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Ciencia Investigación científica
Lobos marinos en el puerto de Pirápolis durante la grabación de sonidos. · Foto: gentileza Dafni Alfonso

Lobos marinos en el puerto de Pirápolis durante la grabación de sonidos.

Foto: gentileza Dafni Alfonso

Uruguay pionero en escuchar a los animales: estudian por primera vez la comunicación bajo agua de los lobos marinos

Mientras la prospección de petróleo y el tráfico naviero aumentan la contaminación acústica en nuestros mares, investigadores comienzan a explorar la comunicación sonora bajo el agua de los lobos marinos.

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Grabar sonidos de los animales bajo agua es un asunto complejo. Hay que superar los desafíos técnicos de hacer un registro en un medio que nos resulta ajeno –bajo la superficie– y a la vez lidiar con la logística en el que sí conocemos bien –sobre ella–.

Quienes deciden incursionar en ese mundo prácticamente oculto a nuestra burbuja sensorial están acostumbrados a generar intriga con sus dispositivos de grabación, que funcionan a modo de cordones umbilicales que unen dos universos muy distintos.

El biólogo Mark Carwardine y el escritor Douglas Adams, por ejemplo, se vieron metidos a finales de los 80 en una comedia de enredos para intentar registrar los sonidos del delfín baiji en China (o, más bien, los sonidos que escucharía este delfín hoy extinto).

Desprovistos de hidrófonos –micrófonos diseñados para uso submarino– tuvieron que comprar condones para “impermeabilizar” un micrófono y arrojarlo al fondo del río Yangtsé, al extremo de un largo cable. Como se resistía a hundirse, debieron ponerle lastre –las llaves del hotel– y tirarlo desde un ferry.

Cuando finalmente lo lograron, uno de los tripulantes del ferry los increpó y los forzó a aclarar qué estaban haciendo. Sacaron el aparato del agua –básicamente un condón con un micrófono y unas llaves dentro– y se lo mostraron para explicar su objetivo, lo que solo aumentó la confusión. Finalmente, pese a todos estos inconvenientes, pudieron registrar los ruidos del río, una verdadera pesadilla cacofónica para cualquier animal que necesite del sonido para orientarse.

Cualquiera que haya paseado por el puerto de Piriápolis en ciertas jornadas de entre 2021 y 2025 se habrá sentido probablemente igual de extrañado al observar a un grupo de personas arrojando cables y aparatos curiosos en el agua de su puerto. Esos individuos, al igual que Carwardine y Adams, eran investigadores que intentaban registrar sonidos submarinos, aunque por suerte para ellos, y para la ciencia, no tuvieron que improvisar soluciones con dispositivos sexuales. Estaban mejor preparados, aunque igual despertaron curiosidad entre paseantes y pescadores.

También estaban interesados en mamíferos marinos, pero en este caso no tan asociados a los sonidos submarinos como delfines y ballenas. Se encontraban allí para comenzar a indagar qué ocurre con la comunicación bajo agua entre lobos marinos (Otaria byronia). El resultado de esa aventura es un breve y novedoso trabajo científico firmado por Dafni Alfonso, Felipe Cordano, Sebastián Baubeta, Sebastián Izquierdo y Walter Norbis, del Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar), más Javier Sánchez Tellechea, del Instituto de Ciencias Oceánicas de la Udelar (al que también pertenece Walter). En el artículo caracterizaron por primera vez los sonidos que emiten bajo el agua los lobos marinos, y comenzaron así a descorrer el velo de un mundo de comunicación del que no sabemos prácticamente nada aún.

Foto del artículo 'Uruguay pionero en escuchar a los animales: estudian por primera vez la comunicación bajo agua de los lobos marinos'

Foto: gentileza Dafni Alfonso

Lobo está

El biólogo Javier Sánchez Tellechea no pierde ocasión alguna de espiar las conversaciones de los animales marinos. Junto con su colega Walter Norbis ha estudiado los sonidos de las franciscanas, las corvinas negras y las ballenas minke, entre otros animales.

En uno de los seminarios sobre acústica submarina que da en Facultad de Ciencias, propuso a sus alumnos poner la mira –o más bien la oreja– en otros animales cuya posible comunicación submarina no ha sido aun estudiada. Pensó en una especie muy presente en nuestro país, de la que se conoce solamente las vocalizaciones que hace cuando se encuentra fuera del agua: los lobos marinos.

“Javier nos propuso ir a un lugar de acceso fácil a los lobos, como el puerto de Piriápolis, y ver si descubríamos algo allí”, explica Dafni Alfonso, la primera autora del trabajo. Decidieron entonces armar un proyecto con esta idea y presentarlo al Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil (PAIE), que les permitió obtener algo de financiación para explorar esta posibilidad.

Ese fue el motivo por el que pescadores y paseantes de Piriápolis pudieron toparse con personas que tiraban al agua cilindros y cables con micrófono entre 2021 y 2025. A la mayoría les causaba curiosidad, pero una vez que los investigadores explicaban qué estaban haciendo, casi todos terminaban entusiasmados. Los lobos marinos son una presencia querida en el balneario, aunque a veces la curiosidad humana no respete las distancias aconsejables.

“Desde los años 60 se sabe bastante bien que las focas y las morsas suelen emitir sonidos bajo el agua que cumplen una función, pero con respecto a la familia de los otáridos, que es la de los lobos marinos, esto está muy poco documentado”, explica Dafni. Sabemos incluso que algunas focas se comunican aplaudiendo bajo el agua, una información que sin dudas entusiasmará tanto a estudiosos de los animales como a los comentaristas chistosos de las noticias políticas en portales

Pero antes de sumergirse con los lobos para ver si realmente se comunican bajo el agua y cómo, conviene hacer un desvío para entender un superpoder que tienen algunos pinnípedos –el grupo de mamíferos marinos que incluye a morsas, focas, lobos marinos y leones marinos–, con el que han podido sacar partido de lo mejor de dos mundos.

Foto del artículo 'Uruguay pionero en escuchar a los animales: estudian por primera vez la comunicación bajo agua de los lobos marinos'

Foto: gentileza Dafni Alfonso

Paren la oreja

Muchas especies de pinnípedos cuentan con una gran ventaja que les dio la evolución: la capacidad de escucha anfibia. Es decir que, a diferencia de los demás mamíferos, tienen un oído adaptado para escuchar tanto en el aire como en el agua.

Algunas especies de focas y lobos marinos poseen una audición subacuática casi tan sensible como la de los cetáceos, pero han conservado también capacidades auditivas en el aire a nivel de las de algunos carnívoros terrestres.

El origen de este “superpoder”, según un trabajo reciente de investigadores australianos, tiene al menos 26 millones de años y surgió en ancestros de las focas. Esa investigación identificó el rol que juega un tejido especializado de los oídos de algunos pinnípedos, que les permite procesar sonidos en estos dos entornos acústicos tan diferentes. Este tejido se llena de sangre durante el buceo para igualar la presión del aire en el oído, lo que permite la transición de la audición en el aire a la audición subacuática, concluyó el trabajo.

Es lógico pensar que si esta capacidad de escucha anfibia está presente en varias especies de pinnípedos es porque los sonidos tienen un rol importante para ellos afuera y adentro del agua. Saberlo nos obliga a considerar la influencia que la contaminación sonora del mar, de origen humano, puede estar jugando también en estos animales.

Por eso es relevante comenzar a entender la comunicación submarina de los pinnípedos en nuestro país, que frecuentan áreas con mucha actividad humana, y por eso es especialmente bienvenida la excursión de Dafni, Javier y sus colegas al puerto de Piriápolis, primer paso de una aventura que recién comienza pero que quizá tenga mucho que contar.

Danza acústica con lobos

“Cuando llegamos al puerto, lo primero que hicimos fue tomar tres puntos de referencia para grabar los sonidos de los lobos marinos”, explica Dafni. En primer lugar, una zona en la que estos animales suelen comer los descartes que tiran los pescadores, luego una en la que lobos marinos nadan y bucean habitualmente, y en tercer lugar un sitio ubicado a unos diez metros de donde los investigadores realizaban sus observaciones.

En los dos primeros usaron un hidrófono manual, que ponían en funcionamiento cuando uno o más lobos se sumergían en las zonas mencionadas (el objetivo era dar un contexto de comportamiento a los registros). En el tercero colocaron una estación de monitoreo acústico pasivo, una suerte de cilindro que queda fijo y que graba en forma autónoma y programada. Hicieron registros también cuando los lobos marinos no se encontraban en el agua, de modo de tener grabaciones de control para comparar los sonidos.

Obtuvieron un total de 43 grabaciones con los hidrófonos y 84 grabaciones con la estación de monitoreo pasivo.

Analizar estas grabaciones es un proceso bastante más complejo que apretar play y prestar atención. Nuestro oído es a menudo incapaz de escuchar los sonidos –o al menos la riqueza de sus detalles– a través de los cuales muchos animales perciben el mundo. Como apenas podemos acceder a una fracción de los universos sensoriales en los que se mueven otros animales, hay que apelar a la tecnología.

Dafni Alfonso.

Dafni Alfonso.

Foto: Guillermo Legaria

Estudiar sonidos submarinos requiere convertirlos a espectrogramas y analizarlos visualmente para identificar patrones característicos y clasificarlos. Eso fue lo que hicieron los investigadores locales con ayuda de programas de software, que les permitieron aislar las señales acústicas realizadas por lobos marinos y descubrir que, tal cual sospechaban, emiten una serie de sonidos característicos bajo el agua que cumplen algún tipo de función.

Una grabación de los lobos

“Descubrimos que ciertos sonidos se repetían y se podían dividir en dos tipos de señales: los pulsos, que eran muy cortos, y los sonidos tonales, que eran más largos y duraban alrededor de 2,5 segundos”, cuenta Dafni. Tal diferenciación es más que relevante: “Nadie las había descrito antes”, celebra Dafni, y agrega que “ahora hay que realizar un estudio más exhaustivo”.

Identificaron en total 19 trenes de pulsos, que es como se llama a las secuencias de sonidos breves, que se emiten a modo de ráfaga. También caracterizaron 30 sonidos tonales, de duración más sostenida (en el espectrograma los primeros se ven como rayas verticales y los segundos como rayas horizontales). Se trata de sonidos de baja frecuencia, especialmente los sonidos tonales, de difícil percepción para los oídos humanos.

¿Qué significan estos pulsos y tonos? A diferencia de los estudios de las vocalizaciones aéreas en esta especie, que han logrado asociar distintos sonidos a las interacciones sociales, el cortejo y el reconocimiento entre madres y crías, como el trabajo hecho por la uruguaya Micaela Trimble en 2011 en la isla de Lobos, la exploración de la comunicación submarina en lobos marinos comienza recién con este trabajo. Los autores, sin embargo, sacan algunas conclusiones primarias.

“Nosotros vinculamos estos sonidos con la alimentación y búsqueda de presas, porque ese era el comportamiento asociado al momento de registrarlos, pero hay que tener en cuenta que es un ambiente con mucha influencia humana. Lo interesante sería poder estudiar esto mismo en contextos más naturales”, comenta Dafni.

“Este estudio proporciona evidencia de la producción de sonidos submarinos por parte de Otaria byronia en un contexto de forrajeo costero, contribuyendo al escaso conocimiento sobre el comportamiento acústico subacuático en los otáridos”, señala el trabajo. La ocurrencia “tanto en presencia de múltiples individuos como en contextos aparentemente solitarios sugiere que estas señales no se limitan a la coordinación grupal, sino que pueden cumplir múltiples funciones durante las interacciones de alimentación”, agrega.

La investigación también deja otro punto interesante a seguir explorando: la ecolocalización, es decir la capacidad que tienen algunos animales de orientarse escuchando el rebote de las ondas sonoras que emiten. Este otro “superpoder” es muy conocido en varias especies de ballenas, delfines y otros cetáceos, pero aún no se ha comprobado en otros mamíferos marinos.

“Aunque los estudios experimentales no han demostrado ecolocalización en los pinnípedos, la ocurrencia de sonidos pulsantes en contextos de alimentación podría sugerir un posible papel en la percepción del entorno a corta distancia; sin embargo, los datos disponibles son insuficientes para evaluar esta hipótesis”, concluye el artículo.

Sumergiendo el equipo para grabar a los lobos marinos en el puerto de Pirápolis.

Sumergiendo el equipo para grabar a los lobos marinos en el puerto de Pirápolis.

Foto: gentileza Dafni Alfonso

En resumen, el trabajo presenta la primera caracterización de sonidos submarinos de otáridos y abre así una nueva puerta para conocer más de estos animales emblemáticos de nuestro país.

Para los mamíferos marinos el sonido no es accesorio sino vital. Les permite comunicarse, buscar pareja, alimentarse, orientarse y detectar posibles predadores. Los seres humanos hemos ido llenando ese universo sensorial de señales extrañas –tránsito de barcos, sísmica, construcciones, sonares– que interfieren con los sonidos de los que tanto dependen y que por lo tanto ponen en riesgo su supervivencia. Sumar especies al club de la comunicación submarina es, en este contexto, más relevante que nunca, porque nos obliga a ponernos en el lugar de otros seres vivos, e intentar captar al menos una partecita de esos otros mundos sensoriales que se solapan con el nuestro y que también están en peligro.

Artículo: Underwater Sounds of the South American Sea Lion (Otaria byronia)
Publicación: Marine Mammal Science (junio de 2026)
Autores: Dafni Alfonso, Felipe Cordano, Sebastián Baubeta, Sebastián Izquierdo, Walter Norbis y Javier Sánchez.