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Gerardo Leibner, el 21 de mayo, en el PIT-CNT.

Foto: Martín Varela Umpiérrez

El historiador Gerardo Leibner sostuvo que Estados Unidos “es el único que puede poner freno” a la “guerra genocida” en Gaza

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En una charla en la sede del PIT-CNT, el historiador uruguayo radicado en Israel dijo que “la movilización internacional” puede “obtener un freno en el envío de armamento y municiones a Israel, y eso obligaría al cese al fuego”.

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Leído por Andrés Alba.
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El PIT-CNT fue sede este martes de una charla sobre el conflicto entre Israel y Palestina, que tuvo como título “Gaza, las raíces y las perspectivas de la crisis actual”. El principal exponente del evento fue el historiador uruguayo y activista por la paz israelí-palestina Gerardo Leibner, que está radicado en Israel. “No soy portador de buenas noticias, se imaginarán ustedes”, fue lo primero que dijo en su exposición, que duró casi una hora. Luego, citó aquellos famosos versos de Francisco de Quevedo: “Pues amarga la verdad, / quiero echarla de la boca”.

Leibner sostuvo que el pueblo palestino en Gaza “se encuentra en uno de los momentos más dramáticos de su existencia, y vaya si ha conocido momentos dramáticos en su historia”. Agregó que “la situación actual es desesperante y peligrosa como nunca” y que “en este momento, cientos de miles de personas se encuentran al borde de la muerte, y solamente presiones externas, por fuera de Israel y de Palestina, pueden frenar eso”. “Es mi obligación decirlo de esa manera, tan tajante”, subrayó.

El historiador, que obtuvo su título de doctorado en la Universidad de Tel Aviv, dijo que hay una amenaza de que “esta guerra genocida, ahora centrada en Gaza, se convierta en una guerra regional”, por lo tanto, “lo más urgente en este momento es la movilización más amplia y enérgica posible alrededor del mundo, para obtener algo muy simple, que es muy anterior a las soluciones políticas: un alto al fuego y el ingreso inmediato de ayuda humanitaria a Gaza que permita salvar la vida de cientos de miles que están en este momento en grave peligro”.

Leibner también enfatizó en que se debe pedir “la liberación de rehenes y de prisioneros de todo tipo, de ambos lados”, y “el regreso a sus hogares de cientos de miles de gazatíes y la reconstrucción de sus viviendas y de su vida”, así como “el regreso de decenas de miles de israelíes y libaneses que también han sido desplazados de sus casas en estos meses”.

En su análisis, Estados Unidos “es el único que puede poner freno, por ser el principal abastecedor de armas, al estado de Israel”, por lo tanto, “la movilización internacional, presionando y acusando también al gobierno de Estados Unidos por su complicidad, puede volcar la balanza en un sentido positivo”. “Puede obtener un freno en el envío de armamento y municiones a Israel, y eso obligaría al cese al fuego”, insistió. Además, subrayó que “esto, que puede pararse mañana, al mismo tiempo puede convertirse en una guerra regional de incalculables resultados, desastrosa para la vida de todos los pueblos de la región”.

El “contexto más profundo”

En la mitad de la charla, Leibner se refirió al “contexto más profundo” del conflicto, señalando que, en 1948, “cuando se creó el Estado de Israel, en medio de una guerra civil e internacional, en lo que era la Palestina que se libraba del gobierno colonial británico, cientos de miles de árabes palestinos fueron desplazados por la fuerza en esa guerra, y mayormente sobre los territorios en que esa gente fue desplazada se estableció el Estado de Israel”.

Señaló que el Estado de Israel “viene a ser la solución para los judíos perseguidos en el mundo, desde el punto de vista de la ideología sionista”, y sostuvo que “la población judía de Palestina de entonces”, en 1948, “era un tercio de la población total, y la población árabe palestina eran dos tercios”. Agregó que “rápidamente llegaron inmigrantes, muchos refugiados del Holocausto, gente que estaba en condiciones pésimas en campamentos de refugiados en Europa, luego, judíos de los países árabes que fueron expulsados”, o sea, “se creó un problema humano muy grave e Israel fue la solución para ese problema, pero al mismo tiempo se creó el problema de los refugiados palestinos desplazados”.

Agregó que fue así que Gaza se convirtió “en uno de los territorios receptores de desplazados palestinos, y más que duplicó su población”, y hoy se calcula “que alrededor del 60% de la población de Gaza son descendientes de refugiados palestinos que fueron desplazados del territorio donde se erigió Israel en 1948”.

Más adelante, subrayó que en 1967, en la Guerra de los Seis Días, “Israel conquistó Gaza, la península del Sinaí y Cisjordania, y más que duplicó su territorio, y ahí se creó el tema actual de los territorios palestinos militarmente ocupados por Israel”. Agregó que luego empezó una época breve “pero muy importante, que ahora está olvidada –generalmente la prensa no se mete en esas profundidades–", en la que, entre 1968 y 1993, cuando se hicieron los Acuerdos de Oslo, “Gaza estuvo bajo ocupación militar israelí directa”, que fue “muy cruel, muy violenta y enfrentó a distintos intentos de sublimación e insurgencia palestina, popular y armada, simultáneamente, muchas veces”.

En ese sentido, profundizó en que se creó una situación que, “por el desarrollo industrial importante de Israel de aquellos años”, y también de la construcción, “cientos de miles de gazatíes se convirtieron en mano de obra a la que se le permitió el ingreso a Israel, mano de obra barata, sin derechos, que los sindicatos israelíes no la aceptaban como parte de ellos”. El historiador señaló que eso suscitó una situación “que es indispensable para entender los ánimos actuales y qué hay en la memoria y en la consciencia de la gente, tanto en Gaza como en Israel”.

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