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Daniela Lopes.

Foto: Alessandro Maradei

Activista uruguaya de la Flotilla Global Sumud dijo que se sintieron “totalmente abandonados” por el gobierno tras su liberación en Grecia

8 minutos de lectura
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“El estar en manos de tu país transmite calma, y fue lo que nosotros no tuvimos en ningún momento; fue una de las cosas que más nos decepcionaron”, expresó Daniela Lopes, de la Coordinación por Palestina.

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Daniela Lopes tiene 21 años y hace tres que forma parte de la Coordinación por Palestina. El 12 de abril, junto al dirigente sindical Jorge Vignolo, partió hacia Europa para embarcarse en una misión humanitaria que tiene como objetivo romper el bloqueo israelí en Palestina y abrir un corredor humanitario para ingresar suministros, a impulso de la Flotilla Global Sumud.

El 29 de abril, las embarcaciones donde viajaban Lopes –de bandera polaca– y Vignolo –de bandera italiana– fueron interceptadas por el ejército israelí en aguas internacionales, cerca de la isla griega de Creta, a casi 1.000 kilómetros de la costa palestina. En entrevista con la diaria, la activista repasó la misión, su importancia y la “inacción”, que denunciaron el lunes, del gobierno uruguayo tras su liberación en Grecia.

¿Por qué decidiste embarcarte en la misión?

Creo que tengo un deber muy importante, moral y humano, de difundir y denunciar lo que pasa en Palestina, tanto como en otros países oprimidos. Pero Palestina me llega muchísimo a nivel moral y sentí la necesidad humanista de formar parte de la flotilla y, al integrar la delegación uruguaya –como joven, como estudiante, como trabajadora y militante, como cualquier persona común y corriente– poder formar parte de la flotilla me parece clave. Por eso la participación.

¿Creés que este tipo de acción sirve para cambiar la percepción sobre el tema?

Yo creo que sí. La flotilla se centra en el humanismo, es una misión pacífica y no violenta, y es lo que queremos demostrar. Sí queremos una Palestina libre, no queremos violencia y queremos paz. Creemos que se cambia mucho el relato, que la gente quizá se da cuenta del relato que se vendía desde, por ejemplo, Israel o desde medios sionistas, que se da cuenta de que no es así. A mí personalmente me ha pasado que compañeros, al verse identificados con uruguayos en la flotilla, empezaron a cuestionarse ciertos pensamientos que tenían sobre Palestina e Israel, cambiaron su forma de pensar y también se han vuelto militantes de la causa por ver este tipo de acciones.

La interceptación en aguas internacionales

Lopes dice que hasta hoy, ni ella ni Vignolo entienden qué pasó en el momento en que los interceptaron. Cuando se produjo la detención, 58 barcos se dirigían a Turquía. Pasaron tres días desde que salieron de Italia, y estaban a 40 kilómetros de Grecia. Narró que comenzaron a darse cuenta de que los iban a interceptar cuando observaron que había “movimientos raros” de lanchas que no estaban identificadas y que no aparecían en los radares.

Sobre las 18.00 del miércoles 29 de abril, las radios de los barcos fueron interceptadas y llegaron alarmas y mensajes que indicaban que se trataba del ejército israelí. “Nos decían: ‘Somos el ejército israelí, vamos a detenerlos e interceptarlos’”, recordó, y agregó que alrededor de las 19.00 perdieron comunicación con el barco madre de la flotilla.

Al barco madre se sumaron otros que dejaron de aparecer en el radar, por lo que desde la embarcación de Lopes asumieron que habían sido interceptados; el de ella fue el último, entre la 1.30 y las 2.00. En total, fueron interceptados 22 barcos, en los que había 180 activistas.

“Nosotros estábamos mirando con binoculares cómo una lancha se acercó a barcos cercanos, les tiró bombas de estruendo y de humo; [sus tripulantes] subieron al barco, rompieron el sistema de comunicación, el radar, el GPS, el motor, la vela y lo dejaron a la deriva”, detalló. Luego, el capitán del barco de Lopes se dio cuenta de que su embarcación iba a ser interceptada: “Fueron cinco minutos entre que la lancha que estaba en ese barco llegó al nuestro y se subió la fuerza de ocupación; eran cinco soldados y un perro”.

Luego de hacerlos pasar a la proa del barco para hacerles un “chequeo”, quienes estaban en el barco fueron trasladados a las lanchas para llevarlos al “buque cárcel”, que se utiliza para transportar vehículos y le instalaron cinco contenedores “para hacer un rectángulo con alambre de púas”. Una vez que les sacaron sus posesiones y los pasaportes, les preguntaron quiénes eran, por qué estaban ahí y de dónde procedían. “Después de eso, nos ponen de rodillas en posiciones que no te podías mover; si te movías o levantabas la cabeza, te gritaban o te golpeaban”.

Lopes contó que en ese lapso se llevaron a algunos activistas, entre ellos, al español de origen palestino Saif Abu Keshek, y dejaron en el buque al activista brasileño Thiago Ávila. Cuando sucedió eso, les llevaron comida y agua “que no eran suficientes para 180 personas”. En ese momento hicieron una asamblea y decidieron “tomar acción” por los activistas a los que se habían llevado: comenzaron una huelga de hambre.

Al ver que habían pasado 12 horas y aún no tenían señales de que los activistas que se habían llevado estaban bien, empezaron a “aplaudir, golpear las manos y decir ‘queremos ver a nuestros compañeros, liberen a nuestros compañeros’”; los reclamos también eran por medicamentos, entre ellos un inhalador para Vignolo, que es asmático. Sin embargo, Lopes dijo que no les hicieron caso.

Lopes contó que, si percibían que estaban durmiendo, tiraban bombas de estruendo, tiraban agua en la cubierta y les golpeaban el contenedor para no dejarlos descansar. Más tarde, los activistas les dijeron a las fuerzas israelíes que no cooperarían con ellos “hasta no ver” a sus compañeros. “Nos sentamos todos en el piso y decíamos nuevamente ‘liberen a nuestros compañeros’”.

“Es entonces cuando ellos empiezan a agarrar a los compañeros de forma violenta, empiezan a arrastrarlos; el primero fue Thiago. Cuando ven que no se para por su voluntad, lo arrastran, lo llevan a la puerta, lo golpean, pierde la conciencia, y desde entonces no lo vimos más”, narró. En este punto, la situación se tornó más violenta, según cuenta la activista, ya que comenzaron a sacarlos “uno a uno” con golpes y al capitán de su barco le dispararon balas de goma en las piernas.

“Si nosotros vivimos eso, que tuvimos todas las cámaras encima, estaba todo el mundo mirándonos, todo el foco mediático, que sabían que había 180 activistas secuestrados, ¿qué vivirá el pueblo palestino? Nosotros realmente vivimos tortura física y psicológica muy grande en esas pocas horas que estuvimos en la cárcel”, reflexionó. Afirmó que le sorprendió “la tortura psicológica que utilizan, la forma en que te acosan, que a cada rato están gritándote o busquen sonidos para que, de alguna forma, te vuelvas violento”.

Luego de unas dos o tres horas, los trasladaron a distintas lanchas, que en un primer momento se desconocía que pertenecían a las autoridades griegas. “Cuando les preguntamos ‘quiénes son ustedes’, nos respondieron: ‘Nosotros somos autoridades de Grecia, estamos para protegerlos’”. “Nosotros, entre la impotencia y la rabia, les gritábamos: ‘Free Palestine’ a los soldados, y las autoridades griegas nos decían: ‘Quédense tranquilos, bajen el tono, no griten, los queremos proteger a ustedes’”.

La lancha los llevó al puerto en Creta. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que “estaba todo planificado”. “Cuando miramos hacia la costa, adonde nos estaban llevando, vimos que había tres ómnibus esperándonos, una ambulancia, patrulleros y policías armados”.

En cuanto a los pasaportes que les fueron retirados, la activista dijo que las autoridades griegas los “recibieron” en una caja que les entregaron las fuerzas israelíes. “Nosotros les decíamos ‘queremos nuestros pasaportes’, ellos nos decían ‘no les podemos dar los pasaportes’. Les preguntamos si estábamos detenidos y nos dijeron que no. ‘¿Por qué no nos dan los pasaportes, entonces?’, les preguntamos, y respondieron: ‘Porque los estamos protegiendo’”.

Ante la insistencia de que les devolvieran los pasaportes, las autoridades accedieron, pero después de una hora solo entregaron un documento porque, “según ellos, era difícil comprobar nuestra identidad y nos dijeron que eso podía llevar hasta 12 horas”.

Después de pedir que les llevaran medicamentos y agua para calmar los dolores de algunos activistas que presentaron traumatismos, heridas y pérdida de conciencia, comenzó el traslado hacia el aeropuerto de Creta. De todas formas, Lopes dijo que no los llevaron a ese lugar, sino que los dejaron en una estación de servicio a siete kilómetros del aeropuerto, desde donde debieron caminar.

Cuando llegaron al aeropuerto, Lopes y Vignolo vieron que había una mesa donde estaban los pasaportes y que había representantes de las embajadas de España, Italia y Brasil, pero no de Uruguay. “Entendíamos que Argentina no iba a estar por su gobierno, pero esperábamos que Uruguay sí y esperábamos poder ayudar a nuestros compañeros argentinos desde nuestra embajada. No fue así. Estábamos solos, sin celular, sin comida, sin agua, sin ropa: nos habían robado todo”.

Integrantes del Partido Comunista de Grecia se pusieron en contacto con ellos, los llevaron a su casa en la ciudad europea y les dieron comida. Una vez allí, se pusieron en contacto con la organización uruguaya de la Global Sumud y con el PIT-CNT. “Ellos nos comentaban que el gobierno uruguayo ya estaba al tanto de lo que había pasado. Llamamos a la embajada uruguaya en Grecia y pudimos lograr la gestión de salir de Grecia a Barcelona por intermedio de ellos”.

A diferencia de lo que ocurrió en Grecia, en Barcelona sí los recibió un funcionario del consulado en el aeropuerto. Estuvieron en custodia consular y les dieron comida, agua y ropa. Desde Barcelona viajaron a Madrid, y desde allí a Montevideo.

“Nos decepcionó” el gobierno uruguayo

A su regreso, mantuvieron una reunión con el canciller Mario Lubetkin. ¿Qué plantearon y qué se les planteó?

Nosotros fuimos convocados por el canciller el miércoles de la semana pasada. Lo que quería saber era lo que vivimos, lo que atravesamos; le comentamos todo. Nos preguntó qué fallo tuvo el Estado uruguayo, porque él creía que había funcionado todo de manera perfecta. Nosotros le comentamos las maneras de inacción del Estado uruguayo. Le dejamos en claro que hasta ese momento también había otra compañera embarcada [Ana Zugarramurdi], que era necesario prestar atención. Él siempre remarcó que el Estado había trabajado muy bien a nivel de nuestro retorno. Me parece importante mencionar que el Estado uruguayo en ningún momento pidió reporte ni a Israel ni a Grecia sobre por qué nos tenían detenidos.

¿Cómo saben eso?

Porque los estados cuando tienen detenida a una persona tienen 24 horas para avisar que un ciudadano uruguayo de otra parte del mundo está detenido en ese país. Israel no hizo informe a ningún país y Grecia no hizo informe a ningún país. El Estado uruguayo decidió no pedir ese informe, que fue algo que nosotros reclamamos. Mucho de lo que el Estado uruguayo sabía sobre nuestras circunstancias no era porque hubiera consultado o hecho averiguaciones, sino porque nuestros compañeros estaban en contacto con compañeros de la flotilla. El Estado no hubiese sabido un montón de información si no fuera por los compañeros que estaban realmente desde el momento uno, trabajando y monitoreando todo.

Tendrían que haberse puesto en contacto con nosotros y no fue así. En Grecia, cuando bajamos en el puerto, estaba el consejero de Relaciones Exteriores de Grecia, pero no habló con ninguno de nosotros en ningún momento.

¿Los decepcionaron las acciones del gobierno uruguayo?

Sí, sin dudas. Sobre todo, por sentirnos totalmente abandonados en Grecia. El estar en manos de tu país, tu gobierno, transmite calma, y fue lo que nosotros no tuvimos en ningún momento; esa fue una de las cosas que más nos decepcionaron.

¿Hay intención de iniciar alguna acción internacional, entre los países que participaron, por lo que vivieron durante su detención?

En el movimiento Global Sumud se está hablando de eso. En este momento no consideramos una prioridad porque la misión sigue y tenemos compañeros embarcados, pero sí se está pensando en esa posibilidad. Hace poco, hubo un congreso de la flotilla en Bruselas, donde participaron figuras conocidas, como Francesca Albanese, por las Naciones Unidas. Allí se planteó: “¿Cómo se puede seguir a este nivel de las cosas que han sucedido?”. Se está pensando, a nivel global, generar algún tipo de acción contra todo lo que pasó.

Cuando se supo de la detención, hubo una movilización en Montevideo en la que se pedía que el gobierno uruguayo actuara para que los liberaran. ¿Cómo recibieron esto?

Cuando llegamos el viernes a la casa de los compañeros griegos, la compañera me prestó la computadora y cuando, con Jorge, entramos en redes y vimos la concentración nos transmitió realmente una sonrisa de lado a lado de la cara, la emoción de ver tantos compañeros. Que la gente que no está en ninguna organización se haya movido y movilizado por eso, que le llegue la causa, para nosotros como participantes de la flotilla es un orgullo. Ver gente que de alguna forma se siente identificada con la causa de Palestina y que siente que tiene que tomar acción nos parece fundamental. Para nosotros, desde Grecia, después de ver lo que vimos, fue realmente una emoción ver a nuestro país movilizado.

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