El 27 de marzo, organizaciones sociales, sindicales y ambientales como Costa Viva Rocha, la Asociación Uruguaya de Veterinarios de la Pesca y Acuicultura, el Sindicato Único de Patrones de Pesca, la Organización de Trabajadores de la Industria Pesquera y Mar Azul Uruguayo, presentaron un recurso de amparo con el objetivo de “proteger los derechos fundamentales consagrados en la Constitución de la República, como el artículo 47, que se consideran vulnerados por las actividades de exploración sísmica offshore”. En concreto, piden “la detención de las actividades de prospección sísmica hasta que se acredite el cumplimiento de la normativa constitucional y legal invocada” en el recurso.
Tomaron como prueba central un informe elaborado por científicos que forman parte de la Universidad de la República y un investigador uruguayo que trabaja en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En concreto, integran el Laboratorio de Ciencias del Mar, el Instituto de Ciencias Oceánicas, el Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias y el Centro Universitario Regional Este. Sus nombres son: Cecilia Alonso, Omar Defeo, Daniel Gilardoni, Ofelia Gutiérrez, Paula Laporta, Mauricio Lima, Daniel Panario y Javier Sánchez Tellechea.
Todos y todas tienen trayectorias vinculadas a la problemática desde diferentes perspectivas. Un ejemplo es Omar Defeo, que, entre muchas otras cosas, fue el investigador que publicó recientemente una carta en la prestigiosa revista Science pidiendo “una moratoria permanente sobre nuevos proyectos petroleros” en el mar uruguayo, junto a otras medidas que urgen para “una resiliencia oceánica a largo plazo basada en la comunidad”. Otro caso es Mauricio Lima, ecólogo especializado en dinámicas de poblaciones que trabaja en Chile, pero va y viene a nuestro país e incluso recientemente fue ganador del premio Bartolomé Hidalgo en la categoría divulgación académica por su libro Austeridad o barbarie. En el informe técnico, los autores y las autoras presentan evidencia sobre los impactos de la actividad sísmica poniendo el ojo en las aguas uruguayas.
“Las fuentes de ruido más intensas generadas por una actividad industrial en el océano”
Los científicos y científicas destacan que “las exploraciones sísmicas marinas utilizan cañones de aire comprimido que liberan pulsos acústicos de muy alta intensidad y repetitivos (cada 5-15 segundos), en un rango de baja frecuencia (10-300 Hz)”. Sin embargo, aclaran que los pulsos “alcanzan niveles superiores a 230 decibeles bajo el agua, lo que los convierte en las fuentes de ruido más intensas generadas por una actividad industrial en el océano”. “A modo comparativo, el umbral de dolor humano se sitúa en 120-130 decibeles y una turbina de avión a corta distancia emite 140 decibeles. El agua transmite el sonido de baja frecuencia de forma extremadamente eficiente (cuatro veces más rápido que el aire), permitiendo que estas señales se propaguen cientos de kilómetros, sin quedar confinadas al área inmediata de operación ni debilitarse en dicha propagación. Estas ondas son tan potentes que, a corta distancia, podrían causar daños físicos graves o incluso resultar letales para una persona”, explican.
A su vez, reportan que “el ruido sísmico puede alcanzar la costa” porque “aunque las operaciones se realicen offshore, el sonido no se detiene en el lugar de emisión”. “Un pulso sísmico puede llegar a la costa uruguaya con niveles del orden de 120 decibeles, comparables a umbrales capaces de generar efectos biológicos. Estos mismos canales son utilizados por ballenas para comunicarse. El sonido submarino tiene dos componentes físicos inseparables: 1) presión sonora (la que suelen medir los estudios de impacto); y 2) movimientos de partículas del agua (velocidad y aceleración inducidas por la onda). Este segundo componente es críticamente relevante para numerosos organismos marinos, especialmente plancton, larvas, invertebrados y peces, que responden a vibraciones y fuerzas mecánicas. Las evaluaciones ambientales suelen subestimar o ignorar este componente, a pesar de que puede generar daños físicos y fisiológicos a escalas microscópicas”, insisten los técnicos y las técnicas.
¿Cuáles pueden estar siendo los impactos en nuestros arrecifes de corales, cangrejos, peces, tortugas, mamíferos marinos y demás ecosistemas ecológicos relevantes?
Las actividades sísmicas comenzaron en el mar uruguayo, por esta razón, los datos que brindan los ocho investigadores e investigadoras sobre los diferentes impactos que genera a la biodiversidad cobran mayor relevancia. Por ejemplo, hablan del plancton, que “constituye la base de las redes tróficas marinas y alberga los estadios larvales de numerosas especies de peces y crustáceos de interés comercial”. “Estudios experimentales y de campo han documentado: 1) mortalidad inmediata y diferida en zooplancton; 2) retrasos en el desarrollo y malformaciones en larvas; y 3) reducciones significativas de biomasa planctónica a escala de kilómetros. Estos efectos no siempre son visibles de forma inmediata, pero comprometen el reclutamiento y la sostenibilidad de las pesquerías y afectan a todo el ecosistema”, detallan.
Por otro lado, también subrayan que la exploración sísmica puede afectar a comunidades bentónicas vulnerables en el lecho marino, incluidos “invertebrados de importancia comercial para Uruguay como el cangrejo rojo, así como estructuras de coral profundas recientemente documentadas en el margen continental uruguayo por la expedición Uruguay Sub200 a bordo del Falkor Too (que identificó arrecifes de coral y otros hábitats bentónicos de alto valor ecológico)”. Comentan que “los estudios específicos sobre estos organismos aún son limitados”, pero “existe evidencia internacional de que la exposición al ruido impulsivo de las prospecciones sísmicas puede alterar su fisiología, comportamiento y distribución, con posibles efectos en las pesquerías y en la integridad de los ecosistemas de profundidad”.
Mapa extraído de la página web de Ancap que tiene referenciado el bloque OFF-6, adjudicado a APA Corporation y donde está previsto llevar adelante el pozo exploratorio.
Señalan que la sísmica puede provocar en peces de importancia comercial “daños físicos en órganos auditivos; respuestas de estrés fisiológico; alteraciones del comportamiento, incluyendo el abandono en áreas de alimentación o reproducción; y reducciones en el éxito reproductivo, con caídas superiores al 50% en la producción de embriones viables”. “En Uruguay, especies de gran importancia comercial como corvina y pescadilla desovan en áreas costeras, utilizando sonidos de baja frecuencia para la reproducción [...]. Estos efectos negativos pueden repercutir negativamente en los rendimientos pesqueros, con el consecuente impacto socioeconómico negativo en un sector productivo de mucha importancia para el país”, puntualizan.
El equipo de investigadores e investigadoras sostiene que las consecuencias de las prospecciones sísmicas sobre tortugas marinas “han sido poco estudiadas y escasamente consideradas en la gestión, evidenciando una importante laguna de conocimiento”. “La evidencia disponible indica impactos potenciales como cambios de comportamiento, evitación de áreas, daño auditivo –incluyendo pérdida temporal de la audición– y enredos, con respuestas observadas a niveles de 166-175 decibeles y efectos que pueden extenderse hasta dos kilómetros. Sin embargo, los resultados son limitados y variables, pudiendo implicar cambios sutiles, pero ecológicamente relevantes. En este contexto, se destaca la necesidad de profundizar la investigación y desarrollar medidas de mitigación basadas en evidencia”, declaran.
“La existencia de incertidumbre científica a nivel local en algunos aspectos no elimina el riesgo, sino que activa el principio precautorio, ampliamente reconocido en el derecho ambiental nacional e internacional”.
Finalmente, abordan la situación de los mamíferos marinos. Sostienen que “los cetáceos dependen exclusivamente del sonido para comunicarse, navegar, alimentarse y reproducirse”. “Se ha demostrado que las exploraciones sísmicas afectan a los mamíferos, generando pérdida temporal de la audición, desplazamiento de áreas clave e interrupción de migraciones, alimentación y cuidado de crías. Existen además antecedentes internacionales donde actividades sísmicas coincidieron espacial y temporalmente con eventos de varamiento, lo que refuerza la necesidad de precaución”, enfatizan.
Parar las actividades hasta estar seguros
El equipo cuenta que nuestra costa forma parte de una región conocida internacionalmente como Área de Alta Significancia Biológica y Ecológica. ¿Qué quiere decir? Explica que este territorio se caracteriza por tener “alta productividad”, “frentes oceánicos dinámicos” e “importancia estratégica para la biodiversidad y las pesquerías”. “Los bloques de prospección sísmica para exploración de hidrocarburos se superponen extensamente con áreas de alta relevancia pesquera y de conservación, incluyendo zonas de cría de merluza, concentraciones de mamíferos marinos, vedas y áreas protegidas, afectando a una proporción significativa de la flora pesquera. Resulta contradictorio que se autoricen estas actividades en áreas previstas para protección, sin una adecuada gestión de riesgos ambientales, mientras simultáneamente se reconoce la falta de información y capacidades mediante la solicitud de financiamiento internacional para estudiar los impactos de la exploración petrolera”, dice el informe elaborado por científicos y científicas.
En el texto, acotan que “a esto se suma que la región es un hotspot (foco) de calentamiento oceánico, donde las tasas de calentamiento del agua de mar superan el promedio mundial”. “Se ha documentado científicamente que dichas tasas de calentamiento han afectado los ecosistemas de la región, lo cual ha llevado a la disminución de recursos de importancia comercial como la merluza y a mortandades masivas de organismos por el efecto acumulado de dichos incrementos y la ocurrencia de olas de calor”, plantean. Enseguida, suman que “el desarrollo de exploraciones sísmicas marinas sería particularmente nocivo en este contexto”.
Como conclusión, resaltan que las prospecciones “implican la introducción deliberada de una fuente de perturbación acústica extrema, persistente y de amplio alcance, en un sistema marino ecológicamente estratégico, económicamente relevante y ambientalmente vulnerable”. Asimismo, explican que los impactos son “plausibles y verosímiles” y pueden ser “acumulativos y en parte irreversibles”. “La existencia de incertidumbre científica a nivel local en algunos aspectos no elimina el riesgo, sino que activa el principio precautorio, ampliamente reconocido en el derecho ambiental nacional e internacional”, insisten. En este sentido, destacan que “no existe un período seguro para la realización de prospecciones, dado que las comunidades biológicas marinas están presentes todo el año y se suman migraciones estacionales”. También definen que las autorizaciones ambientales vigentes “no contemplan adecuadamente los riesgos de la exploración petrolera, ni mecanismos efectivos de prevención, compensación o reparación integral del daño, generando conflictos con los objetivos de gestión ambiental y sostenibilidad marina”.
En este contexto, entienden que es “urgente” desarrollar “líneas de base integrales e implementar estudios ecológicos y acústicos previos, durante y posteriores a las prospecciones sísmicas” y que las evaluaciones de impacto ambiental consideren los “efectos acumulativos, sinérgicos y diferidos de operaciones múltiples, considerando escalas espaciales reales de propagación de sonido”, entre otros puntos. Recomiendan “aplicar estrictamente el principio precautorio ante la alta vulnerabilidad ecológica y la incertidumbre de los efectos acumulativos de la sísmica”. Esto implica “la postergación de estas actividades hasta contar con evaluaciones integrales que incorporen adecuadamente todos los mecanismos de impacto y consideren escenarios de incertidumbre”.