La próxima semana comenzará la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31) en Turquía. En este contexto, Oxfam Intermón, que reúne a más de 20 organizaciones de la sociedad civil que trabajan en más de 70 países, publicó un informe titulado Desastre, ¿para quién?: cómo el caos climático agrava la desigualdad y enriquece a una minoría. “El 0,1% más rico (ocho millones de personas) produce más emisiones que el 44% más pobre (3.500 millones de personas) en su conjunto”, dice uno de los datos más impactantes que se presenta en el documento, que también adjunta una nota metodológica en la que explica cómo llegaron a estos resultados. Enseguida, insiste con que “la contaminación por carbono del 1% más rico está detrás de la intensificación de desastres climáticos como inundaciones, incendios, sequías y crisis alimentarias”.
El informe también expresa que “el 1% más rico es responsable del 20% del calentamiento global registrado desde 1990” y que “una persona perteneciente al 1% más rico ha contribuido 34 veces más a los episodios actuales de calor extremo que una persona corriente y 100 veces más que alguien del 50% más pobre”. La organización lamenta que, según estimaciones, “entre 2015 y 2050, la crisis climática habrá provocado el desplazamiento de 1.000 millones de personas, en torno al 10% de la población mundial, y la mayoría de la población desplazada se encontrará en el Sur global”. Asimismo, advierte que “las personas ricas pueden protegerse, pues tienen la posibilidad de adquirir alimentos a precios más caros o de trasladarse a lugares más seguros, algo que la mayoría de la población no puede hacer”.
Por otro lado, Oxfam manifiesta que “los más ricos están sacando tajada del sufrimiento ligado a la crisis climática”, mientras que “la ciudadanía de a pie” es “afectada por las sucesivas crisis ligadas al cambio climático y tiene dificultades para recuperarse”. Esgrime que “es frecuente que los grandes inversores generen enormes beneficios a partir de las empresas que alimentan el cambio climático, al mismo tiempo que embolsan sumar considerables gracias a las empresas encargadas de dirigir las operaciones de recuperación tras desastres”. En este sentido, uno de los datos que brinda el informe dice que, “según las previsiones, el valor anual del mercado mundial de recuperación tras desastres aumentará los 70.000 millones de dólares a los 92.000 millones de dólares de cara a 2029, impulsado cada vez más por los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático”.
Detalla que la organización creó un nuevo “índice de destrucción y reconstrucción” que revela “cómo los ricos inversores que financian los combustibles fósiles y otras industrias altamente contaminantes también lucran de la preparación ante desastres y de la recuperación posterior”. Para su construcción, Oxfam elaboró una lista de 217 empresas que “lucran de la creación de desastres climáticos, de la labor de preparación ante ellos o de la recuperación posterior”. “Las empresas del ‘índice de destrucción y reconstrucción’ obtuvieron un promedio de 1.800 millones de dólares en 2025 y desembolsaron de media más de 1.000 millones de dólares a sus inversores”, apunta el texto.
Romper el “círculo vicioso”
Oxfam considera que “es posible romper este círculo vicioso” y que “podemos minimizar los daños humanos originados por el colapso climático si reducimos las emisiones de los más ricos, disminuimos las desigualdades de manera radical y velamos por que la igualdad fundamente toda medida de adaptación al cambio climático”. Sin embargo, admite que “no se han tomado medidas contra el cambio climático con la suficiente rapidez como para garantizar que el calentamiento global no supere los 1,5 °C”. Define que esta “amenaza constituye una llamada de atención sobre la necesidad urgente de abordar el consumo excesivo, escandaloso y derrochador de carbono por parte de las personas más ricas del mundo”. “Si actuaran ahora para reducir sus emisiones hasta situarlas en el promedio mundial, el mundo dispondría de más tiempo para avanzar en la descarbonización antes de que los efectos del cambio climático se agraven aún más”, expresa el informe.
Describe que un símbolo que representa el “irresponsable consumo de carbono de los más ricos” es el de los viajes en avión privado. “Tan solo los utilizan el 0,003% más rico de la población mundial, es decir, en torno a 250.000 personas, en su mayoría hombres. Tanto un nuevo análisis de Oxfam basado en datos de seguimiento de aviones privados como diversas investigaciones académicas coinciden en que una pequeña minoría es responsable de una proporción desmesurada de las emisiones generadas por el transporte aéreo”, plantea. Sin ir más lejos, detalla que “los aviones privados emitieron 16 millones de toneladas de CO2” y afirma que “para contrarrestarlas serían necesarios 80 millones de árboles”. A su vez, indica que “cada vuelo de avión privado emitió de media 3,7 toneladas de CO2, lo que una persona corriente emitirá en un año”.
La organización, en un informe anterior titulado Los milmillonarios del carbono, fue de las primeras en dejar “de revisar simplemente las emisiones generadas por el consumo de los más ricos” y comenzar a “tratar de calcular algo que también podría resultar mucho más peligroso: la contaminación por carbono de sus inversiones y de las empresas que poseen y controlan”.
En aquel primer estudio tan solo tuvo en cuenta a las 125 personas más ricas. Para este nuevo informe, Oxfam toma las “emisiones vinculadas a las participaciones de más de 1.000 milmillonarios en 1.095 empresas”. Detecta que “en 2025 las emisiones derivadas de las inversiones de los 1.000 milmillonarios ascendieron a 486 millones de toneladas de CO2, una cifra comparable a las emisiones del 19° país más contaminante del mundo”. A su vez, “cada uno de ellos [los milmillonarios] genera, en promedio, cuatro millones de toneladas de CO2 en emisiones vinculadas a su participación en empresas, superando las emisiones conjuntas de carbono de 3,78 millones de personas”. Al mismo tiempo, según el informe, el 71% de las inversiones de los milmillonarios corresponden a sectores considerados de “gran impacto climático”, como el petróleo, el gas o los productos químicos.
¿Qué recomienda la organización frente a un panorama complejo?
“Otro futuro sigue siendo posible. Al crear un mundo más igualitario, se podrían reducir con rapidez las emisiones, hacer que los sistemas alimentarios fueran más justos y resilientes y reforzar los sistemas públicos para proteger a la población frente a las crisis y garantizar su adaptación a los efectos del cambio climático. Para hacer realidad ese futuro será necesario tomar decisiones políticas audaces encaminadas a frenar la excesiva acumulación de riqueza y el poder de las grandes empresas, al mismo tiempo que se invierte en la resiliencia, los derechos y los medios de vida de la mayoría de las personas. La igualdad climática debe ser la base de la acción climática”, presenta Oxfam. En esta línea, pone sobre la mesa varias medidas.
Una de ellas es “frenar las emisiones de carbono de los más ricos”. En concreto, quiere “abordar las emisiones derivadas tanto de su consumo como de su patrimonio” y “gravar los ingresos y la riqueza del 1% más rico”. En esta línea, piensa que es buena idea “aplicar impuestos de carácter punitivo a los artículos y las actividades de lujo que generan un nivel elevado de emisiones, como los aviones privados, a fin de desincentivar su uso” o “gravar en mayor medida la riqueza que se invierte en industrias altamente contaminantes”.
Otra medida es “aumentar considerablemente la financiación destinada a propiciar la adaptación de los países”. “Los países ricos responsables de la crisis climática deben brindar al resto del mundo la financiación necesaria para adaptarse a sus efectos y hacerles frente. Pueden obtener estos fondos aplicando impuestos a las personas y empresas más ricas de sus países con miras a minimizar la presión sobre los grupos de ingresos bajos. Con estos ingresos deben cumplir, como mínimo, su compromiso de triplicar la financiación destinada a la adaptación de cara a 2035, aunque sería preferible que lo hicieran mucho antes. Estos fondos deben concederse en forma de subvenciones, no de préstamos, y canalizarse a través de los fondos de las Naciones Unidas”, plantea la organización.