“No podemos esperar siempre a que quienes se han alejado regresen por sí solos”, les dijo León XIV a los católicos este domingo en Florida durante la misa que presidió en la Fiesta Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres. El papa hizo un llamado a “transmitir la fe”, previo agradecimiento especial a las mujeres, que jugaron un papel fundamental, “generación tras generación”, para mantener la tradición católica de sus familias. Para los varones dejó mensajes sobre las prácticas religiosas, subrayándoles que “un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello”.
De todas partes vienen…
Todo ocurrió tal como había sido anunciado. León XIV llegó a Florida por la rotonda sur, pasó entre un cortejo de unos 200 jinetes a caballo y, luego de cruzar el río Santa Lucía Chico por el puente Piedra Alta, fue recibido por el obispo Alfonso Bauer, el intendente Carlos Enciso y una fila de otras autoridades –el presidente de la Junta Departamental, Cayetano Stopingi, registró el momento con sus lentes Ray-Ban Meta, y poco después su cuenta en Instagram ya tenía el reel de ocho segundos con el momento del saludo–.
Enciso lo declaró visitante ilustre, le entregó la distinción y le ofreció una serie de obsequios elaborados por artesanos locales. León XIV se subió al papamóvil y recorrió más de un kilómetro y medio saludando a los que se concentraron en las veredas, hasta internarse en la plaza Asamblea.
Ahí estaba la masa. La plaza, repleta, y, por dos de sus calles, gente que vivió el momento por pantalla gigante. Una hora antes, en esa misma plaza sonaba “Virgen india”, y no en la grabación de Jorge Cafrune y Marito, sino en vivo, por Duro ‘e Boca, como parte de lo que se había programado como actividad en el escenario para esperar el arribo del líder de la Iglesia católica.
El acceso del público a la plaza, incluso con la entrada asignada, exigía estar horas antes. En un caso extremo, dos mujeres –madre e hija– que llegaron a Florida desde Gualeguaychú (Entre Ríos, Argentina) dijeron a la diaria que pudieron instalarse cómodamente con sus sillas en la primera fila porque empezaron a hacer la cola de ingreso a la 1.00. “Yo fui a Paysandú”, cuenta la madre. “Yo no. Me quedé con las ganas y, entonces, me acompañó mi mamá. Sin dormir, se vino conmigo”, apunta la hija. Desde la primera fila, ambas ondearon una bandera argentina. También las hubo de Brasil y Paraguay.
Desde el escenario, Lopecito (Juan Carlos López), la floridense (de Cerro Colorado) Bettiana Solari y el padre Cholo –sacerdote gaucho, isabelino y salesiano– intercalaron arengas, rezos y presentaciones de artistas, e incluso el aviso de que entre los fieles estaban pasando voluntarios vendiendo números de una rifa para solventar los costos de organización.
El papa León XIV en Florida, el 8 de noviembre.
Foto: Ignacio Dotti
Cuando por la pantalla gigante se vio al papa llegando a Florida, el foco de atención pasó a ser el inminente arribo a la plaza. Y fue el clímax. Desde la calle, el papa saludando. Detrás de las vallas, miles de posibles escenas. Por ejemplo, una madre que llora desconsolada y abraza a su hijo –un niño de llevar en brazos– después de que, entre voluntario y escolta papal, hicieran un pasamanos para llevarlo y devolverlo. En el medio, León XIV llega a agarrarlo y le toca la cabeza dos veces mientras lo bendice. La madre llora; ríe llorando y abraza al niño. Atrás, el padre salta de felicidad con otro hijo en brazos. Alrededor, otros que también se ríen y que también lloran.
Poco antes, la mujer que viajó desde Gualeguaychú con su hija dijo que a ella la movía “la fe y saber que el sucesor de Pedro está acá, ante nosotros”. “El corazón me latía: pum, pum, pum, pum… Se me caían las lágrimas cuando lo vi, y hoy quiero verlo de vuelta y quiero acompañarla a ella”, cuenta. Sobre cómo vive la fe, la hija contesta: “Yo viví siempre la fe en mi familia, y ahora se la paso a mi hija”.
Reavivar la tradición
León XIV centró la misa en identificar la relevancia que la Virgen de los Treinta y Tres tiene para una Iglesia católica, que la considera patrona de Uruguay, y en motivar a los católicos a transmitir la fe de generación en generación.
“Esta pequeña imagen está vinculada a una hora decisiva de la historia de Uruguay. En 1825, quienes lucharon por la libertad de esta tierra, acudieron también a María para poner aquel comienzo bajo su protección”, dijo el papa, para quien “la historia de los pueblos no se comprende del todo cuando se prescinde de Dios”.
Foto: Ignacio Dotti
Si bien “desde las primeras horas de la patria Uruguay quedó íntimamente ligado a una madre”, hoy “han cambiado las circunstancias, incluso la relación de muchos uruguayos con la fe”, sostuvo. El papa resaltó el rol de las mujeres para mantener las tradiciones católicas en la familia: “Mientras María acompañaba la historia de este pueblo, en tantos hogares fueron otras mujeres las que conservaron la fe y la entregaron a sus hijos”.
León XIV dijo que la fe se ha transmitido “silenciosamente de generación en generación, dentro de las familias”. “Cuando uno se pregunta de dónde vino la fe que lleva adentro, muchas veces aparece el nombre de una mujer concreta: una madre, una abuela, una madrina, una religiosa, una catequista… A todas esas mujeres quisiera hoy darles las gracias. Gracias por haber creído, por haber mantenido abierto en tantas familias un camino hacia Dios”, expresó.
El mensaje con las mujeres como público objetivo lo inició con diferentes pasajes bíblicos y subrayó que “esta tierra tiene nombres de mujeres escritos en su historia de fe: Ana María Francisca Rubatto y las beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz. Son vidas muy distintas, pero en las tres encontramos una fidelidad llevada hasta el extremo”.
A madres y abuelas
En otro pasaje, León XIV dijo saber que hoy muchas mujeres “cargan una pena muy concreta: enseñaron a rezar a sus hijos, y hoy esos hijos ya no rezan; iban juntos a misa, y hace años que no entran en una iglesia; hablaron a sus nietos de Dios, y hoy no saben si aquellas palabras dejaron alguna huella. A veces se preguntan si hicieron algo mal, o si todo aquello terminó perdiéndose”. Les recordó que santa Mónica, quien “rezó durante años por un hijo que parecía cada vez más lejos de Dios, no dejó de confiar en la gracia. Por eso, no den por perdido aquello que sembraron. El Señor mismo nos enseñó que la semilla puede crecer sin que el sembrador sepa cómo”.
El papa les pidió a madres y abuelas que “no se cansen de transmitir la fe” y que “prediquen con sus vidas y también con sus palabras”. “Insistan en la oración, en el amor y en la esperanza. Insistan a tiempo y a destiempo. Háganlo con paciencia, sin dureza y sin desaliento. Aunque sus seres queridos parezcan lejos de Dios, sigan poniéndolos ante él. No dejen de bendecir, de acompañar, de recordarles con sencillez aquello que ustedes un día recibieron. Hay puertas que ustedes no pueden abrir, pero Dios sí”, afirmó.
Los varones, la familia
León XIV también envió un mensaje para padres y abuelos: “Sus hijos y nietos necesitan ver que la fe ocupa un lugar verdadero en la vida de los hombres de su familia. Imiten a san José, quien asumió la tarea de formar a Jesús, llevándolo al templo, enseñándole a trabajar de manera honesta y mostrándole que Dios debe ocupar el primer lugar en la vida de una persona. Queridos padres y abuelos, los jóvenes necesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos. Tratar con respeto a sus esposas, pedir perdón y vivir con honradez, también cuando hacerlo exige sacrificios. Un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello”.
El papa recordó cuando “Dios tenía lugar en la conversación, en las decisiones y en la vida diaria de la casa. Así aprendían sus hijos que la fe recibida de sus padres era también aquello por lo que sus padres vivían”.
En esto, dijo, “también los obispos, los sacerdotes y las personas consagradas están llamados a sostener a las familias en esta tarea, ejerciendo con generosidad su paternidad y su maternidad espiritual, acompañando a los que vacilan y ayudando a muchos a reencontrar el camino de Dios”.
Misa en Florida, el 8 de noviembre de 2026.
Foto: Gianni Schiaffarino
“Entrar de nuevo en las casas”
El llamado en general fue a “transmitir la fe”. “No podemos esperar siempre a que quienes se han alejado regresen por sí solos”, expresó León XIV en su última actividad pública en Uruguay.
“Uruguay, hay que ponerse en camino, hay que entrar de nuevo en las casas; hay que acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo”, dijo poco antes de depositar una rosa de oro frente a la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, “capitana y guía de este pueblo”. Le encomendó que “preserve al amado Uruguay” de todo aquello que “quiera apartarlo de Cristo”.
Al cierre de la misa y fiesta, León XIV habló, también, a modo de despedida de Uruguay. “El gozo ha ido aumentando en cada jornada. Lo que vivimos en Montevideo, en Paysandú y aquí en Florida se irradia al resto del país y del mundo. Así son las matemáticas de la fe…”.