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Ciencia Investigación científica
Centro Universitario Regional Litoral Norte Salto (archivo, marzo de 2026) · Foto: Ariel Volpi

Centro Universitario Regional Litoral Norte Salto (archivo, marzo de 2026)

Foto: Ariel Volpi

“Una inversión eficiente”: publicación demuestra grandes impactos beneficiosos de la expansión de la Udelar al interior del país

Investigación evidencia grandes mejoras para nuestro capital humano: más jóvenes del interior, más de primera generación universitaria y hasta un aumento importante de estudiantes que culminan el liceo en las localidades próximas.

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“El análisis de costo-beneficio, consistentemente positivo, sugiere que invertir en la expansión de la educación superior genera ganancias netas sustanciales tanto para los individuos como para la sociedad”, señala entre sus grandes hallazgos un trabajo recientemente publicado en una revista internacional sobre economía pública. También señala que “la expansión universitaria se presenta así como una herramienta poderosa para abordar las persistentes desigualdades en el acceso a la educación superior en todo el mundo en desarrollo”. Al leer el trabajo nos asalta cierto orgullo: estas conclusiones derivan de un estudio de los efectos de la expansión de la Universidad de la República (Udelar) al interior del país entre 2002 y 2020.

El trabajo, titulado algo así como “Consecuencias para el capital humano de ampliar la oferta de instituciones de educación superior en un país en desarrollo”, se publicó en la primera semana de julio en la revista Journal of Public Economics. Y es un momento inmejorable: el Parlamento trata el proyecto de ley de Rendición de Cuentas, que le fue remitido a fines de junio. Para 2027 la Udelar había pedido 3.900 millones de pesos, pero en el proyecto de ley remitido por el Ejecutivo solo se le asigna un magro incremento de 100 millones para becas de grado y posgrado.

El rector de la Udelar, Héctor Cancela, dijo a la diaria que esperaba que el Parlamento hiciera “una resignación de recursos” para que “algún otro” de los programas de la Udelar pudiera “tener un apoyo”. Entre los programas seriamente comprometidos está, justamente, el de no solo continuar con la expansión –ahora se está avanzando en las sedes de Colonia y Soriano del Centro Regional Suroeste–, sino afianzar los planes de estudio y carreras que ofrece en los tres centros regionales ya establecidos –el Centro Universitario Litoral Norte, el Centro Universitario Noreste y el Centro Universitario del Este–, ya que, como dijo Cancela, “los tres tienen dificultades presupuestales”.

En este contexto es válida la pregunta de qué tan relevantes han sido los impactos de los centros regionales abiertos por la Udelar en el interior del país (el período estudiado abarca la apertura de las sedes en Maldonado, Rocha, Paysandú, Salto, Tacuarembó y Rivera). ¿Vale la pena invertir en eso? ¿Es una política que debería promoverse con más énfasis? ¿Por qué?

Responder algunas de esas interrogantes es lo que aporta el reciente artículo, que lleva la firma de Noemí Katzkowicz y Martina Querejeta, del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Udelar, Victor Lavy, del Departamento de Economía de la Universidad Warwick de Reino Unido, y Tatiana Rosá, del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Veamos qué hicieron y qué encontraron.

El problema de la educación terciaria

En el contexto de la investigación realizada, el equipo de investigadoras e investigadores tiran algunos datos relevantes. Por ejemplo, que en América Latina “solo cerca del 30% de las personas cursan estudios superiores”, cuando ese porcentaje es de “más del 60% en Europa y América del Norte”. Esto, que afecta al capital humano de un país, es un problema relevante.

Como obstáculo para lograr que más gente acceda a estudios terciarios, señalan que una de las limitantes es “la distancia a las universidades”, sobre todo en países donde la oferta universitaria se concentra en las capitales o en las grandes ciudades. Para tratar de contrarrestar este efecto, algunos gobiernos “expanden el acceso mediante becas para la movilidad geográfica, [ya que] la reubicación de estudiantes en centros urbanos puede exacerbar las desigualdades espaciales” de esos países. Y entonces presentan su caso de estudio.

“Este artículo proporciona evidencia causal sobre el papel de las políticas basadas en el territorio en la descentralización de la educación superior”, dicen Noemí Katzkowicz y sus colegas. “Al establecer nuevos campus fuera de las principales áreas metropolitanas, los gobiernos pueden aumentar simultáneamente la matrícula y reducir las disparidades regionales en capital humano”, afirman. ¿Y qué estudiaron para hacer tal aseveración? Sin vueltas, sostienen que aprovecharon “la construcción escalonada de campus fuera de la capital de Uruguay”.

En el apartado “Panorama general del sistema educativo de Uruguay” lo detallan mejor. Luego de presentar datos, como que “menos del 20% de los adultos han completado estudios universitarios” en nuestro país, se adentran en el programa de expansión de la Udelar.

“En 2008, las autoridades de la Udelar pusieron en marcha un importante programa de expansión universitaria para mejorar el acceso a la educación superior fuera de Montevideo”, detallan. Los principales objetivos del programa de expansión “eran reducir la desigualdad espacial en el acceso a la educación superior, disminuir los costos de migración estudiantil e incrementar la matrícula de estudiantes que viven fuera de la capital”, agregan.

“Exploramos un contexto de política único en Uruguay, un país donde los altos retornos de la educación y el bajo nivel universitario ejemplifican la brecha de capital humano”, señalan en otra parte del artículo. ¿Qué tan grave es esa brecha? Afirman que hace dos décadas “aproximadamente 12% de los adultos en Montevideo había alcanzado la educación terciaria, en comparación con menos del 4% en el resto del país”. De las comparaciones no salimos bien parados: “Estos bajos niveles de capital humano se parecen a los observados en Reino Unido en la década de 1970 y en Estados Unidos a principios del período de posguerra”.

Dado que en nuestro país la Udelar no cobra matrícula de ingreso ni pone trabas en cupos, el caso de Uruguay era “un laboratorio excepcional para desentrañar los efectos en la oferta universitaria de las limitaciones financieras y el papel selectivo de la calidad de la escuela secundaria, dos factores de confusión que son difíciles de aislar en estudios anteriores”. En otras palabras, nuestra universidad pública, gratuita y sin cupos permite ver mejor los efectos de abrir sedes en el territorio que en países donde esas sedes cobran matrícula o tienen pruebas de admisión.

“El programa comenzó en 2008 y para 2013 se habían inaugurado seis nuevos campus”, dicen luego, y detallan que “la elección de las ubicaciones se basó en la existencia de infraestructura institucional y la minimización de la oposición política” y no tanto en criterios de la demanda de centros universitarios o políticas territoriales concretas. Mediante el estudio de datos de los censos universitarios de 2002-2020 y cruzando esa información con datos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística de 2002 a 2019, el equipo de investigación recurrió a diversas técnicas de análisis de datos que le permitieron observar los efectos que tuvo en el capital humano la apertura de los centros de la Udelar en el interior. Vayamos a sus fabulosos resultados.

1) Llegando a más jóvenes

Entre los hallazgos a remarcar, los autores señalan en primer lugar que encontraron que “abrir un nuevo campus aumentó la proporción de estudiantes matriculados entre la población de 18 a 30 años en 0,37 puntos porcentuales durante los primeros seis años posteriores a su apertura”. Eso implica que la educación terciaria en el período estudiado aumentó “34% con respecto a la media previa al tratamiento” para ese tramo etario.

En otras palabras, haber abierto nuevos campus en el interior podría haber determinado una baja de jóvenes que venían a Montevideo a estudiar. Pero eso no es lo que sucedió: al abrir la Udelar nuevas sedes en Rocha, Maldonado, Salto, Paysandú, Rivera y Tacuarembó, la matrícula universitaria total aumentó. Y más aún reportan que “la proporción de estudiantes de primer año matriculados en campus fuera de la capital aumentó de tan solo 0,2% en 2002 a 15% en 2020”.

2) Aumento de la movilidad

El segundo punto que destacan al observar los resultados de sus análisis es que documentan “un aumento significativo en la movilidad intergeneracional”. Eso que puede sonar raro es bastante sencillo: “El programa incrementó en 40% la proporción de estudiantes universitarios de primera generación”, detallan.

“Este resultado sugiere que en los lugares donde se abrió un campus la proporción de personas que superaron el nivel educativo de sus padres aumentó significativamente”, reportan. ¡Fabuloso! También señalan que “el hecho de que el aumento se concentre especialmente entre los estudiantes de primera generación pone de relieve la eficacia del programa para ampliar el acceso a la educación superior a los grupos históricamente subrepresentados”. ¡Vamo!

Por otro lado, señalan que esta ampliación del acceso no afectó la calidad académica, ya que “las tasas de finalización de los estudios se han mantenido estables a pesar de la afluencia de nuevos estudiantes”.

3) Impactos hasta a 30 kilómetros de las nuevas sedes

Un hallazgo relevante de la investigación es que demuestran que “el impacto se extiende hasta 30 kilómetros desde cada campus y que el efecto disminuye con la distancia”, en particular “tanto en la matrícula universitaria total como en la de primera generación en relación con la población de 18 a 30 años”. Estos efectos, por ejemplo, no se daban en localidades a distancias mayores a 30 kilómetros, por ejemplo, en Aiguá en relación con la sede de Rocha, o en Quebracho o San Javier en el caso de la sede de Paysandú, pero sí en las más cercanas, como San Carlos o Piriápolis, respecto de la sede de Maldonado, o La Paloma respecto de la de Rocha.

Que no se observen efectos significativos más allá de este radio de 30 kilómetros, dicen, “sugiere que incluso distancias modestas siguen siendo un obstáculo prohibitivo para los estudiantes de primera generación”.

“Si bien los efectos son muy locales –concentrados en un radio de 30 kilómetros de los campus–, políticas complementarias de bajo costo, como el transporte subvencionado, podrían mejorar aún más el impacto del programa, en particular para los estudiantes de familias con menor nivel educativo”, agrega el equipo de investigación.

4) Impactos positivos también en los liceos de la zona

Tal vez una de las grandes sorpresas del trabajo es el efecto que la apertura de las sedes de la Udelar tuvo en los liceos de las localidades donde se abrieron y su radio de influencia.

“El programa propició que un promedio de 1.082 estudiantes adicionales completaran la escuela secundaria por año durante los primeros seis años posteriores a la apertura de cada campus”, reportan Noemí Katzkowicz y sus colegas. “Esto sugiere que la presencia de una universidad local aumenta el valor de opción de la educación secundaria al mitigar con eficacia una de las principales barreras para la educación superior”, es decir, el abandono de los estudios secundarios. ¡Guau! “La mera presencia de un campus local genera poderosos incentivos para que los estudiantes completen la educación secundaria, incluso antes de alcanzar la edad universitaria”, dicen en otro pasaje del artículo.

Si el objetivo es que más jóvenes terminen el liceo, la apertura de sedes de la Udelar en más localidades del país parece haber sido una excelente política. Con recursos, este derrame podría verse en más zonas del país.

5) Una buena inversión para la gente y la sociedad

En el trabajo calculan el impacto a nivel de capital humano de esta apertura de sedes en el interior tanto a nivel privado (o personal) como social. Entre los impactos en lo privado se calcula, por ejemplo, cuánto más ganará una persona con estudios universitarios completos en comparación con una que no los tenga. En cuanto al impacto social, se miden los efectos de la educación terciaria en aspectos “como mejoras de la salud, reducción de la delincuencia, entre otros efectos micro y macroeconómicos positivos”.

Desde esa perspectiva, reportan “altos retornos sociales (18%) y retornos privados (26%) para el programa, lo que confirma que la expansión universitaria basada en el territorio es una inversión eficiente”. Qué linda frase para colgar en la Cámara de Diputados y Senadores durante el tratamiento de la Rendición de Cuentas, o de cada dependencia del Ministerio de Economía y Finanzas: ¡la expansión de la Udelar en el territorio es una inversión eficiente!

Exportando experiencias y conocimiento

Para concluir su trabajo y sacar un aprendizaje para exportar del laboratorio a cielo abierto que es Uruguay, Noemí Katzkowicz y sus colegas le dicen al resto del planeta que “la expansión universitaria emerge así como una herramienta poderosa para abordar las persistentes desigualdades en el acceso a la educación superior en todo el mundo en desarrollo”, y que lo que vieron “sugiere que la oferta geográfica es una limitación importante incluso en países relativamente pequeños”.

Para terminar, señalan que sus análisis “revelan que las inversiones en infraestructura” pueden complementar otras intervenciones, como “las becas estudiantiles o las transferencias monetarias”, y agregan que “al aumentar simultáneamente las tasas de finalización de la educación secundaria y el acceso a la universidad, las expansiones localizadas de instituciones universitarias pueden ser una herramienta poderosa para romper la persistencia intergeneracional de la pobreza y fomentar un crecimiento económico regional equilibrado”. Que así sea.

Artículo: Human capital consequences of expanding the supply of higher education institutions in a developing country
Publicación: Journal of Public Economics (julio de 2026)
Autores: Noemí Katzkowicz, Victor Lavy, Martina Querejeta y Tatiana Rosá.