Fin de semana Sociedad

Julio da Rosa en la radio.

Foto: Euda Fernández

Aquel niño de la escoba

Un asesinato del que poco se habla, el trabajo de informar y la seguridad para la prensa en el interior.

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Julio da Rosa llegó al pueblo de Baltasar Brum en 1992, con 28 años y una radio FM clandestina. Tres años después, logró abrir la primera emisora oficial del pueblo, la CV 149 Radio del Centro. Allí transmitía fútbol y conducía el informativo del mediodía. Como la vocación no le alcanzaba para vivir, cuando apagaba el micrófono arreglaba radios y televisores.

El fútbol lo vinculó con Nery Colombo, un policía retirado, dirigente de la Liga de Fútbol y exsecretario de la Junta Local. En febrero de 2000 comenzó a circular que Colombo podía volver al cargo. Da Rosa informó sobre el rumor y leyó al aire una noticia de El Pueblo que señalaba que el exsecretario estaba sumariado por presuntos desvíos de fondos. Todo el pueblo lo escuchó.

De inmediato, Colombo llamó a la radio: quería responder a las acusaciones. Al día siguiente, 24 de febrero, a las 11 de la mañana, fue hasta la emisora, pero no hubo entrevista. Hubo un disparo en el pecho de Julio da Rosa, que murió en el lugar. Segundos después, Colombo se suicidó.

El asesinato de Julio da Rosa es un caso límite, pero la violencia contra quienes ejercen el periodismo adopta formas menos extremas como amenazas, hostigamiento, intimidaciones físicas y virtuales, agresiones, presiones políticas y acoso judicial.

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras evalúa 180 países a partir de distintos indicadores como el contexto político, económico, legal y sociocultural en el que trabajan los medios, así como la seguridad de los periodistas. Según este estudio, Uruguay pasó de ocupar el puesto 18 en 2022 al 59 en 2025. Este año recuperó posiciones y se ubicó en el puesto 48. “Hoy por hoy no existe ningún mecanismo ni protocolo específico para responder a situaciones de vulneración a la libertad de prensa”, dice Rody Olivera, presidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).

Hacerse cargo

La radio de Baltasar Brum todavía funciona. La conduce César da Rosa, el hijo mayor de los cuatro que tuvo Julio, que tenía 16 años al momento del asesinato. La muerte de su padre dejó un vacío que César tuvo que ocupar antes de tiempo. La familia perdió su principal fuente de ingresos y él abandonó los estudios para hacerse cargo de la emisora, junto con su madre, Euda Fernández. Ya había hecho algunos programas con su padre, pero entonces la radio dejó de ser un lugar de aprendizaje y se convirtió en su trabajo.

Durante siete años permaneció en Baltasar Brum. Después se fue al sur del país; trabajó en la construcción y en Radio Maldonado como operador. Un año más tarde, su madre lo llamó: sola, tenía dificultades para sostener la radio. César volvió y desde entonces no se fue de la localidad.

Nunca llegó a recibirse de periodista. Hizo algunos cursos a distancia, cuyo contenido recibió a través de CD. Pero siguió haciendo lo mismo que había hecho su padre: informar desde una pequeña radio del interior. Además, los fines de semana trabaja como seguridad privada. “Lo que lamentamos profundamente es que hoy por hoy, 26 años después, aún no haya habido una reconstrucción del hecho”, dice. Para César, el paso del tiempo no resolvió la historia, sino que la dejó abierta: “Se dio la información, sí, pero después se miró para el costado”, sentencia. Para él no hay demasiadas dudas sobre el motivo del crimen. Está convencido de que su padre fue asesinado por ejercer la libertad de prensa.

La historia no se repite pero rima

Veinte años después del asesinato de su padre, César volvió a enfrentarse a una situación que guardaba muchas semejanzas con aquella historia. En 2020, compartió en la radio la investigación de una comisión investigadora de la Junta Departamental por presuntos desvíos de fondos públicos e irregularidades, esta vez vinculados con el entonces alcalde de Baltasar Brum, Juan Carlos Martinicorena.

Eran acusaciones similares a las que habían rodeado a Colombo antes del asesinato de Julio, y después comenzaron a circular rumores en el pueblo. Cuando se le pregunta si tiene miedo de seguir haciendo periodismo, responde: “El temor siempre está, no te voy a mentir”. Como si fuera poco, en las boletas con sobreprecios de la administración del exalcalde descubrió el nombre del supermercado El Gigante, que perteneció a Nery Colombo y que gerenciaba el hermano del exalcalde y sobrino del propio Colombo. “Pueblo chico, infierno grande”, repite César, resignado.

La comisión investigadora de la Junta Departamental, que había avanzado en el esclarecimiento de estas irregularidades, terminó desarticulada después de que su presidente, el edil Marcelo Silva, asumiera como director departamental de Tránsito. La investigación quedó archivada.

El Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública monitorea la libertad de expresión y prensa en Uruguay desde 2015 y publica informes anuales. Entre abril de 2025 y marzo de 2026, se contabilizaron 56 episodios de amenazas o restricciones al libre ejercicio de los periodistas. De los 56, 45 se registraron en Montevideo, mientras que el resto (11) se distribuyó entre Maldonado, Soriano y Tacuarembó (dos cada uno) y hubo un incidente por departamento en Canelones, Cerro Largo, Colonia, Lavalleja y Paysandú.

Caso emblemático

En 2024, el periodista artiguense Sergio Martínez llegó a Baltasar Brum para cubrir una inauguración. En un momento entró a la Radio del Centro para ir al baño y en las paredes encontró varias fotografías de Julio da Rosa y una placa de la APU en su homenaje.

Martínez conocía la historia. Cuando asesinaron a Da Rosa, él terminaba el liceo en Artigas. Dos años después, comenzó su formación como periodista. Con los años volvió varias veces a Baltasar Brum para cubrir distintos acontecimientos, pero aquella vez la historia dejó de ser un episodio conocido de su adolescencia y pasó a estar frente a él. Cuando salía del baño, se detuvo unos segundos frente a la placa. César da Rosa, que estaba allí, le dijo: “Ahí donde estás parado fue donde le pegaron el tiro a papá. Él salía del baño justamente cuando llegó el hombre”.

Homenaje que le hizo la Asociación de Radios del Interior, el 24 de marzo de 2000, un mes después de su muerte.

La frase le devolvió a Martínez una escena que había ocurrido casi dos décadas atrás. También reforzó una convicción que todavía sostiene: del asesinato de Julio da Rosa no se ha hablado lo suficiente. Martínez forma parte del Consejo Directivo Central de la APU y ocupa actualmente el cargo de presidente del sector Radio. Por eso, cuando comenzó a participar en las instancias de discusión para conformar la Mesa Constitutiva de Seguridad para Periodistas, planteó que el asesinato de Da Rosa fuera tomado como un caso emblemático.

Precarización y autocensura

En el interior, explica Martínez, las presiones no siempre llegan en forma de amenazas explícitas; muchas veces aparecen a través de vínculos económicos y laborales. El periodista trabaja en un mercado pequeño, donde las fuentes de financiamiento, los anunciantes, las autoridades y los propios medios suelen estar estrechamente relacionados. “El problema central es la autocensura por la precariedad económica del trabajo”, sentencia. Martínez conoce esa situación de primera mano. En 2015 ingresó como técnico en la Unidad de Comunicación de la intendencia bajo la administración de Pablo Caram. Paralelamente, continuó trabajando como corresponsal para distintos medios, en los que cubría, entre otros asuntos, el escándalo de las horas extra de esa administración departamental. Hasta que el año pasado, con la asunción de Emiliano Soravilla como intendente, fue despedido junto con otros 51 trabajadores. El motivo que se le dio fue una reestructura de la oficina.

Martínez, que era el único técnico profesional universitario y también el único que fue despedido de la unidad, siente que el hecho tiene relación directa con las coberturas que hizo de las irregularidades de la gestión anterior. Las presiones también pueden llegar desde el sector privado. “A mí me pasó de un comerciante que sacó la publicidad de mi página para no ver perjudicado su negocio porque pensaba que yo criticaba mucho al gobierno”, cuenta.

Solución interinstitucional

Una de las respuestas que se intenta construir desde la APU es la Mesa Constitutiva de Seguridad para Periodistas, un espacio interinstitucional que busca promover y proteger el libre ejercicio de la profesión. “En el mundo se ve cómo las violencias hacia los periodistas van en aumento”, enfatiza el presidente de la asociación. “El periodismo es una profesión que debe contar con ciertas garantías para poder ser ejercida”.

La propuesta surgió como un impulso que les otorgó un proyecto fallido de la Federación Internacional de Periodistas, que pretendía convocar una Convención Internacional sobre la Seguridad e Independencia de los Periodistas y otros Profesionales de los Medios. A partir de esto, la APU comenzó a charlar con representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre la posibilidad de una Mesa de Seguridad como proyecto nacional. Entonces, con la intención de “generar un ámbito interinstitucional donde se puedan recibir denuncias y consultas”, decidieron convocar a las instituciones que podían acompañar este proceso.

En 2024 se hizo el lanzamiento de la propuesta en el Palacio Legislativo con la participación de 11 instituciones, entre ellas, la Suprema Corte de Justicia, el Ministerio del Interior, la Unesco, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Institución Nacional de Derechos Humanos, la Universidad de la República y la APU. Frente a la pregunta de si las diferencias del ejercicio del periodismo en el interior son contempladas en la propuesta, Olivera cuenta que entre las ideas que se manejan está la creación de un fuero para periodistas. La propuesta estaría inspirada en las garantías que existen para otros actores públicos y buscaría establecer mayores garantías frente a procesos judiciales vinculados con el ejercicio de la profesión.

El 27 de agosto estaba prevista la segunda reunión en el Parlamento para el avance de la propuesta, pero se vio pospuesta por el fallecimiento de Ruben Rada. Finalmente, el encuentro se concretó el lunes. Olivera destacó la “gran receptividad y compromiso” expresado por las organizaciones presentes. No obstante, advirtió que la mesa todavía está en etapa de definir “hacia dónde vamos, qué queremos, marcar una hoja de ruta entre todos y empezar a trabajar”, y agregó que la intención es volver a reunirse en noviembre.

Sueño interrumpido

César da Rosa conserva de su padre la ética periodística: “Siempre decir la verdad y no ocultar los hechos”. Piensa que los periodistas son una herramienta para que la sociedad tome decisiones con la mayor cantidad de información. “La libertad de expresión tiene que prevalecer, nuestro trabajo de informar no tiene que ser cortado”, enfatiza.

Sobre cómo le gustaría que su padre fuese recordado, dice: “Fue una persona que amaba lo que hacía. No fue casualidad que sacara adelante un medio de comunicación. Tuvo la valentía de enfrentar un montón de adversidades y cumplió su sueño al tener la radio”. Siente que la canción “Aquel niño de la escoba”, de Los Iracundos, identifica a su padre. Es la historia de un niño que improvisa con un palo de escoba tocar la guitarra y después se convierte en un gran artista. “Su deseo fue bruscamente interrumpido por personas ambiciosas que le quitaron la posibilidad de disfrutarlo”, finaliza.

Primer premio edición 2026

Ismael Muller es licenciado en Comunicación con orientación en Periodismo por la Universidad de la República. Nació y vivió en Artigas hasta sus 18 años, cuando se mudó a Montevideo para comenzar sus estudios universitarios. Actualmente, está cursando una maestría en filosofía fuera del país. Su trabajo fue el primer premio del concurso para periodismo local Julio Castro, en su quinta edición.