Tus guías de aves suelen acompañar las salidas de campo y se consultan en forma salteada, una y otra vez. ¿Este nuevo libro va orientado al mismo público que el de esas guías o creés que apunta a otro tipo de lector y a otro tipo de experiencia de lectura?
Es para todo público. El que se quiere iniciar puede obtener información en este libro sin tener un gran conocimiento previo sobre las aves, y las personas que tienen las guías pueden obtener datos interesantes que no se mencionan en ellas, porque son más estructuradas y no permiten desarrollar un tema en el que te gustaría profundizar más, como por ejemplo por qué la espátula rosada (Platalea ajaja) y el flamenco austral (Phoenicopterus chilensis) tienen colores rosados o por qué los búhos para algunas culturas son sabiduría y para otras son aves de mal augurio, etcétera.
Un libro de secretos y curiosidades de aves puede abarcar un universo amplísimo. ¿Cómo decidiste qué cosas contar?
Ese fue todo un tema. Tomé en cuenta muchas preguntas que se hacía la gente en las salidas de avistamientos, y por otro lado también hice hincapié en especies comunes que todos conocen, como el hornero (Furnarius rufus), el zorzal común (Turdus rufiventris), el sabiá común (Turdus amaurochalinus), la calandria común (Mimus saturninus), etcétera. A lo largo del tiempo aprendí que a la gente en general le encantan las especies comunes, las que ve. A principio de los años 2000, en mis primeros cursos, trataba de mostrarles a los participantes sobre todo las especies más raras que había encontrado, pero al público que recién se inicia o que no tiene un conocimiento profundo en aves le gusta ver y obtener información de las especies que ve cotidianamente. Pero, por supuesto, quedan cosas para contar porque el mundo de las aves es maravilloso y sorprendente.
¿Cómo fue la investigación y la búsqueda de fuentes para escribirlo?
He realizado investigaciones desde 1996; es decir, ya hace 30 años que comencé de una forma más profesional, cuando obtuve mi primer proyecto de investigación en Playa Penino, en San José. Este libro refleja, en parte, muchas investigaciones de campo realizadas en todo Uruguay, mezcladas con la experiencia en educación ambiental, ya que he trabajado en programas con todas las edades. En cuanto a fotografías, trato de no repetirlas, entonces este nuevo libro tiene muchas imágenes de mis últimos viajes a Artigas, Maldonado, Rocha y San José.
El libro tiene mucho de observaciones personales; de hecho, hay muy poca bibliografía citada, a diferencia de, por ejemplo, la Guía completa para conocer aves del Uruguay, que tiene mucha bibliografía porque de cada especie se hace un análisis muy exhaustivo y científico. Siempre que escribo me genera la responsabilidad de tratar de brindarle al lector todo lo que sé y también todo lo que se sabe a nivel de investigación en Uruguay y en otros países, por eso cito mucha bibliografía. En el caso de este nuevo libro, me centré en temas más coloquiales, sin perder rigor científico, pero más que nada contándole al lector aspectos resaltables de cada especie o de las vocalizaciones, o de las migraciones o de las relaciones de pareja, etcétera.
Incluís un capítulo dedicado a las aves con algún grado de amenaza. ¿Qué es lo que considerás más urgente en Uruguay respecto de la conservación de nuestras aves?
La destrucción o transformación del hábitat es la principal causa para que las poblaciones bajen drásticamente. Lamentablemente, hay varios frentes a abordar, como el problema que enfrentan las aves amenazadas de pastizal, por ejemplo, varios capuchinos (género Sporophila), la loica pampeana (Leistes defilippii) y la cachirla dorada (Anthus nattereri). También varias especies de aves marinas, albatros y petreles, que están sufriendo una gran pérdida de individuos en gran medida por las artes de pesca, los derrames de petróleo y otras modificaciones.
Está también el tema del cardenal amarillo (Gubernatrix cristata), una especie en grave peligro, pero en este caso sobre todo por el tema de la captura para tenerlo como ave de jaula y el tráfico ilegal de especies, que es la otra causa importante para que algunas especies estén amenazadas de extinción.
En el ecosistema de humedal, sobre todo, la desecación de bañados genera que especies como el dragón (Xanthopsar flavus) y la viudita blanca grande (Heteroxolmis dominicana) estén perdiendo sus poblaciones no solo en Uruguay, sino también en los países vecinos.
Sobre el final del libro hay una serie de recomendaciones para observar aves en Uruguay e incluso para favorecer su presencia. ¿Cuál te parece más relevante para alguien que recién se inicia en el tema?
Tener un binocular de siete, ocho o diez aumentos sería un buen comienzo. Y saber qué mirar para tratar de identificar la especie, como además del color general, detalles como el tipo de pico, si tiene una ceja o no, si tiene bandas alares de algún color en especial, de qué color es la rabadilla, etcétera.
En nuestra ONG, la Asociación Conservacionista Uruguaya de Ornitología, hacemos varias salidas sin costo dentro de Montevideo y algunas con costo a distintos puntos del país. Los invitamos a acercarse o comunicarse con nosotros y quizás puedan experimentar una primera salida, porque siempre la parte práctica es muy buena para conocer especies y observar sus comportamientos, que ayuda mucho también a la hora de identificar.
Trabajás desde hace años en observación de aves con muchos grupos. ¿Cómo has visto que cambia esa experiencia a las personas que recién se inician en el acercamiento a las aves? ¿Cuál dirías que es el mayor beneficio de introducirse en este mundo, tan al alcance de todos los que vivimos aquí?
Siempre digo que la observación de aves no es solo eso, es compartir un día o medio día en la naturaleza con otras personas que también tienen sensibilidad por la misma temática, compartir experiencias, fotografías, datos. También personas que salen individualmente o con su familia y terminan contagiando a todos en observación de aves.
Tengo la grata experiencia de haber realizado programas de educación ambiental en varios colegios, en uno en particular durante 25 años. Algunos de esos niños que tuve hace 20 años hoy se inscriben a los cursos o mandan un mail contando sus experiencias de campo con sus familias. Es maravilloso saber que algún aporte pudimos hacer para sensibilizarlos en los temas ambientales y en ser un nexo en su contacto con la naturaleza.
Otro aspecto que siempre me comparten sorprendidos es la experiencia que tienen después de hacer un curso, una salida, o de leer un libro de nuestras aves. Te cuentan cosas como que en su jardín había más de 20 especies, o que alrededor de su casa escucharon diez distintas y pudieron identificar seis por el canto. Luego de conocer un poco sobre las aves, generalmente las personas se sorprenden mucho al ver o escuchar las especies que tienen en su entorno cercano.
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