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Rafael Correa, presidente de Ecuador, el lunes, en el palacio de Carondelet en Quito, Ecuador. Foto: José Jácome, Efe

Polarizados

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El presidente ecuatoriano asegura que manifestaciones opositoras buscan “tumbar” a su gobierno.

Banderas negras para protestar y verdes, o la de Ecuador, para manifestar el respaldo al gobierno. Distintas zonas para oficialistas y opositores. Dirigentes políticos que evitan pronunciarse a favor de una u otra posición. Ésa es la imagen que se ve desde hace más de una semana en Ecuador, motivada por un proyecto de ley impulsado por el Ejecutivo que busca aumentar el impuesto a las herencias.

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El 5 de junio el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, envió a la Asamblea Nacional un proyecto de Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza, que pretende incluir “mecanismos de equidad” y “establecer incentivos para la democratización del capital a favor de los trabajadores”. En este marco, se incluía un aumento del impuesto a las herencias a una escala que aumenta progresivamente de 2,5% a 47,5% para los herederos directos y a 77,5% en el caso de los indirectos, dependiendo del monto heredado. En el caso de los herederos directos la tasa más baja, de 2,5%, es para las herencias que equivalen a más de 100 salarios básicos (35.400 dólares) y la más alta para las de más de 1.600 salarios básicos (566.400 dólares). Para los herederos indirectos el impuesto alcanzaba su tasa máxima, de 77,5%, cuando se trataba de una herencia superior a 849.600 dólares.

El gobierno aseguró que esta modificación afectaría solamente a las herencias más elevadas, pero la oposición mostró a esta propuesta como la que “colmó el vaso” de la tolerancia de las clases media y alta con el gobierno, y por medio de las redes sociales comenzaron a convocarse decenas de protestas en distintos puntos del país.

Tras las primeras movilizaciones, la bancada oficialista de la Asamblea Nacional dio un paso atrás, el viernes, y eliminó la tabla del impuesto para los herederos indirectos, con lo cual se pasaría a utilizar una única tabla para todas las herencias.

Pero eso no frenó las protestas, que se intensificaron durante el fin de semana. Ante esta situación, dirigentes del gobierno instaron a sus militantes a manifestarse en respaldo a Correa, mientras desde Italia, el presidente denunciaba que se había puesto en marcha “una conspiración” en contra de su gobierno. Correa aseguró que los manifestantes eran “violentos” y que contaban con “la complicidad descarada de los medios de comunicación”. “No se trata de derogar la ley de herencias, se trata de tumbar al gobierno”, sostuvo el mandatario.

Una de las últimas convocatorias de los manifestantes opositores fue la del domingo de tarde, que incluyó una caravana con banderas negras que pretendía llegar hasta el aeropuerto de Quito para “recibir” a Correa, que regresaba de un viaje por Europa. La Policía impidió que la caravana llegara hasta la terminal aérea y la llegada de Correa se produjo más tarde de lo previsto.

En este contexto, Correa convocó a sus militantes a manifestarse en varias instancias en la jornada de ayer, una de ellas frente al balcón de Palacio de Carondelet, la sede de gobierno y residencia oficial del presidente. De mañana, y ante decenas de miles de militantes, Correa reiteró que se busca desestabilizar a su gobierno y que el proyecto de ley que generó la polémica está dirigido a construir “un país de equidad”.

Si bien las protestas de la semana pasada fueron convocadas informalmente en las redes sociales, en estos días varias organizaciones llamaron a nuevas movilizaciones contra el gobierno con reivindicaciones más amplias que el rechazo al aumento impuesto a las herencias. Entre las organizaciones convocantes están Mujeres por la Democracia (que también reclama la despenalización del aborto y la “intolerancia gubernamental hacia quienes piensan distinto”), una agrupación de jubilados y el Colectivo Nacional Unitario de Trabajadores, Indígenas y Organizaciones Sociales.

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