El Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) anunciaron los precios de los combustibles para octubre. El Poder Ejecutivo resolvió aumentar un 2% el precio de la nafta –lo que equivale a 1,8 pesos adicionales por litro– y un 7% el del gasoil, correspondiente a 4 pesos más por cada litro, mientras que se mantendrá sin cambios el precio del supergás. De esta manera, los precios máximos que regirán a partir del 1° de octubre serán de 90,45 pesos por litro para la nafta súper, 62,79 pesos por litro para el gasoil 50S y 93,56 pesos por kilogramo para el supergás (GLP).
El gobierno reparó en que estos precios se encuentran por debajo de la referencia internacional y aseguró que con la decisión continúa con su “estrategia de amortiguación” frente a la “volatilidad” de los mercados internacionales. De haberse seguido lo que marca esa referencia, se tendrían que haber aplicado subas de 5,5% y 37% para la nafta y el gasoil, respectivamente, lo que implica una diferencia de 3,5 y 30 puntos porcentuales, en ese mismo orden, respecto de lo que finalmente se decidió.
La metodología de fijación de precios toma como referencia internacional el Precio de Paridad de Importación (PPI) que la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea) informa todos los meses, aunque también prevé que no se aplique en situaciones excepcionales “como la configurada actualmente desde el inicio de la guerra” en Irán. Este mes, el informe de la Ursea recomendó la suba de los precios de venta de todos los combustibles, pero el gobierno resolvió un ajuste por debajo de esos valores.
“La decisión se enmarca en la estrategia adoptada desde abril para amortiguar en el mercado interno las variaciones provocadas por los precios internacionales de petróleo y derivados, originadas por el conflicto en Medio Oriente”, indicó el comunicado en relación con la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que compromete la circulación marítima por el estrecho de Ormuz, al tiempo que también afloran posibles amenazas sobre el de Bab el-Mandeb. Frente a ese panorama, mientras los precios de referencia se ubican incluso “por encima de los valores registrados al inicio de la guerra”, existen “tensiones en la oferta del gasoil” y el precio del petróleo está “consolidado por encima de los 90 dólares por barril”, el gobierno definió “no trasladar íntegramente esas variaciones al mercado local”, sino hacer ajustes “graduales” para intentar dar estabilidad a los consumidores.
Para setiembre, aunque la Ursea también recomendó incrementos, el Poder Ejecutivo definió mantener sin cambios los precios de los combustibles, y lo mismo había ocurrido en agosto. En este caso, según explicó el gobierno, la decisión de aumentar los precios responde al “análisis de los escenarios de precios internacionales de corto plazo y de la proyección de la caja de Ancap para los próximos seis meses, que muestran la necesidad de un ajuste al alza, aunque significativamente menor al que indican las referencias internacionales”. Asimismo, afirmaron que “la capacidad de refinación de Ancap permite sostener esta amortiguación”.