Durante casi dos años, una docena de bicicletas eléctricas permanecieron estacionadas en el Parque Gran Bretaña y en el Centro Unificado de Información Turística en la Plaza Internacional. Acumulaban polvo y estaban expuestas al deterioro. Las había adquirido la Intendencia Departamental de Rivera a través de un programa del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) que promueve un sistema público de bicicletas eléctricas para incentivar el turismo y la eficiencia energética .
La idea original era que estas bicicletas que llegaron a Rivera fueran utilizadas durante todo el año por turistas, pero terminaron siendo empleadas puntualmente por guías del Centro Integrado de Turismo y por visitantes del Parque Gran Bretaña durante el verano. En síntesis, el proyecto no logró generar un flujo continuo de uso.
La historia cambió cuando un funcionario de la División Turismo que antes había trabajado en la residencia estudiantil, notó la inactividad del equipamiento y decidió tender un puente. Una llamada telefónica al director de Hogares Estudiantiles activó las gestiones y desde la Dirección General de Promoción y Acción Social se encargaron de rescatar los birrodados. Tras las primeras pruebas en el predio, seis bicicletas se integraron a la dinámica diaria del Hogar Estudiantil de Rivera, donde actualmente residen 96 jóvenes provenientes del interior del departamento y de otros puntos del país.
Cuestión de tiempo, pedaleo y seguridad
La llegada de los vehículos eléctricos resolvió un problema crítico para jóvenes que viven en la residencia estudiantil. la diaria habló con algunos de ellos y contaron que la asistencia a clases en turnos nocturnos o en horarios en los que el transporte colectivo de pasajeros ya no presta servicio, se había transformado en un problema.
“Muchos estudiantes tenían que caminar trayectos muy largos. Esta solución acorta tiempos y distancias de manera sustancial”, explicó el director de Hogares Estudiantiles de Rivera, Kenny Núñez.
Aunque cuentan con un motor de asistencia eléctrica que acelera los desplazamientos y reduce el cansancio físico tras largas jornadas de estudio, el pedaleo inicial sigue siendo imprescindible para ponerlas en marcha, un detalle que los chiquilines han adoptado con entusiasmo, tomándolo como un tiempo dedicado al ejercicio físico.
Para garantizar el cuidado de la flota, las autoridades del hogar estudiantil diseñaron un protocolo riguroso de uso y seguridad: cada salida queda registrada en una planilla con el número de bicicleta y el nombre del estudiante responsable. Además, el equipamiento exige el uso obligatorio de casco y chaleco reflectivo. En la residencia ya se instalaron dos puntos de carga que funcionan a pleno rendimiento de lunes a viernes.
Desde la División Turismo reconocen que si bien este no era el destino original trazado en el proyecto presentado al MIEM, la reasignación permitió darle un fin positivo y de utilidad comunitaria a un recurso público que corría riesgo de quedar inutilizable.
Dado el éxito de la experiencia, las autoridades evaluarán al finalizar el año lectivo si será necesario ampliar la flota de cara a 2027.