A un año del fallecimiento del expresidente José Mujica, el politólogo Óscar Bottinelli narró que se conocieron en 1987 en el estadio Platense, enmarcado en un acto para ir a un referéndum contra la ley de caducidad.
“Qué actor que es este, qué condiciones que tiene”, escuchó Bottinelli de Jorge Luis Ornstein –sentado a su lado, en ese entonces presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Frente Amplio– cuando Mujica, en aquel tiempo “un dirigente más”, subió al estrado y tomó la palabra, agregó en diálogo con la diaria Radio.
Desde entonces, a raíz del vínculo que desarrollaron, dijo que con Mujica “era difícil hablar porque era muy llano, pero, por otro lado, la forma de expresarse era un pensamiento no cartesiano”, lo opuesto a “una lógica donde vas siguiendo el tema con subtemas y sub-subtemas”. “Pepe era una explosión de ideas que iban y venían. Rara vez tenía una frase entera. La cortaba, hacía gestos, y uno terminaba interpretando la frase por el gesto”, acotó. Sin embargo, resultaba “muy interesante” porque tenía “una visión muy profunda del mundo y no era el político que está hablando del acontecimiento del momento”, con una “gran reflexión sobre el futuro de la humanidad y del país” en sus últimos tiempos.
Le adjudicó una gran preocupación por el ambiente, la pobreza y reparó en otras “últimas dos señales”. En su último discurso público en la plaza 1° de Mayo “hace un énfasis muy grande” y “cierra” con “el tema crecimiento”, algo que conectó con la llamada Concertación para el Crecimiento de 2002, en la que participó junto con un grupo de productores rurales: “Ahí Mujica venía en un tejido entre intendentes –sobre todo blancos–, dirigentes rurales –ganaderos ‘ahorcados’, arroceros, granjeros, lecheros–, y la idea de él, decía en aquel momento, era buscar una gran concertación para lograr el crecimiento del país de todo lo que apunte, en aquel momento hacía mucho hincapié, en un trabajo nacional”, reconstruyó.
La otra señal estuvo representada por su relación con el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que la calificó como “de profundo entendimiento político y gran cariño personal”. Reparó en la última fotografía que los capturó juntos y dijo que “veía un camino –luego la política exterior tiene sus vaivenes y el mundo cambió– en el que el gobierno uruguayo con fuerte presencia de su herencia iba a estar en un fuerte eje con Lula”, indicó.
Destacó “el fenómeno Mujica”. Recordó que, durante un viaje en 2014 a un seminario en el que una veintena de cientistas políticos se reunieron en Marrakech, al momento de pasar a exponer, sus colegas señalaron el “complicado y original” sistema electoral uruguayo, pero le pidieron hablar sobre el expresidente. Tiempo después, en Italia, la dueña de una tienda de bordados en un pueblo turístico toscano descubrió su nacionalidad y comenzó a “hablar sin parar” sobre Mujica. Algo similar ocurrió en Japón, cuando visitó el país “un mes y medio antes de que fuera Mujica”, y no logró desplegar la agenda temática que había preparado para la visita “casi en ningún lado”, porque en universidades y centros de investigación “el tema era Mujica”.
“Uno encontraba una cosa impresionante en lo que fue ese conocimiento de Uruguay que generó Mujica”, valoró. En sus palabras, en el país existió un período comprendido desde “el desempeño de la selección uruguaya en Sudáfrica hasta el auge de Mujica, en el que no tenía que explicar dónde era Uruguay”, pero “antes y ahora otra vez uno tiene que ir con el mapa”. Sin embargo, no estuvo exento de contradicciones: en su discurso hacia los jóvenes exhortó a que estudien, pero “por otro lado protestar contra lo que él llamaba ‘las chapas doradas’”, que los profesionales incrustaban en sus puertas. “Jugaba entre el hablar despectivamente de ‘las chapas doradas’ y decir ‘hay que estudiar, el futuro es el estudio’”, sostuvo.
Las “etapas” de Mujica
Consultado sobre si en el transcurso de su vida Mujica se moderó, Bottinelli se declaró “contrario a los ejes únicos”. “Lo que es claro es que ha cambiado la propuesta revolucionaria del origen –sobre todo, más que del origen herrerista, estoy hablando ya del período más de Unión Popular en adelante, de hacer una revolución contra el gran capital y las multinacionales– hacia una línea un poco más amplia y comprensiva, que yo diría que empieza a trazarse con la Concertación para el Crecimiento en 2002”.
Esa idea era la de “buscar la inclusión y no la confrontación”. En suma, resulta “completamente distinto en algunos elementos”, pero si eso “es más moderado o no es otra discusión”. “El tema de la pobreza y del combate a la pobreza era una cosa central en el pensamiento de Mujica que está presente en este discurso final”, subrayó. Además, en sus últimos años incorporó “la preocupación por el planeta”, que fue “el gran éxito y la gran ovación a Mujica en Río de Janeiro”.
“La primera etapa de Mujica es como joven herrerista, en la lista 41, que es la que encabezaba Enrique Erro”, puntualizó. Dijo que estuvo marcada por el “nacionalismo popular” e indicó que una figura influyente en su pensamiento fue Leonel Brizola, exlíder del Partido Trabalhista Brasileño y exgobernador tanto de Rio Grande do Sul como de Río de Janeiro, porque era uno “de los grandes pensadores sobre el nacionalismo popular”.
Luego pasó a formar la Unión Popular para las elecciones de 1962. “Por ahí viene, en el 62-67, la etapa de surgimiento, sobre todo en América Latina, de los grandes movimientos de lucha armada, que en ese momento el gobierno de Cuba y Fidel Castro aparece claramente en esa línea”, precisó. Lo anterior, junto con la aparición del coordinador revolucionario que “hace el primer acto más emblemático que es el robo de la Sociedad Tiro Suizo” y la formación del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, conforman una segunda etapa de su vida.
En tercer lugar aparece la etapa como “preso político especial”, con el que tuvieron un trato “extremadamente duro”. Señaló como “muy importante” el discurso “sin rencor” con el que salen al recuperar la libertad, en marzo de 1985: “El lenguaje de ellos, el discurso y la gestualidad, es sin rencores, que fue una cosa muy importante para lo que habían padecido”. Mientras el escritor Mauricio Rosencof “lo vuelca en su literatura”, Mujica “hablaba muy poco”.
“Es muy importante lo que significó como vida dura, superación de los límites a los que puede ser llevado un ser humano y superar eso. La primera superación es tratar de mantener la cordura”, acotó. Dijo que durante esa etapa, cuando se lo permitieron, “leyó muchísimo” y “absorbía todo”, por lo que fue “muy enriquecedor para él los espacios que pudo tener de lectura en la cárcel”.
Finalmente, transcurrió la etapa política, también con sus distintos momentos. Por parte del MLN hubo “una propuesta en la que el propio Mujica participa, muy polémica, y que es alternativa al Frente Amplio”, representada por “la creación del Frente Grande”, elemento “que impacta mucho” en el primer congreso del FA. Tras su incorporación al partido, el MLN mantiene “una línea todavía un poco reticente a lo electoral”, y cuando forma el Movimiento de Participación Popular, con otras facciones de izquierda y figuras independientes, “no quiere tener ningún nombre de candidato” y es en la elección de 1994 cuando irrumpe “Mujica diputado, Fernández Huidobro de senador suplente, y ya aparece Lucía y aparece Bonomi”.