En el Club Huracán, las sillas plásticas no tardaron en ocuparse. No hubo grandes convocatorias mediáticas; sin embargo, la chispa la encendió la propia vecindad. Ante el avance silencioso del consumo problemático de sustancias, fueron las mujeres, las madres y los vecinos quienes decidieron sacudirse la indiferencia y golpear las puertas del Estado.
Ante el planteo y bajo el paraguas de la iniciativa nacional Tu barrio se mueve, impulsada por la Junta Nacional de Drogas, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) coordinó un desembarco territorial que transformó una esquina de Rivera en un espacio de escucha comunitaria. Marta Diniz, directora regional del Mides, ratificó el pulso de la actividad, concebida estrictamente desde la base social.
En el encuentro tomó la palabra Gabriela Porley Martínez, referente técnica regional de la Secretaría Nacional de Drogas, y puso el foco en que la mayoría de las asistentes eran mujeres. “Las mujeres son las principales cuidadoras, los sostenes familiares y las primeras en buscar respuestas”, recordó Porley, subrayando el doloroso tránsito de quienes cuidan, acompañan y, con frecuencia, cargan con el estigma de la culpa.
En los talleres, basados estrictamente en evidencia científica, se desmitificaron conceptos sobre el consumo de sustancias lícitas en los espacios de socialización como el alcohol, entregando herramientas prácticas y pautas claras sobre riesgos.
Uno de los espacios donde acudir es el Centro Ciudadela Rivera, que opera como un dispositivo diurno de lunes a viernes con tratamientos gratuitos, confidenciales y de asistencia psicosocial, derivando de manera oportuna a Tacuarembó cuando la internación se vuelve imperativa.
Julio Piastre, coordinador de los Centros MEC Rivera, observaba la dinámica con la convicción de que la descentralización no es un eslogan. “Cuando los vecinos convocan, el Estado debe estar presente”, sentenció Piastre, destacando cómo la planificación presupuestal y de trabajo debe moldearse en función de las demandas reales de la sociedad, desde talleres y formadores hasta acompañamiento estudiantil para los hijos.
Al caer la noche sobre el club, entre mates y apuntes compartidos, Porley animó a que continúe la organización social: “El consumo problemático no se combate desde el aislamiento de una oficina, sino tejiendo, hilo por hilo, esa trama comunitaria donde nadie camina en soledad”.
Tal como señalaban los referentes locales, los centros institucionales no funcionan por sí solos si no existe un tejido social previo. Las mujeres, madres y referentes barriales actúan como el primer eslabón de detección y contención.
