¿Qué sucede cuando la vista deja de ser el sentido dominante? Esa es la pregunta que impulsa Castillo de agua, la nueva creación de Artó & Las Máquinas Deseantes, compañía dirigida por el músico y artista salteño Alberto Chiriff.
Basada en un poema inédito del escritor Juan Martínez, la propuesta se presenta todos los sábados de julio en el Club Chaná y propone al público una inmersión poco habitual: ingresar con los ojos vendados para dejar que la palabra, la música y los sonidos construyan un universo interior.
Lejos del formato tradicional de un recital de poesía o una obra teatral, Chiriff define el espectáculo como una “experiencia sonora”, una búsqueda artística que comenzó hace algunos años y que se consolidó con un trabajo anterior dedicado a la poeta Marosa Di Giorgio.
“Siempre pensé que lo ideal era que la gente escuchara, nada más”, explica el artista a la diaria. Para él, “la cultura occidental ha privilegiado históricamente la mirada como criterio de verdad, mientras que la audición ocupa un lugar secundario”.
Esa reflexión lo llevó a experimentar con funciones en las que el público permanece con los ojos cubiertos durante toda la obra. “La invitación es justamente vivir una experiencia distinta. Cuando se anula la visión, los otros sentidos se desarrollan de otra manera y la escucha adquiere una profundidad diferente”.
La propuesta no busca únicamente sorprender por su formato. Chiriff afirma que “detrás de la decisión de vendar los ojos existe una investigación sobre la experiencia estética y la manera en que las personas se relacionan con el arte”.
El creador cuestiona la costumbre de emitir opiniones inmediatamente después de asistir a una función. Por esa razón, al finalizar cada presentación, no existe un intercambio inmediato entre artistas y espectadores.
Cada persona abandona el lugar en silencio, con la intención de conservar intactas las sensaciones provocadas por la obra. “Si apenas termina una película o un concierto nos ponemos a hablar, muchas veces no dejamos espacio para sentir realmente lo que pasó”, reflexiona.
Solo en una de las funciones recientes ocurrió una excepción. El público, integrado mayoritariamente por personas que habían conocido a Juan Martínez, permaneció en el lugar con la necesidad de compartir recuerdos y emociones. Allí, la conversación surgió de manera espontánea. No sé exactamente qué se lleva la gente. Estoy convencido de que siempre algo sucede, aunque a veces no podamos ponerlo enseguida en palabras”, afirma.
El corazón de Castillo de agua es el poema homónimo de Juan Martínez, uno de los artistas más singulares de Salto. Poeta, artista plástico, perfórmer, escenógrafo y referente cultural de la ciudad, Martínez dejó una producción literaria poco difundida. Durante la dictadura publicó apenas algunas cartillas y fragmentos de sus textos, mientras que buena parte de su obra permaneció inédita.
Chiriff recuerda que conocía solamente algunos pasajes del poema hasta que, tras la muerte del autor, en 2018, recibió un manuscrito con la versión completa. “Recién ahí conocí el poema entero. Desde entonces empecé a trabajar en encontrarle una voz, una estética y una forma que estuviera a la altura de ese texto”, señala.
El montaje combina la interpretación en vivo de Chiriff con grabaciones de la propia voz de Martínez, además de una compleja construcción musical y sonora destinada a estimular la imaginación del espectador. El nombre de la obra no es casual. Castillo de agua corresponde al título elegido por el propio Martínez para un poema dividido en tres cantos, escrito entre 2001 y 2003.
Durante el proceso creativo, Chiriff descubrió además una influencia fundamental en la estructura del texto: El castillo interior, de Teresa de Ávila.
Un trabajo académico realizado sobre la obra permitió identificar que Martínez había construido su poema dialogando con el célebre texto místico del siglo XVI, en el que Teresa describe un recorrido espiritual hacia el interior del ser. “Eso terminó de darme la clave para comprender el poema”, explica el artista.
Para Chiriff, Martínez todavía no ha recibido el reconocimiento literario que merece. “En Salto muchas veces ocurre que los grandes artistas son valorados primero afuera. Creo que con Juancho pasa algo similar a lo que ocurrió con Ramón Lanzieri; todavía no se dimensiona plenamente la calidad de su obra”.
Un castillo construido con sonidos, sombras y expresionismo
Aunque el público permanece prácticamente toda la función con los ojos vendados, el espacio también forma parte de la propuesta. El vestuario del Club Chaná fue transformado en un castillo de apariencia onírica, diseñado por el artista visual Nicolás Arce, integrante de Artó & Las Máquinas Deseantes.
La ambientación combina referencias al expresionismo alemán, con influencias de películas como El gabinete del doctor Caligari y Nosferatu, junto con elementos del universo ciberpunk inspirado en producciones como Blade Runner y Matrix.
La experiencia también incorpora la participación de Emiliana Lasiú, adolescente de 14 años que interpreta a Teresa de Ávila niña y realiza su debut artístico en esta producción.
Castillo de agua se presenta todos los sábados de julio en el vestuario del Club Chaná, con ingreso por la calle Herrera, entre Brasil y 19 de Abril. Cada jornada cuenta con tres funciones, a las 20.00, 21.00 y 22.00, con un máximo de 12 espectadores por presentación, buscando preservar la intimidad de la experiencia.
Las entradas se obtienen únicamente mediante reserva previa, a través del contacto directo con Alberto Chiriff por teléfono o mediante sus redes sociales.
Con una apuesta que desafía las convenciones escénicas y reivindica la potencia de la escucha, Artó & Las Máquinas Deseantes propone un recorrido donde la poesía deja de ser solamente palabra escrita para convertirse en un territorio habitado por sonidos, silencios y emociones.
Allí, en la oscuridad elegida, cada espectador construye su propio castillo interior.