Un sol más tibio de lo habitual empezaba a templar las veredas y los perros que dormitaban en ellas, que parecían estar un tanto ajenos, como habituados al movimiento citadino y al canto de los teros que revoloteaban pocos metros más arriba. Esto era a una cuadra y poco de la plaza principal de Santa Lucía, en Canelones, pero ya en la plaza el movimiento era mayor. Allí se congregó, a partir de las 9.00 del viernes, un buen número de estudiantes de las escuelas 104, 140, 156, 255, de los liceos 1 y 2 y de la UTU de la ciudad. Estaban reunidos detrás de una pancarta que decía “río sano, soluciones compartidas”, con la que darían inicio a una nueva edición de la Marcha por el Día del Ambiente que, cada 5 de junio desde 2015, organiza la Junta de Directores de los centros de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en coordinación con la Asamblea por el Agua del Río Santa Lucía.
Niños y niñas portaban carteles que habían elaborado días atrás con mensajes –escritos, dibujados, pintados y con collages– que expresaban ideas como “cuidemos el planeta Tierra” y esa misma fórmula se repetía en sus variantes: “el río”, “el agua”, “la naturaleza”, “el medioambiente”. Los mensajes también remarcaban el beneficio que reportan estos cuidados, el rol de las pequeñas acciones o la receta de las tres R -reducir, reciclar y reutilizar- para generar menos basura.
Foto: Alessandro Maradei
Faustino, estudiante de octavo de la UTU, había estado en otra de estas marchas cuando estaba en primero de escuela. “El cuidado del agua es muy necesario porque, si no, muchos animales podrían morir. El cuidado del agua es muy importante, solo quiero que aprendan eso”, reafirmó, mientras hacía el primer tramo de las más de diez cuadras que transitaría para llegar al parque, ubicado junto al río. Una maestra que no era locataria dimensionó el tema. “La marcha es tan importante para la ciudad por la presencia del río”, dijo, y comentó que esa cercanía es la que los hace tener “muy incorporada la defensa del río y la calidad del agua”.
A pocas cuadras de la plaza, un grupo integrado por estudiantes de los siete centros educativos que participaban se desvió para llegar al bulevar Federico Capurro, donde una delegación del Proyecto Raíces, de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones, junto con el alcalde santalucense, Cristian López, los aguardaban para plantar 12 árboles nativos. Eran pitangas y guayabos colorados. Los técnicos explicaron que el proyecto apunta a plantar árboles nativos en los 32 municipios del departamento para generar “parches”. La ingeniera agrónoma Carola Negrone adelantó que, si tienen las condiciones necesarias, los árboles tendrán un porte de seis a ocho metros y darán frutos que ellos podrían comer, así como los pájaros, que esparcirían luego las semillas. Dijo que en invierno tienen que ser regados al menos una vez a la semana y en verano tres. Informó que una vecina que vive enfrente de esa cuadra va “a dar una mano con el regado”, aunque también alentó a que cada uno lo hiciera y que le avisara al alcalde si veían que algún árbol estaba “medio mal”. “¿Cómo sabés que está mal?”, le preguntó un niño. “Muy buena pregunta”, valoró, y le respondió que “cuando pierde las hojas”, porque son especies de hoja perenne. Con el apoyo de los adultos, niños y adolescentes colocaron los árboles en los huecos hechos con anterioridad, les agregaron compost, gel con fertilizante y los regaron. Se plantó la mitad de los árboles y a media tarde, cuando los estudiantes del siguiente turno hicieran una edición idéntica a la matutina, se plantaría el resto.
Foto: Alessandro Maradei
Reclamos compartidos
Clara y Sofía, ambas de quinto año de la escuela 140, llevaban dos carteles. Uno tenía pegados materiales reciclables –una tapita de botella, papel, una servilleta– y el otro el mensaje “ríe, sueña, planta y siembra”, que habían hecho para el Día de la Tierra. A las dos les gustaba hacer manualidades con materiales reciclados y también juntar tapitas para generar apoyos monetarios para refugios de animales. La calidad del agua era, para ellas, un tema cercano: “Hace un tiempo yo estaba en el río y no me metí porque no me dieron ganas, pero justo después me enteré de que estaba contaminado. Eso me pareció que no estaba muy bueno, tenía residuos”, dijo una de ellas, todavía indignada. La otra relató: “Yo vivo cerca del río Sauzal [un tramo del Santa Lucía], y en verano vamos con mi padre, paseamos y a veces vamos a caminar. Hay veces que yo veo que está sucio, entonces junto la basura en una bolsa, me la llevo para casa y la tiro”. Su amiga complementó: “Yo espero que la marcha sirva, porque la verdad es que yo vi una vez que si no cuidamos el planeta en 2050 el mundo va a estar muy feo”.
Luciano, estudiante de quinto de liceo, dejó sentada también la preocupación. “Este verano pasado no me pude meter al río por el exceso de coliformes fecales o, por ejemplo, las cianobacterias también, que es otro problema”, expresó, y advirtió por las consecuencias negativas que eso genera no solo para la salud, sino también en otras esferas de la vida, “por ejemplo, compartir momentos con nuestras personas cercanas”.
Esos fueron, también, algunos de los énfasis de las proclamas que leyeron estudiantes de las escuelas y del Liceo 1 al terminar la marcha, en el parque, frente al espacio Carlos Alfredo que gestiona la Asamblea por el Agua del Río Santa Lucía.
Foto: Alessandro Maradei
“A través de esta actividad, niños, jóvenes y adultos nos unimos para reflexionar sobre la importancia de proteger uno de nuestros recursos más valiosos”, leyó una de las niñas, antes de aclarar que se referían al agua dulce. Remarcaron la vital importancia que tiene para humanos y animales, así como “para la agricultura, la producción de alimentos, la higiene y el funcionamiento de los ecosistemas”. Destacaron el rol estratégico del río Santa Lucía, por abastecer de agua potable a la zona metropolitana. “Por esta razón, es fundamental proteger su calidad. Cuando sustancias contaminantes, residuos o fertilizantes llegan al río, pueden alterar el equilibrio natural del agua y afectar tanto a los seres vivos que habitan allí como a las personas que dependen de este recurso. La contaminación del agua es uno de los principales desafíos ambientales de la actualidad”, advirtieron. Agregaron que “existen normas, controles y programas de conservación” para proteger las cuencas hidrográficas y mencionaron que los niños también pueden colaborar, como lo expresaban los carteles. Por último, recordaron que este cuidado “es una responsabilidad compartida” y que “no depende de una sola persona, sino del compromiso de toda la comunidad”.
Una estudiante leyó la proclama escrita por la mesa de delegados del liceo 1, de bachillerato, en la que señalaron la importancia de las acciones pequeñas, individuales y colectivas, pero también la necesidad de “exigir políticas que protejan nuestros ecosistemas”. “No podemos seguir mirando hacia otro lado. La realidad ambiental que como país estamos viviendo hace décadas, debido al uso indiscriminado de nuestros cauces de agua naturales, es francamente preocupante”, expresó. Enumeró el daño que hacen “empresas multinacionales” al usar el agua “para su propio beneficio”, la contaminación que generan las empresas locales, el “impacto del modelo productivo, del monocultivo transgénico y el uso de agrotóxicos” que “provoca el exceso de nutrientes y el cambio de pH del agua, afectando y deteriorando la salud del río y su ecosistema”, así como el daño por “la tala indiscriminada del monte nativo” y “la extracción ilegal de arena”.
“El río cada vez tiene una menor capacidad de recuperación de los impactos sufridos a causa de estos factores”, insistió. Por último, apeló a la tarea de los habitantes de la ciudad y de visitantes para no dejar basura y no contribuir a la formación de basurales en áreas protegidas. “Desde la mesa de delegados queremos incitar no solo al alumnado y a las nuevas generaciones, sino también a la población en general a relacionarnos de forma consciente y sana con el ambiente”, concluyó, y lamentó que “disfrutar del río de forma recreativa cada vez es más complicado”.
Otro enfoque
En el punto de llegada de la marcha, frutas y agua –servida en vasos de vidrio– esperaban a los y las marchantes. Junto a los alimentos, había maquetas y pósters hechos en una propuesta educativa impulsada por la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, en concreto, un espacio de formación integral en el que estudiantes y docentes universitarios trabajan con liceales y escolares sobre la calidad del agua del río, explicó Álvaro Briano, de la Asamblea por el Agua.
Beatriz Sosa, integrante del Laboratorio de Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental del Territorio de la Facultad de Ciencias, era quien les proponía a los niños que se acercaban a la mesa que “hicieran llover” sobre la cuenca. A partir de un pulverizador sobre la maqueta, los niños podían ver algo que también mostraban algunas imágenes satelitales y de relieve: que lo que ocurre en las partes altas de la cuenca es arrastrado al río. “El río no es solo el agua: si queremos conservar el agua, necesitamos conservar también el territorio fluvial, que es el territorio del río. Y el territorio del río es algo muy amplio que está definido por la cuenca [...]. Todo lo que pasa desde que el agua toca la tierra alta hasta que finalmente llega al río va a determinar esa calidad de agua”, explicó.
El equipo de investigadores trabaja en favor de la generación de buenas prácticas de manejo agrícola y evitar la tala del monte nativo, que retiene contaminantes y nutrientes que finalmente llegan al agua, puntualizó. En ese contexto, a partir de un convenio con la Intendencia de Canelones, el equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias trabajó en el diseño de una nueva delimitación de la zona buffer, alternativa a la que se definió en 2013, para proteger la cuenca del río Santa Lucía. Proponen que no tenga un ancho fijo, sino que siga el trazado del territorio fluvial. “El Ministerio [de Ambiente] está informado”, dijo, pero comentó que se trata de una propuesta técnica y que “cambiar el límite ya es una decisión política”.
