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Rivera Sociedad
Campaña electoral en Livramento, el 30 de setiembre. · Foto: Margarita Silva

Campaña electoral en Livramento, el 30 de setiembre.

Foto: Margarita Silva

“Doble chapa”: cómo se viven las elecciones de Brasil en la frontera Rivera-Livramento

La frontera espera los resultados del domingo con cautela, pero asumiendo que los impactos son más relevante que para otras zonas del Uruguay.

Este domingo 4 será la primera vueta en Brasil: se definen los máximos cargos del Poder Ejecutivo y se renovará gran parte del poder legislativo (senadores, diputados federales, diputados estaduales) y los gobernadores. En caso de que sea necesario, habrá un balotaje el 25 de octubre.

En un creciente clima de polarización política, el clima electoral impacta fuertemente en la realidad de Rivera, ciudad gemela junto a Sant’Ana do Livramento. La región fronteriza no vive la jornada como cualquier otra noticia internacional; se asume que el resultado impactará de alguna manera sobre el entramado social y económico local.

En la línea limítrofe, la suerte electoral genera expectativas e incertidumbres económicas inmediatas. La paridad cambiaria entre el peso uruguayo, el dólar y el real condiciona de forma directa el flujo de compradores: un Brasil sacudido por la disputa electoral y la volatilidad monetaria altera de manera casi instantánea el movimiento comercial, tanto en las calles céntricas de Rivera como en el sector de free shops.

En este contexto de interdependencia económica, los medios locales y los partidos políticos en Rivera trazan una línea clara de separación. Mientras la cobertura periodística riverense se concentra de forma casi exclusiva en asuntos de impacto tangible (comercio, tránsito, seguridad y control del contrabando), los partidos políticos tradicionales y el Frente Amplio estructuran su accionar exclusivamente en torno a la agenda doméstica uruguaya.

Por estricto respeto a la soberanía institucional, la dinámica proselitista de Livramento opera en su propio circuito, disociada por completo de la estructura partidaria uruguaya.

Identidad compartida: la cultura “doble chapa”

Ese aislamiento formal de los partidos contrasta fuertemente con la realidad de la calle. Para miles de habitantes de Rivera-Livramento, cruzar la línea divisoria es un acto tan natural como ir de un barrio a otro. Esa fluidez territorial modela una ciudadanía particular, sintetizada en el término “doble chapa”: es decir, quienes poseen doble nacionalidad o integran familias con un pie a cada lado de la frontera.

El entramado social se sostiene sobre vínculos de sangre, afecto y vecindad que ignoran los mojones internacionales. Es frecuente que una familia riverense tenga hijos nacidos en territorio brasileño o viceversa, o que el matrimonio esté conformado por un ciudadano de cada nacionalidad.

Esta convivencia permanente diluye las fronteras identitarias con el portuñol, esa lengua natural de cohesión. Se comparten costumbres y se transita por ambas sociedades sin experimentar la extranjería ni trámites migratorios y aduaneros. Para el habitante local, la pertenencia es dual; se siente tan uruguayo al caminar por la Plaza Artigas como brasileño al recorrer la Praça General Osório. Esto se respira al pasear por calle Sarandí o por Rua dos Andradas, las principales vías céntricas de ambos lados de la línea divisoria.

El ejercicio electoral con reglas estrictas

La vivencia de la democracia en la frontera se rige por marcos normativos muy dispares. La legislación del Tribunal Superior Eleitoral (TSE) de Brasil impone un rigor proselitista que contrasta con la tradición uruguaya, donde directamente están prohibidas las pintadas, la cartelería en espacios públicos y la publicidad en la vía pública.

Del lado brasileño, las franjas horarias están reguladas. Los altoparlantes tienen topes estrictos para preservar la tranquilidad ciudadana y la campaña en las calles recién se autorizó en agosto, apenas seis u ocho semanas antes de la primera vuelta.

Mientras las calles de Livramento lucen ordenadas y libres de propaganda estática, en las vilas (los barrios periféricos) la militancia se sostiene a través del despliegue territorial, donde referentes comunitarios guían caminatas (caminhadas) con banderas al hombro y reparten los tradicionales santinhos, pequeños panfletos con la foto del candidato y su número de lista en tamaño destacado.

El pulso de la campaña culmina en caravanas, auténticos medidores de fuerza en los que los vehículos avanzan en masa con las bocinas sonando al unísono. Tras la votación del domingo y el cierre simultáneo de mesas previsto para las 17.00, se prevé que el sistema de urnas electrónico permitirá conocer el resultado apenas unas horas después. Además, la legislación brasileña contempla la posibilidad del voto para los jóvenes de 16 y 17 años con el fin de integrarlos tempranamente; a partir de los 18 años el voto ya es obligatorio, hasta los 70 años.