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Ambiente Ecosistemas
Laguna de Rocha (archivo, enero de 2026). · Foto: Mara Quintero

Laguna de Rocha (archivo, enero de 2026).

Foto: Mara Quintero

Informe del CURE exhorta a “evaluar localizaciones alternativas” para aeropuerto que pretende instalarse entre áreas protegidas

La iniciativa pretende instalarse en padrones ubicados entre las lagunas Garzón y Rocha; los investigadores recuerdan que forman parte de una “unidad ecológica de altísima biodiversidad” que es habitada por especies amenazadas.

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En los últimos días de julio, el Centro Universitario Regional Este (CURE) terminó un informe elaborado por especialistas de diferentes disciplinas sobre el aeropuerto que pretende instalarse entre dos territorios que forman parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas: el Paisaje Protegido Laguna de Rocha y el Área de Manejo de Hábitats y Especies Laguna Garzón. Están ubicadas en la reserva de Biósfera Bañados del Este y una es considerada sitio Ramsar. El documento técnico, al que accedió la diaria, fue enviado a la ministra de Defensa Nacional, Sandra Lazo; al ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño; y al intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez. El objetivo es “asesorar a los proponentes, a los tomadores de decisión y a la sociedad en general”. La principal recomendación del equipo consiste en “evaluar localizaciones alternativas” a la propuesta en la actualidad.

Los autores y autoras del trabajo son Javier Vitancurt y Joaquín Aldabe, integrantes del Departamento Sistemas Agrarios y Paisajes Culturales; José Sciandro y Daniel de Álava, del Departamento Interdisciplinario de Sistemas Costeros y Marinos; Felipe García, del Departamento de Geociencias; Valeria Camarero, del Departamento Territorio, Ambiente y Paisaje; Lucía Ziegler, del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental; Andrea Sosa, del Departamento de Ciencias Físicas; y Eugenia Villarmarzo, del Laboratorio de Arqueología del Paisaje y Patrimonio del Uruguay. En el texto aclaran que si bien la ubicación propuesta para el aeropuerto “no está estrictamente dentro de ninguna de las dos áreas protegidas, sí se encuentra en una zona de importante afectación del paisaje directamente relacionado con ambas áreas”.

Un aeropuerto entre los “sitios más importantes para la conservación de las aves” en Uruguay

En el informe, el equipo de científicos y científicas advierte de los “impactos críticos sobre aves y otros componentes de los ecosistemas”. “El sistema lagunar de Rocha y Garzón conforma una unidad ecológica de altísima biodiversidad que alberga a más de 200.000 aves de unas 200 especies. Funciona como sitio crítico en el hemisferio occidental para especies residentes y migratorias”, indica. Sin ir más lejos, define a la laguna de Rocha como “uno de los sitios más importantes para la conservación de las aves en Uruguay y en el hemisferio occidental”. Afirma que su relevancia se sustenta en “la abundante evidencia científica acumulada durante varias décadas y en el reconocimiento internacional de los valores de biodiversidad que alberga”.

También menciona especies que habitan el lugar, como el playerito canela, una especie migratoria de larga distancia categorizada como “vulnerable” a nivel global. Aproximadamente el 6% de la población mundial de esta especie durante su período no reproductivo está allí. A su vez, cuenta que han detectado la presencia de “poblaciones significativas de especies amenazadas a nivel global” como la pajonalera pico recto, el flamenco austral y la viudita blanca grande. La laguna de Rocha tiene una superficie aproximada de 17.000 hectáreas y es “uno de los principales núcleos de concentración de aves del país”. Entre las más abundantes, el grupo destaca el cisne de cuello negro, el ganso coscoroba, el chorlo pampa, la gallareta grande y el chorlo pecho canela. “La barra arenosa de la laguna de Rocha constituye además un hábitat crítico para diversas especies costeras y marinas. Entre ellas se destaca el playero rojizo, una de las aves migratorias más amenazadas del continente, para la cual la laguna representa un sitio clave durante sus migraciones”, describe.

Asimismo, recuerda que la laguna Garzón también es considerada “un área de importancia global para las aves y la biodiversidad”. En particular, explica que “se destaca por las concentraciones de aves acuáticas, como los cisnes y coscorobas y flamencos, así como especies migratorias como el playerito canela”. El equipo entiende que la instalación de un aeropuerto entre estos dos lugares impactará a las aves de diferentes formas. “Por un lado, el riesgo de colisión directa y la consecuente mortandad de aves. Por otro lado, la presencia de aviones puede generar un paisaje sonoro adverso para la avifauna [...]. La silueta de los aviones puede ser interpretada como un depredador volador para las aves, interfiriendo en sus tasas de vigilancia y consecuentemente en sus tasas de alimentación”, afirma. Enseguida, pone sobre la mesa que “los aeropuertos realizan acciones de manejo de las poblaciones de aves para reducir el riesgo de colisión con las aeronaves” y describe estas medidas como una “amenaza relevante”.

Banderas rojas

En el informe, el equipo de científicos y científicas sintetiza una serie de “amenazas severas” que implicaría la construcción del aeropuerto en los predios ubicados entre las dos áreas protegidas. Uno de ellos es el “riesgo de colisión”. “La altísima densidad de aves de mediano y gran porte (como cisnes de cuello negro, flamencos y cigüeñas, entre muchas otras) eleva enormemente el peligro de colisiones con aeronaves, poniendo en riesgo la seguridad operativa y la supervivencia de la fauna”, señala. A su vez, plantea su preocupación por “la falta de claridad de la empresa sobre cómo ejecutará el control de las poblaciones de aves para reducir los riesgos con las aeronaves, en la zona del país con la mayor densidad, incluyendo aves de mediano y gran tamaño, y cómo este manejo evitará afectar a dichas poblaciones que representan los objetivos de conservación de ambas áreas protegidas”.

También concibe que la ubicación actual genera “destrucción de hábitats” porque “degrada el espacio vital de tránsito e interrumpe la conectividad ecológica entre ambas lagunas”. Insiste en que “esta es una zona de alta movilidad de aves y otras especies”. Cita como ejemplo que “afecta directamente a especies globalmente amenazadas”, como el playerito canela y el playero rojizo. “Estas lagunas pertenecen a un sistema de lagunas costeras a nivel nacional y regional. Conforman un mosaico muy heterogéneo y diverso de ecosistemas, donde las lagunas en sí y su conectividad con el océano representan los aspectos más icónicos. Sin embargo, su biodiversidad y los servicios ecosistémicos que sustentan dependen de una intrincada heterogeneidad de pastizales, humedales, bosques, arenales y playas, donde las diferentes especies encuentran su hábitat óptimo”, enfatiza. Comenta que las zonas adyacentes a ambas lagunas son “un espacio de tránsito y conectan áreas entre sí, permitiendo el movimiento de individuos”. Proteger estos sitios es relevante porque, entre otros aspectos, “evita las extinciones locales”.

Por otro lado, destaca que el aeropuerto va a ser causa de “alteración del paisaje sonoro”, podría alterar “el paisaje visual y cultural”, generar “contaminación lumínica, degradando los cielos oscuros y su valor para el turismo” e incrementar el “avance urbano que disparará una homogeneización del paisaje tanto en lo cultural como en lo visual”.

“A pesar de la creencia común, los estudios indican que no hay una correlación positiva fuerte ni clara entre el transporte aéreo y el desarrollo económico local, excepto en destinos turísticos de altos ingresos. La evidencia empírica sugiere que el crecimiento económico vinculado a los aeropuertos tiende a concentrarse en áreas específicas de la región que ya están en crecimiento y no necesariamente distribuyéndose hacia zonas adyacentes”, explica en el documento técnico. Incluso menciona que este tipo de emprendimientos suelen provocar “especulación inmobiliaria que dispara los precios del suelo, atrayendo inversiones externas que encarecen el acceso a la vivienda y al suelo de poblaciones locales”. Sin ir más lejos, frente al predio donde pretende ubicarse el aeropuerto está ubicado el emprendimiento urbanístico Las Garzas, propiedad del empresario argentino Eduardo Costantini, conocido por ser el promotor de barrios privados como Nordelta.

¿Por qué no hacer el aeropuerto en otro lugar?

Hace una semana, Búsqueda anunció que Corporación América Airports –grupo empresarial que maneja los aeropuertos de Uruguay– compró el campo entre las dos áreas protegidas donde proyecta construir el aeropuerto de Rocha. Sin embargo, la principal recomendación del equipo técnico del CURE es “evaluar localizaciones alternativas”. “Se exhorta a estudiar exhaustivamente otros emplazamientos viables más alejados de las lagunas sensibles, enfatizando buscar sitios adecuados sobre la ruta 9 para aumentar la relación costo-beneficio del proyecto, derramando a otras necesidades del departamento de Rocha y minimizando los impactos ambientales”, exige.

Por otro lado, solicita “elevar los estándares de control al nivel del aeropuerto de Galápagos [llevado adelante por la misma compañía], cualquiera sea su ubicación definitiva”. También considera importante la “mitigación arquitectónica e hídrica, cualquiera sea su ubicación definitiva”. Finalmente, pide “cumplir rigurosamente con el marco legal de Ordenamiento Territorial mediante un Programa de Actuación Integrado (PAI) abreviado, previo a la realización del Estudio de Impacto Ambiental, en el que se evalúen además localizaciones alternativas en sitios de menor sensibilidad ambiental”.

“La revisión de antecedentes muestra que la instalación de un aeropuerto internacional debe estar cuidadosamente analizada, contemplando aspectos tanto económicos como sociales y ambientales, de manera de evitar desenlaces no previstos o irreversibles. Para lo cual los plazos deben permitir análisis exhaustivos, así como la participación social en el más amplio sentido”, argumenta el equipo de científicos y científicas del CURE.