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Foto: Gianni Schiaffarino

Bioinsumos: una herramienta en crecimiento para la producción agropecuaria en Uruguay

5 minutos de lectura
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Es esperable que los bioinsumos desempeñen un papel cada vez más relevante en la agricultura del país, según pronostica el MGAP. La afirmación se sustenta en el creciente registro de bioinsumos y su uso como sustitutos o complementos de estrategias de manejo de cultivos.

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En la actualidad ya hay 144 bioinsumos registrados y habilitados para su comercialización. La agricultura extensiva los emplea en unas 760.000 hectáreas de cultivos.

Los bioinsumos son productos de origen biológico –microorganismos (bacterias, hongos, virus), macroorganismos (insectos/ácaros) o extractos vegetales– destinados a la producción agropecuaria. En el artículo 237 de la Ley 20.212, de 2023, se los define como “todo producto que consista en el propio organismo, sea de origen o adopte mecanismos de animales, vegetales o microorganismos, destinado a ser utilizado en la producción animal, vegetal y fúngica”, utilizados para la protección de cultivos, la nutrición vegetal, la bioestimulación del crecimiento o la mejora de las propiedades del suelo.

De acuerdo a lo que se consignaba en el Anuario Estadístico 2024 publicado por la Oficina de Programación y Política Agropecuaria, del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), “la creciente demanda mundial de prácticas agrícolas sostenibles ha situado a los bioinsumos dentro de la agenda estratégica de las políticas públicas” en nuestro país.

Esta definición devino en la elaboración del Plan Nacional de Bioinsumos (PNB), tarea encomendada al MGAP por lo dispuesto en la mencionada ley. El objetivo del PNB es “permitir reorientar recursos, establecer prioridades, promover articulaciones, fomentar acciones colaborativas y definir líneas de acción concretas que contribuyan a un desarrollo competitivo y sostenible de la producción agropecuaria, para otorgar nuevas oportunidades, tanto de acceso a mercados como de investigación e innovación. Asimismo, se espera que contribuya a la creación de nuevas actividades económicas con potencial de atraer nuevas inversiones y diversificar exportaciones”.

En resumen, el PNB impulsado por el MGAP en coordinación con el Ministerio de Ambiente y con apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, busca construir una hoja de ruta hacia 2035. La iniciativa apunta a promover la investigación, la producción local y la adopción de bioinsumos en toda la cadena agropecuaria.

En la última encuesta agrícola realizada por la Oficina de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del MGAP, se incorporó un módulo enfocado en obtener información relacionada con el conocimiento y utilización de bioinsumos en el sector. Los resultados de la encuesta se publicaron en noviembre de 2025 y representan la primera iniciativa por contar con datos oficiales acerca del uso de estos productos.

El universo de la Encuesta Agrícola Invierno 2025 abarcó a 1.676 explotaciones agrícolas extensivas. De ellas, el 76% declara que conoce o ha oído hablar de bioinsumos, mientras que el 18% lo desconoce y el 6% no contestó.

El 66% de las explotaciones agrícolas encuestadas declaran haber utilizado algún tipo de bioinsumos en los últimos dos años, contra el 34% que no lo hizo. Del total de explotaciones que declararon haber utilizado algún tipo de bioinsumo, el 47,8% utilizó únicamente inoculantes, mientras que el 20,1% utilizó únicamente bioestimulantes y el 32,1% restante utilizó una combinación de varios productos.

Fratti: el mundo va hacia los bioinsumos y Uruguay no puede quedarse atrás

En el marco de las acciones del Plan Nacional de Bioinsumos, se llevó a cabo el primer Taller de Prospectiva sobre Bioinsumos en Uruguay a 2035. La actividad tuvo lugar el 4 de noviembre en la sede de la Cámara Mercantil de Productos del País y contó con la participación de representantes del sector público y privado, productivo y de investigación, con el fin de dialogar, cocrear y aprender de manera colectiva.

En esa instancia, el titular del MGAP, Alfredo Fratti, expresó: “El mundo va hacia los bioinsumos y Uruguay no puede quedarse atrás. Tenemos que ir hacia ahí. Hacia ahí va el mundo: tratar de sustituir los medicamentos por bioinsumos, tanto en ganadería como en agricultura”.

Según lo declarado por los agricultores, se aplicó algún tipo de bioinsumo en 760.000 hectáreas agrícolas, en las que se cultivaba soja, trigo, colza, cebada, maíz, vicia, lupino, arroz, avena y sorgo. La información refiere solamente a cultivos extensivos, por lo que no considera el empleo de bioinsumos en horticultura, fruticultura, citricultura, pasturas ni forestación, ni tampoco su uso en la producción animal.

Los agricultores que declararon no utilizar bioinsumos fundamentaban su decisión en la “falta de información general, 40%”, en que su uso “aumenta los costos de producción, 8%”, o en “otros motivos”, que obtuvo un significativo 52% de respuestas. Del análisis de estos datos, la DIEA concluye que “la barrera informativa supera considerablemente la económica: la respuesta “falta de información” pesa cinco veces más que “aumenta costos”. Sin embargo, es necesario explorar el punto “otros motivos” para comprender mejor las principales barreras en su adopción.

De acuerdo con la información oficial del MGAP proporcionada por la división Control de Insumos de la DGSA, actualmente existen 144 bioinsumos aprobados en Uruguay, distribuidos en distintas categorías según su función agronómica, para su empleo en agricultura.

Cultivo de morrones en la localidad de San Bautista, Canelones. Foto: Federico Gutiérrez (archivo, octubre de 2019)

Uruguay inició en la década de 1960 el desarrollo de tecnología para elaborar inoculantes de alta calidad para leguminosas, que fueron ampliamente adoptados por el sector productivo. En la actualidad, cultivos como la soja y diversas leguminosas forrajeras utilizan inoculantes basados en rizobios que permiten la fijación biológica de nitrógeno (FBN).

Cómo se clasifican los bioinsumos para uso en producción vegetal

En la región los bioinsumos se clasifican principalmente según su función o aptitud agronómica, es decir, el rol que cumplen en el sistema productivo. Entre las principales categorías se encuentran:

  • Bioinsumos para monitoreo de plagas, utilizados para detectar o seguir la dinámica poblacional de organismos perjudiciales.
  • Bioinsumos con aptitud de protección vegetal o bioplaguicidas, destinados al control biológico de plagas y enfermedades.
  • Bioinsumos con aptitud de nutrición o bioestimulación, que favorecen la disponibilidad de nutrientes o estimulan procesos fisiológicos de las plantas.
  • Bioinsumos con aptitud de restauración o mejoramiento de suelos, orientados a mejorar propiedades físicas, químicas o biológicas del suelo.

Se estima que la FBN asociada al uso de inoculantes en leguminosas aporta anualmente nitrógeno de origen atmosférico por un valor cercano a 650 millones de dólares, lo que evidencia la relevancia de esta tecnología tanto por la reducción de costos productivos como por la disminución del impacto ambiental vinculado al uso de fertilizantes de síntesis. En este contexto, los inoculantes microbianos –principalmente formulados con rizobios– constituyen el grupo más numeroso entre los bioinsumos registrados en el país, resultado de un proceso de desarrollo y adopción sostenido que ha sido acompañado por políticas públicas orientadas a promover la FBN en cultivos como la soja.

Por otra parte, los bioplaguicidas conforman una categoría distinta de bioinsumos, cuyo crecimiento reciente ha sido impulsado por políticas públicas dirigidas a promover sistemas productivos más sostenibles. En este sentido, el MGAP ha implementado diversas medidas reglamentarias orientadas a favorecer la sustitución progresiva de productos fitosanitarios de síntesis por bioplaguicidas, incluyendo aquellos formulados con agentes de control biológico –microorganismos e insectos benéficos–, así como feromonas empleadas en estrategias de confusión sexual para el manejo de plagas.

Entre las medidas adoptadas se destaca la exoneración de las tasas de registro y renovación para este tipo de productos. Desde el período 2013-2014, tras la aprobación de normativa específica, el registro de productos basados en agentes de control biológico y agentes entomopatógenos ha mostrado un crecimiento significativo, al igual que el número de productos actualmente en evaluación.

Control de calidad

La regulación, evaluación y registro de estos productos en el país es competencia de la Dirección General de Servicios Agrícolas, dependiente del MGAP, organismo encargado de verificar que los bioinsumos comercializados cumplan con los requisitos de calidad, eficacia y seguridad establecidos en la normativa nacional. Esta tarea específica la lleva adelante la división Control de Insumos.

En junio de 2022, con el objetivo de continuar promoviendo herramientas de manejo integrado de plagas, la Dirección General de Servicios Agrícolas reglamentó la creación del Catálogo Nacional de Insumos para Monitoreo de Plagas, orientado a facilitar el uso de trampas, atrayentes y otros insumos destinados al seguimiento de poblaciones de plagas.

A medida que el conocimiento sobre microorganismos benéficos, procesos biológicos y tecnologías de formulación continúa avanzando, se espera que los bioinsumos desempeñen un papel cada vez más relevante en la agricultura del país, complementando las estrategias tradicionales de manejo de cultivos y contribuyendo a la sostenibilidad de la producción agropecuaria.

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