A 20 años de la creación del Presupuesto Participativo, Montevideo vuelve a convocar a la ciudadanía a elegir iniciativas para los barrios y representantes para los Concejos Vecinales. Mientras la primera elección permite decidir sobre proyectos financiados por la intendencia, la segunda determina a los integrantes de espacios de representación y articulación de las demandas territoriales. Desde 2006 se concretaron cerca de 500 obras, comentó Claudio Visillac, director de la División Asesoría de Desarrollo Municipal y Participación de la Intendencia de Montevideo (IM), en diálogo con la diaria. Sin embargo, señaló que uno de los desafíos es lograr que la participación se sostenga durante todo el año y que las opiniones de los vecinos tengan incidencia efectiva en las políticas públicas.
El Presupuesto Participativo permite que organizaciones sociales y grupos de vecinos presenten iniciativas para mejorar sus barrios. Después de una evaluación técnica, las propuestas que cumplen con los requisitos pasan a una instancia de votación ciudadana. En esta edición se recibieron 935 propuestas y 318 fueron consideradas viables.
La diferencia entre ambas cifras responde a un proceso de evaluación que involucra a distintas áreas de la IM y a los municipios. Antes de llegar a la votación, se analiza la titularidad de los terrenos, las condiciones de ordenamiento territorial y posibles restricciones patrimoniales o arqueológicas, entre otros aspectos. Visillac señaló que se trata de un estudio exhaustivo para determinar si las iniciativas pueden llevarse adelante. En esta edición, algunos municipios tienen entre 24 y 25 propuestas para votar, mientras que otros llegan a 55.
Los proyectos abarcan mejoras en espacios públicos, clubes de baby fútbol, centros CAIF, iluminación, accesibilidad, equipamiento para centros de infancia y propuestas vinculadas al ambiente, como huertas. Para financiar las iniciativas seleccionadas, la comuna destinará 216 millones de pesos, unos 27 millones por municipio, explicó el jerarca.
El voto digital se habilitó el 26 de octubre y permite elegir hasta dos propuestas por municipio a través de la plataforma Montevideo Participa. Para ello se necesita un usuario gub.uy con identidad verificada. Una particularidad de esta modalidad es que se puede votar en cualquiera de los ocho municipios, sin necesidad de residir en el territorio elegido. Una vez finalizada la votación, se seleccionan seis iniciativas por municipio y se ejecutan las dos más votadas. La participación en línea también creció respecto del ciclo anterior: Visillac indicó que en 2023 votaron de forma virtual unas 7.900 personas y comentó que en esta edición ya se habían superado los 10.000 votos.
La instancia presencial será el domingo 8 de noviembre, de 9.00 a 18.00, en unos 400 locales habilitados en Montevideo. Para participar se necesita tener 16 años o más y presentar la cédula de identidad vigente. No hay un padrón que asigne un circuito específico, por lo que los vecinos pueden votar en el local que les quede más cerca. Allí podrán elegir hasta dos propuestas del Presupuesto Participativo correspondientes al municipio del local y votar por las candidaturas de su Concejo Vecinal.
Representación territorial y demandas barriales
Los Concejos Vecinales son espacios de participación y representación territorial que permiten a los vecinos plantear demandas, hacer seguimiento de asuntos barriales e intercambiar con la intendencia y los municipios. En esta elección se renovarán los 18 concejos para el período 2026-2028. Hay más de 350 candidaturas en competencia.
Visillac los definió como la “principal referencia territorial” de la intendencia y los municipios, por el conocimiento que aportan sobre la realidad de cada barrio. Sus integrantes pueden participar en las sesiones de los concejos municipales con voz, pero sin voto, hacer seguimiento de los asuntos que se discuten en esos ámbitos y organizarse en comisiones de trabajo.
En cuanto a su integración, expresó que “la cantidad de integrantes varía entre 15 y 40 personas. Cada concejo define su propia integración y es el Concejo Vecinal saliente el que establece las reglas para el período siguiente. La cantidad de candidaturas también incide en esa decisión. Por eso, al momento de votar, el número de personas que se puede elegir varía según el territorio: pueden ser de tres, cinco u ocho candidatos, entre otras posibilidades”.
Esa autonomía permite que los concejos adapten su funcionamiento a las características de los barrios. Algunos trabajan a través de comisiones y otros prefieren que todos los asuntos se discutan en el plenario. También varían sus agendas: hay espacios más enfocados en temas ambientales, otros en bienestar animal y otros en el deporte o el seguimiento de las concesiones municipales, para controlar que se cumplan las contraprestaciones acordadas.
Visillac puso como ejemplo lo que ocurre dentro del municipio E, donde conviven distintas realidades. Según describió, el Concejo Vecinal 6, que comprende Unión Sur, Malvín Norte y Malvín Alto, tiene entre sus preocupaciones el bienestar animal y situaciones como la presencia de caballos sueltos. En cambio, en el Concejo Vecinal 7, que abarca Malvín, Punta Gorda y parte del Buceo, los problemas vinculados al tránsito pueden tener mayor relevancia.
Además de trasladar inquietudes, sus integrantes se involucran en asuntos vinculados a propuestas deportivas, cursos barriales, escenarios populares y planes de ordenamiento territorial. Como ejemplo de esa articulación, Visillac mencionó los cambios en la recolección de residuos que la comuna comenzó a implementar desde el segundo semestre de 2025. Los concejales participaron en reuniones con el director de Desarrollo Ambiental, Leonardo Herou, y realizaron observaciones sobre las definiciones que se estaban tomando para adaptar el sistema a las características de cada barrio. Según el jerarca, esos aportes permitieron corregir o ajustar algunas orientaciones.
Los directores del gobierno departamental concurren a las reuniones de los concejos cuando son convocados, explicó Visillac, para informar sobre el trabajo en curso y recibir observaciones. El jerarca destacó el conocimiento que tienen los vecinos sobre los problemas de su entorno y la importancia de que cuenten con información suficiente para comprender las decisiones y participar en ellas. “Si el vecino asiste, opina, pero después no incide, eso termina siendo una participación testimonial”, sostuvo.
Los proyectos
Entre las obras concretadas a través del Presupuesto Participativo hay mejoras en clubes de básquetbol y baby fútbol, centros CAIF y plazas. También se llevaron a cabo intervenciones vinculadas a la accesibilidad, instalaciones de calistenia y mejoras en espacios utilizados por personas mayores.
En las semanas previas a la elección, la IM inauguró varias obras de ediciones anteriores. Visillac mencionó intervenciones en la policlínica del Buceo, en el CAIF 5 de Carrasco Norte y en el club de baby fútbol Don Bosco. También recordó los trabajos efectuados en el club Verde y Rojo, en el Cerro, donde se colocó un piso nuevo, se instaló un techo y se mejoró el ingreso. “El impacto de estas iniciativas no se limita a la organización que presenta el proyecto. Las mejoras pueden permitir extender los horarios de las actividades, mejorar la iluminación y la accesibilidad y generar nuevas instancias de encuentro para personas que antes no participaban de la vida de la institución”, puntualizó.
Uno de los principales desafíos de la herramienta está en el tiempo que transcurre entre la elección de una propuesta y su ejecución. Según explicó, las obras más rápidas se inauguran aproximadamente un año y medio después, mientras que las que más demoran pueden llegar a los cuatro años. “Reducir ese plazo es importante tanto por el costo de las obras como por la confianza de la ciudadanía”, resaltó.
El jerarca advirtió que las iniciativas presupuestadas en un período y ejecutadas varios años después pueden terminar costando más. También señaló que las demoras afectan las expectativas que se generan cuando los vecinos votan y se movilizan para conseguir apoyos para una propuesta. Por lo tanto, para acortar los plazos, la IM comenzó a introducir cambios desde la etapa de evaluación. La selección de 318 iniciativas entre las 935 presentadas fue, según Visillac, un primer paso para evitar que lleguen a la votación proyectos con dudas sobre aspectos necesarios para su implementación. Además, la administración prevé extender el uso de las llamadas “donaciones modales”, un mecanismo que permite trabajar junto con las organizaciones proponentes y realizar desembolsos de dinero a medida que avanza la obra. “La modalidad ya se había utilizado en ediciones anteriores, pero la intención es ampliar su aplicación entre las organizaciones que estén en condiciones de asumir ese trabajo”, aclaró.
Participar más allá de la votación
La participación ciudadana enfrenta el desafío de sostenerse más allá de los períodos electorales. Visillac consideró que actualmente está más fragmentada y dispersa en distintos canales y espacios. Hace 20 o 25 años, recordó, el Concejo Vecinal era el ámbito de referencia para buena parte de la participación barrial; hoy existen otras agendas y organizaciones que también reúnen a vecinos.
A su entender, el desafío es que esa participación trascienda las demandas individuales y promueva compromisos colectivos en asuntos que van más allá de la propia cuadra o del barrio inmediato, como los centros educativos, los espacios públicos y las instituciones comunitarias. En ese sentido, sostuvo que “es necesario sumar esfuerzos entre la institucionalidad y las organizaciones barriales”.
