, contar las historias de los artistas, explicar los paisajes y personajes que inspiran sus obras y, sobre todo, permitir que las canciones sean escuchadas, cantadas y vividas por las nuevas generaciones.

“La música en vivo tiene una fuerza enorme y genera experiencias difíciles de olvidar”, afirma Lemes, quien también destaca el papel que pueden desempeñar maestros, profesores, medios de comunicación y radios en la tarea de rescatar y difundir a estos referentes. “Recordarlos y contextualizar sus obras es una forma de cuidar una memoria colectiva que ayuda a entender quiénes somos”, enfatiza.

Desde otra perspectiva, pero con idéntica preocupación, Retamoza sostiene que el desconocimiento de los autores es consecuencia de múltiples factores. Señala que muchas veces una canción vuelve a cobrar notoriedad cuando algún artista contemporáneo la interpreta, despertando así la curiosidad por descubrir a su creador original.

Para Retamoza, la enseñanza tiene un rol insustituible, aunque considera necesario revisar el espacio que hoy ocupa el cancionero nacional en las aulas. Propone profundizar el estudio de la historia del folclore, la canción litoraleña, el candombe, el rock y el tango, así como del movimiento del canto popular uruguayo, al que define como “un verdadero encuentro de pueblo y libertad”.

También entiende que el país necesita recuperar espacios de difusión cultural. “Nos faltan más eventos y más festivales”, afirma el popular Pincho recordando encuentros históricos que permitían acercar la música nacional a la comunidad.

En ese recorrido destaca el papel histórico de las radios sanduceras, que durante décadas fueron la principal plataforma de difusión de los artistas locales y nacionales. No obstante, reconoce que los hábitos de consumo cambiaron y que hoy son pocos quienes presentan las canciones identificando a sus autores e intérpretes.

Frente al avance de las nuevas tecnologías, Retamoza no propone resistirse al cambio, sino aprovecharlo. “Hay que aprender a usarlas bien y difundir, porque así defendemos y apoyamos nuestro auténtico patrimonio cultural”, sostiene.

Las reflexiones de Lemes y Retamoza confluyen de alguna forma en un mismo diagnóstico: la memoria cultural no se conserva por inercia. Requiere el compromiso de educadores, músicos, comunicadores, instituciones y de la sociedad en su conjunto para que las voces que construyeron la identidad uruguaya sigan siendo parte del presente y no queden relegadas a un recuerdo cada vez más lejano.

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