En los últimos días, un nuevo episodio de violencia en el servicio de urgencias del Hospital Departamental de Rivera encendió las luces de alarma entre los gestores y el sindicato, poniendo sobre la mesa un problema complejo que combina una demanda masiva, obras edilicias y la convivencia diaria en la sala de espera.
El hecho más reciente que llamó la atención de las autoridades ocurrió cuando una usuaria, visiblemente descompensada tras una larga espera, reaccionó de forma hostil, ofendiendo y amenazando a un guardia de seguridad. Este episodio motivó un enérgico pronunciamiento del sindicato de salud pública, que exhortó a la población a erradicar las agresiones, tanto verbales como físicas, hacia los trabajadores. Casos anteriores llegaron a la violencia física.
Alta demanda y el trasfondo de las demoras
Las puertas de emergencia de los centros de salud suelen ser el termómetro más fiel y a menudo el más tenso de la realidad sanitaria local.
Para comprender la magnitud de la presión que soporta el centro asistencial, los números son elocuentes. El hospital brinda cobertura a un universo total de aproximadamente 75.000 usuarios de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). La puerta de emergencia atiende un promedio diario de entre 240 y 260 pacientes, registrando picos de demanda que alcanzan hasta los 400 usuarios por día. Debido a este volúmen de consultas, las autoridades de ASSE la consideran una de las emergencias más grandes y concurridas del país, situando su actividad a la par de los grandes centros de Montevideo.
Para absorber esta presión asistencial, la infraestructura del sector cuenta con 18 camas de internación (incluyendo dos salas de aislamiento), 12 sillones destinados a inhaloterapia y salas de reanimación independientes para pacientes pediátricos y adultos.
A este alto volúmen cotidiano se le añade un factor de tensión adicional: las obras que se ejecutan en el edificio, que generan inevitablemente molestias en el funcionamiento de los servicios de quienes concurren a atenderse.
Consultados sobre la situación vivida días pasados, cuando se registraron demoras y malestar en la sala de espera, los gestores del hospital explicaron a la diaria que los equipos médicos se encontraban abocados a la atención simultánea de pacientes graves y politraumatizados. A ello se sumó la compleja coordinación de traslados y la asistencia de urgencia a una usuaria que presentó una reacción alérgica severa tras la picadura de un enjambre, situaciones límite pero habituales en la dinámica de una emergencia.
Ante el cuestionamiento de los pacientes por la falta de avisos en la sala de espera durante esos días, las autoridades aclararon que el personal disponible era reducido por tratarse de una jornada dominical.
Frente a situaciones de insatisfacción o discrepancias con la atención, Carlos Cabrera, presidente del sindicato, hizo un llamado enfático a utilizar los mecanismos institucionales correspondientes. El dirigente pidió a los usuarios que canalicen sus reclamos a través de la oficina de atención al usuario del hospital, donde se gestionarán las denuncias y se ofrecerá una devolución formal al denunciante.
Cabrera subrayó que cada presentación da lugar a una investigación administrativa rigurosa y advirtió que, de comprobarse irregularidades o faltas, “no temblará el pulso” a la hora de aplicar medidas disciplinarias. En esa línea, aseguró que ya se han sancionado funcionarios cuando ha correspondido, del mismo modo en que se procura dar respuesta a los planteos de los usuarios.