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Madres paseando a sus hijos en un parque de Pekín. Foto: Frederic J Brown, Afp

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China pone fin a la política del hijo único y permite que cada pareja pueda elegir tener dos.

El Partido Comunista chino anunció ayer que todas las parejas podrán tener hasta dos hijos; una reforma que implica la abolición de la política del hijo único que el país adoptó hace más de tres décadas y que registró tantos éxitos económicos como desequilibrios sociales.

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Con esta medida, que fue presentada en un comunicado después del plenario anual en el que el Partido Comunista define el Plan Quinquenal para los próximos cinco años de administración, China pretende revertir algunos problemas que causó la estricta política demográfica, como el envejecimiento de la población y la desproporción entre mujeres y hombres. En el texto, divulgado por la agencia oficial Xinhua, el gobierno explica que China “busca equilibrar el desarrollo de la población y responder al desafío del envejecimiento de ésta”.

Además, debido a la preferencia cultural por los hijos varones, la restrictiva política de planificación familiar causó un profundo desequilibrio entre el número de hombres y mujeres, lo que no sólo generó un exceso de varones, sino que también originó problemas como el aumento del tráfico de mujeres procedentes de países pobres -en pueblos que se quedaron sin “esposas”-, los abortos forzosos, el abandono de niñas -para tener la posibilidad de intentar tener otro hijo y que sea varón- y la aplicación de esterilizaciones.

La política fue también criticada por ser “clasista”, ya que las multas por tener más de un hijo no son excesivas para todos, por lo que las personas que pueden pagarla de- sobedecen la medida y quedan impunes. Además de la multa, en otros casos el castigo fue perder el trabajo u obligar a la mujer a abortar.

Aun así, y a pesar de las denuncias realizadas por muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos y, sobre todo, los reproductivos, para las autoridades chinas la política impulsó el despegue económico y la mejora de muchos indicadores sociales, como el aumento de la renta per cápita y de la esperanza de vida, la extensión de la educación y la disminución en el número de personas que viven en la pobreza, que según cifras oficiales pasó de 600 millones hace tres décadas a 70 millones en la actualidad.

Sobre todo, fue una medida excepcional en cuanto a la necesidad de China de dejar de ser un país superpoblado. De acuerdo con la Comisión de Población y Planificación Familiar, encargada de aplicar la ley del hijo único, el país tendría hoy más de 1.700 millones de habitantes -en lugar de 1.400- si no se hubiera establecido esta norma.

Pero la medida, que ya contaba con excepciones en el medio rural y entre las minorías étnicas -estas últimas pueden tener hasta tres hijos, ya que representan 5% de la población total-, se fue flexibilizando en forma progresiva. En 2013, por ejemplo, y ya viendo los efectos de la política en una sociedad que envejecía, China aprobó permitir dos hijos a las parejas en las que al menos uno de los miembros fuera hijo único. Sin embargo, la propuesta no tuvo éxito, ya que no muchas de las parejas que reunían los requisitos se animaron a solicitar el permiso, ya sea por la costumbre de tener un solo hijo o por los gastos que implica criar a otro hijo en una sociedad que se desarrolla cada vez más rápido.

Después de tres décadas de aplicación de esta política, China decidió que es hora de darles más libertad a las parejas para decidir sobre su familia. Aunque todavía no se conocen detalles sobre la nueva política o sobre los tiempos de implementación, para Wang Feng, experto en demografía y cambio social en China, se trata de un “evento histórico”, según dijo a la agencia de noticias Reuters. Advirtió que a pesar de esto, “los desafíos de una sociedad que envejece permanecerían”.

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