Burnout es una expresión en inglés, acuñada en la década de 1970, para describir lo que en español se ha traducido como “síndrome de desgaste ocupacional”. Este estado que afecta a dimensiones de la salud mental fue definido en 2019 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “el resultado del estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado con éxito”. Para la OMS se trata de “un fenómeno ocupacional” que se manifiesta en tres dimensiones: la “sensación de agotamiento”, un “mayor distanciamiento mental del trabajo” o la recurrencia de “sentimientos negativos o cinismo relacionados con él” —que algunos autores engloban en el concepto de “despersonalización— y la “sensación de ineficacia y falta de logros”. Acá en Uruguay a todo eso podríamos decirle “síndrome de estar quemado”.
Esto de estudiar el burnout comenzó en el ámbito de la salud —el psicólogo Herbert Freudenberger acuñó el término en 1974 en un trabajo sobre la clínica donde trabajaba— y desde entonces se ha reportado en ese ámbito en todas partes. Sin ir más lejos, aquí en Uruguay se ha señalado que uno de cada tres médicos presenta síntomas en alguna de las tres dimensiones del burnout. Pero el asunto no es privativo de la salud. Muchas otras profesiones se ven afectadas por este problema ocupacional, como por ejemplo, la docencia.
Sabemos que en Uruguay 67% de los atletas de alto rendimiento padecen síntomas en al menos una dimensión del burnout, según reveló una investigación con atletas que representaron al país en los juegos Odesur. El hallazgo alarma pero no sorprende: varios estudios realizados en otras partes vienen mostrando que los deportistas y atletas son afectados por esto de sentirse quemados. Ahora una nueva publicación científica amplía el asunto: también nuestros entrenadores de fútbol están quemados. Muy quemados.
Titulado algo así como Compromiso deportivo y burnout en entrenadores de fútbol de Sudamérica, el trabajo lleva la firma de Mario Reyes, de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, Verónica Tutte, de la Universidad Católica del Uruguay, Regina Brandão, de la Universidad Sao Judas Tadeu de Brasil, David Peris, de la Universidad de Valencia, y Alejandro García, de la Universidad de las Islas Baleares, ambas de España. De ellos, tanto Mario Reyes como Verónica, Regina y Alejandro son también autores del trabajo sobre burnout en deportistas de los Juegos Odesur.
Para esta investigación, que forma parte de la tesis de doctorado de Mario (tutoreada por Alejandro y Verónica), les administraron cuestionarios a 87 entrenadores de fútbol de nuestro continente (42 de Perú, 26 de Uruguay, 11 de Venezuela y los restantes de otros países) para ver qué factores, medidos en un cuestionario sobre compromiso deportivo, eran protectores o agravantes para presentar síntomas en algunas de las tres dimensiones del burnout. Así que más rápido de lo que se pide livianamente la renuncia de un técnico luego de perder cinco partidos seguidos vayamos al encuentro de Verónica Tutte, psicóloga del deporte e investigadora al borde de quemarse por la inacción institucional ante los problemas de salud mental que afectan a nuestros deportistas.
Tutte tutorea tesista
¿Cómo sale esto de estudiar el burnout en entrenadores? Como sucede con muchas cosas, porque el conocimiento nuevo se genera cuando un estudiante busca avanzar en su carrera. “Este trabajo surge de la tesis doctoral de Mario Reyes. Alejandro García fue el director y yo participé como codirectora”, cuenta Verónica. “El trabajo refleja una realidad sudamericana, porque la muestra abarcó, no solamente a entrenadores de fútbol de nuestro continente, sino también a entrenadores de otras disciplinas y profesores de educación física. Para este artículo, Mario eligió mostrar solamente lo que pasaba con los entrenadores de fútbol”, amplía Verónica. En el trabajo reportan lo que pasó con los 87 entrenadores de fútbol, pero si sumamos a los de otros deportes y profesores de educación física, la muestra total alcanzó a 300 personas.
Podría pensarse que 87 entrevistados conforman un pequeño número de casos. Pero dado que no hay tantos seres humanos que sean entrenadores de fútbol, la cantidad se hace más relevante. “Sí, no es lo mismo trabajar con una muestra de deportistas, donde el universo de entrevistados potenciales es mucho más grande, que enfocarte en los entrenadores”, dice Verónica.
Si vamos a hacer una encuesta sobre obreros de la construcción, nuestro universo de trabajadores será mucho mayor que si la hiciéramos sobre propietarios de empresas de construcción. Sucede lo mismo si comparamos una encuesta entre votantes de una elección y otra sobre candidatos presidenciales de esa misma elección. 87, entonces, es un buen montón. Sigamos adelante.
El burnout en entrenadores
¿Qué es lo que se sabe sobre el burnout en los entrenadores? Sobre lo que pasa con los deportistas algo ya hemos hablado en la nota previa que le hicimos a Verónica. Viendo todo el revuelo que se armó con Marcelo Bielsa tras la lánguida participación de Uruguay en el Mundial, queda patente la gigantesca presión a la que están sometidos los entrenadores de fútbol.
“Los entrenadores están sometidos a presiones enormes”, señala Verónica. “Además, teníamos claro que si los deportistas tienen un altísimo porcentaje de sintomatología de burnout, la cabeza, el líder, claramente también los tendría que tener”, dice con bastante lógica. “Lo otro que sabíamos era de las carencias, en cuanto a infraestructura y condiciones laborales, de los entrenadores en Sudamérica. E incluso dentro de Sudamérica esas diferencias son muy grandes entre países. Por tanto, teníamos claro que había un terreno muy fértil para que el burnout se manifestara en una expresión muy alta en los entrenadores”, apunta.
Verónica hace una precisión relevante: “Hay que tener en cuenta que los modelos teóricos que estudian el burnout en deportistas y en entrenadores son diferentes, y en el caso del entrenador responden más a la psicología organizacional y no tanto a la psicología del deporte”. Lo que dice implicó que para este trabajo tuvieran que adaptar cuestionarios y poner a punto herramientas que estaban “pensadas para gerentes o líderes, pero no específicamente para entrenadores”.
“Por otro lado, toda la literatura que hay está hecha en Europa o en Norteamérica, entonces los instrumentos estaban en inglés y muy focalizados en las organizaciones no deportivas, y no teníamos absolutamente nada sobre entrenadores sudamericanos”, agrega.
Finalmente, luego de poner las herramientas a punto, a los entrenadores que invitaron a participar de forma online les hicieron dos cuestionarios: el denominado Sport Commitment Questionnaire-2 (SCQ-2), algo así como Cuestionario de Compromiso Deportivo-2, y el Coach Burnout Questionnaire (CBQ), que se traduce como Cuestionario de Burnout del Entrenador.
El artículo publicado busca ver si las cinco dimensiones medidas por el Cuestionario de Compromiso Deportivo (el disfrute/compromiso, el apoyo social, la inversión personal, las otras oportunidades y las restricciones sociales), se relacionan o no, siendo protectoras o agravantes, con las tres dimensiones medidas por el Cuestionario de Burnout del Entrenador que elaboraron (son las mismas que las del burnout general, las ya mencionadas agotamiento emocional, sensación de logro reducida y la despersonalización). El artículo no reporta en sí cuántos de esos 87 entrenadores de fútbol presentaba sintomatología de burnout. Pero eso es lo lindo de conversar con quienes crean conocimiento: les podemos preguntar por lo que sí saben pero no figura en los artículos.
“Más allá de que este artículo no habla de datos descriptivos, sino más de relaciones entre las distintas dimensiones, vimos sí que los porcentajes de sintomatología de burnout son muy altos entre los entrenadores”, contesta Verónica. Así que vamos a eso.
Un deporte masculinizado
Del total de 87 personas que trabajaban como entrenadores de equipos de fútbol que participaron en la encuesta y completaron los cuestionarios, 81 fueron hombres (93%). ¿Hubo aquí un sesgo que la muestra no pudo evitar? No, más bien el sesgo de género atraviesa al deporte y no a este trabajo científico. “Lo que pasa es que estamos hablando de fútbol. Las muestras se emparejan cuando sumamos a profesores de educación física y entrenadoras de otros deportes, ahí sí aparecen profesoras y entrenadoras, pero el fútbol es predominantemente masculino. Y eso nos habla del fútbol”.
“La proporción de mujeres entrenadoras en el fútbol es mínima. Incluso en este cuestionario les preguntábamos con qué población trabajaban, si masculina o femenina. Lo que pasaba es que por más que tuvieran equipos femeninos el entrenador era un varón, no una mujer. Más aún, los equipos femeninos no tienen cuerpos técnicos femeninos, y ni qué hablar a la inversa, un equipo masculino con una entrenadora mujer es casi una utopía, salvo lo que pasó en Inglaterra hace muy poquito. Esa es otra de las realidades del fútbol sudamericano.
¿Qué tan quemados están los entrenadores de fútbol sudamericanos?
“Es importante decir que este trabajo se realizó antes del Mundial. La muestra se tomó a fines de 2025, a propósito, para que coincidiera con el final de la temporada deportiva, ya que buscábamos ver si efectivamente los entrenadores estaban desgastados después de un año de trabajo”, enmarca Verónica.
“Los datos que tuvimos son alarmantes. Como en otras muestras realizadas a deportistas, vimos que cerca del 70% de los entrenadores presenta sintomatología. No es que ese 70% tenga diagnóstico de burnout, pero sí presenta síntomas en alguna de las tres dimensiones que lo conforman”, comenta.
Así las cosas, los entrenadores están tan quemados o desgastados anímicamente como los deportistas. “Es que el burnout, al ser multifactorial, implica que por un lado o por el otro las personas que están en un trabajo de alta exigencia en el que los resultados priman van a estar expuestas a él”, sostiene Verónica.
Veamos ahora, dada la alta prevalencia de sintomatología en alguna dimensión del síndrome del quemado, qué encontraron sobre factores protectores o promotores del burnout.
Gozar y apoyar más
Al cruzar las respuestas en las seis dimensiones del Cuestionario de Compromiso Deportivo con las respuestas en las tres dimensiones del Cuestionario de Burnout para Entrenadores aparecieron algunas correlaciones de interés. “Allí emergieron variables protectoras y otras que no lo son”, comenta Verónica. “Vimos que al puntuar alto en la variable ‘diversión’, la probabilidad de tener burnout se reduce en las tres dimensiones”, señala. “Esa dimensión no se trata solo de que la persona se vaya a divertir, habla del disfrute de la tarea, de si apasiona al entrenador, del goce por lo que hace. Tiene que ver con la satisfacción por la tarea realizada, con sentir que se está en lo que uno siente que está llamado a hacer, con el proyecto vital, el ikigai del que hablo en mis otras líneas de investigación”, sostiene Verónica.
El ikigai es un concepto que viene del japonés y que significa algo así como “razón de ser”. Como ya nos había dicho Verónica en otra ocasión, es “como la contracara del burnout”.
El trabajo reporta que en ese caso de puntuar alto en la dimensión de “disfrute/compromiso”, la probabilidad de presentar síntomas asociados al agotamiento emocional se reduce 27%, 40% en los síntomas relativos a la reducida realización personal y 33% a los de la despersonalización.
Encontraron entonces que ese goce y compromiso eran protectores. Sin embargo, eso no asegura que las personas no presenten síntomas. “Es el más protector de todos, por lo que podemos decir que es un predictor. Cuando en una institución se favorece que el entrenador pueda gozar su tarea, que pueda sentirse satisfecho, bajan de forma significativa las posibilidades de síntomas de burnout en las tres dimensiones de este”, puntualiza Verónica. “Después vimos que había otras combinaciones, pero no eran tan potentes como este disfrute”, desliza.
Está el caso del soporte social, que tuvo un efecto moderado en el agotamiento emocional y la despersonalización, pero de 29% en la reducida realización personal. “Sí, solo se relaciona muy fuerte con una de las dimensiones del burnout, que es la sensación de logro o la reducida realización personal. Cuando el entrenador siente que hay apoyo, que lo respetan, que lo valoran y aprecian, tanto en lo familiar como en lo organizacional, esa sensación de reducido logro baja”, sostiene Verónica.
“Lo mismo pasa con la dimensión de las inversiones personales, también solo afecta a esa sensación de logro. Cuando el entrenador siente que invierte en sí, que mejora, que se forma como profesional, aun cuando pone muchos recursos personales, disminuye la reducida sensación de logro, pero no se reduce ni el agotamiento emocional ni la despersonalización”, comenta.
Según el trabajo, la inversión personal positiva puede bajar en 27% la reducida sensación de logro. Luego vieron otra dimensión, la de otras alternativas, que sí tuvo un efecto importante en las tres dimensiones, pero en ese caso no tenía un protector, sino el contrario.
Luego reportan que “las otras alternativas” aumentaron 47% las probabilidades de presentar síntomas en el agotamiento emocional, 56% en la reducida sensación de logro y 43% en la despersonalización. Uno al ver esto se pregunta si lo que incide es no tener alternativa de hacia dónde ir o, al contrario, saber que hay otras alternativas pero no poder aprovecharlas.
“Ambas cosas pueden incidir”, sostiene Verónica. “La persona que está en el fútbol ama estar ahí. Cuando ve que está en un lugar donde no disfruta, donde no se siente apoyado, su primera alternativa no es querer irse, sino que lo primero que hace es aferrarse. Hay un concepto dentro del compromiso deportivo que se llama atrapamiento, que es un compromiso negativo, porque no es que la persona se quede por placer o disfrute, sino que se queda porque tiene terror de irse a otro lugar o porque siente que no va a ser capaz de hacerlo bien en otro lado o en otra actividad”, explica.
Verónica Tutte.
Foto: Ernesto Ryan
Esto no es algo nuevo para Verónica. “Lo mismo les pasa a los deportistas, que, por ejemplo, te dicen que si no son jugadores de fútbol no saben hacer nada y se quedan jugando al fútbol aunque pasen muy mal porque tienen miedo de abrirse a otras opciones de vida”, ejemplifica.
“Después, lo otro que aparece, en caso de haber otras oportunidades, es la duda de si no les pasará lo mismo al irse a otro lado. Porque la persona que ve este desgaste, este agotamiento, empieza a pensar que el fallo es de él o de ella y no del sistema. Si es así, sienten que si se van a otro lugar les puede pasar lo mismo, por lo que la sensación es la de estar atrapado, y se da ese quedarse donde están no porque lo elijan, sino porque no se pueden ir”, señala.
“El solo hecho de pensar en otros clubes, o de pensar una actividad alternativa, genera un desgaste mayor, genera conflictos internos, y por tanto se quedan quietos, como paralizados. También en esto hay presiones del entorno, de las familias. Por ejemplo, hay familias de entrenadores que les dicen que no se pueden ir del club en el que están porque eso es lo que les da de comer. Y ese quedarse, sintiendo que te estás prendiendo fuego pero pensando en que no podés defraudar las expectativas de la familia, del entorno, se da mucho”, amplía Verónica.
Dejar de apuntar a las personas y mirar a las organizaciones
“Lo que empieza a aparecer en esta investigación es lo importante que resulta la organización donde las personas trabajan”, explica Verónica. “Porque acá, al hablar del compromiso deportivo desde el punto de vista organizacional, vemos que hay variables que son sumamente protectoras, como que el entrenador disfrute plenamente de su tarea. Pero hay otras que tienen que ver con los apoyos sociales, que no dependen solamente de la familia y el entorno del entrenador, algo que es más personal, sino también del tipo de organización y los soportes que tiene esa cultura organizacional”, se explaya.
Es difícil no leer el trabajo que publicaron en clave del fútbol uruguayo, donde si un equipo pierde tres partidos seguidos, de inmediato hay dirigentes, prensa y redes reclamando la renuncia del director técnico. La gente puede ser despiadada. Y la prensa deportiva aún más. Pero para Verónica lo peor no es eso. “Sí, lo de los hinchas y redes es parte de un apoyo social, vamos a llamarle, ‘ambiental’ o de la sociedad. Pero lo que más le impacta al entrenador es la falta de apoyo organizacional dentro de su propia institución”, remarca.
“Lo que más les pesa es cuando hay un runrún dentro de la propia organización. Eso después puede salir a la prensa o no, pero ese entrenador ya sabe que su puesto no está seguro o que si se queda se le pueden reducir sus condiciones laborales, como que se le baje el sueldo o se le quiten apoyos que antes tenía. Porque no se trata solo de que te hagan saber que tu puesto está tambaleando, hay también otras formas subliminales de quitar apoyos, como cuando te empiezan a quitar la posibilidad de tomar decisiones o de traer jugadores, o que te quiten personas del equipo. Todas esas son maneras de empezar a mostrarle al entrenador que el apoyo se está reduciendo. Hay muchas que son muy visibles, y otras no tanto, pero están y les empiezan a hacer sentir presión a los entrenadores”, puntualiza Verónica.
“El proyecto deportivo por supuesto lo tiene que proponer el líder, que es el entrenador, pero dentro de una cultura organizacional, que en este caso es un club. Por eso esta variable del compromiso deportivo, que es puramente organizacional, es tan importante, ya que nos empieza a mostrar al club como un lugar fundamental, ya sea para cobijar y cuidar a ese entrenador como para empujarlo al burnout”, sostiene.
“El burnout es algo individual, eso está claro. Pero sucede que siempre nuestras acciones están enfocadas a las personas; les pedimos o alentamos a que tengan mejores estrategias de afrontamiento o que manejen mejor las emociones, pero nos olvidamos de pedir a las organizaciones que creen mejores climas laborales o que acompañen a los trabajadores cuando las cosas no están bien”, se queja.
Verónica propone entonces hacer un cambio importante de enfoque: “Dejemos de pedirle a la persona que ya está agotada que siga haciendo esfuerzos para no quemarse. Estos trabajos nos llevan a cambiar esa visión. La mirada ya no está puesta en esa persona, en este caso, el entrenador, sino en la organización, en este caso, el club de fútbol”.
Cargo sin perfil, entrenadores quemados
“En todas las empresas hay un perfil del cargo. ¿Cuáles son las tareas que tiene que hacer tal persona? ¿Cuánto tiempo le va a demandar? ¿Qué va a implicar? ¿Va a tener un sistema de premios? ¿Cómo va a ser promovida? ¿Cuáles serían, por decir de alguna manera, los castigos por no alcanzar determinadas metas? En los entrenadores eso no se da”, señala Verónica, que además dice que el problema va más allá de los entrenadores de primera, que son los que se llevan la mayor parte de la atención.
“En formativas muchas veces son contratados pensando que van a trabajar tres horas, que es lo que lleva el entrenamiento, y de repente les empiezan a pedir que se queden a esperar a que vengan los padres a buscar a los gurises, a que llegue el ómnibus, que los acompañen a comer en la residencia o a entregar la planificación o a reuniones quincenales. Cuando firman el contrato muchas de esas cosas, o ninguna, se las dijeron, y entonces una tarea que se suponía que implicaba unas tres horas empieza a llevar seis”, relata con gran conocimiento de causa porque ha dado varios talleres y cursos con entrenadores.
“A eso se le llama conflicto del rol y pasa en muchos trabajos. Pero cuando tenés el perfil de cargo, eso se resuelve. En el deporte el perfil de cargo no existe. Los clubes tienen perfiles de cargo para los administrativos, para los dirigentes, pero no para los entrenadores. El principal responsable de que el equipo rinda, que tenga adherencia, no tiene claro cuál es su rol, en ningún lado está estipulado qué es lo que se espera de su tarea”, dice.
“Cuando doy cursos para entrenadores y hablo de esto, abren los ojos y me dicen que es verdad, que nunca tuvieron claro en su contrato cuáles eran las tareas a las que se comprometían, que a veces se comprometen a resultados, a llevar a copas, pero no se identifica qué implica su tarea como entrenador. Esa ambigüedad, esa incertidumbre, ese conflicto de rol, es una de las variables organizacionales del burnout y aumenta la sintomatología”, remarca.
¿Atrapados sin salida?
El trabajo arroja entonces que los entrenadores están tan quemados como los deportistas. El burnout está más o menos generalizado en el deporte profesional. “Esto quiere decir sí que este modelo se da en el contexto del deporte, es como que no discrimina por rol. La dinámica del deporte arrasa a entrenadores y deportistas casi por igual”, dice Verónica, y aclara que los niveles y dimensiones de la sintomatología fueron medidos con instrumentos y modelos teóricos diferentes.
Ella habla del atrapamiento y de lo necesario que es hacer algo al respecto. Pero el asunto es que si de 87 entrenadores de fútbol, 81 sienten síntomas de burnout, parecería que no hay mucho lugar a donde ir. Es decir, si todos tus colegas están tan quemados como vos, la única que queda es cambiar de profesión o laburo. O tal vez podríamos pensar en cambiar la cultura laboral de los clubes de fútbol... “Creo que las ligas más importantes y los reguladores del deporte, FIFA y Conmebol, porque estoy pensando en los equipos sudamericanos, tienen que empezar a hacer un trabajo importante respecto de la salud mental de los entrenadores y deportistas”, dice Verónica luego de meditar el asunto.
“Las ligas y las formas de competencia que promueven no son saludables y nos tendremos que preguntar si son deportivas. En lo personal, pienso que el fútbol ya no es un deporte. Cada día tiene más que ver con un mundo empresarial de otros intereses que no responden a los deportivos. En el deporte hay una visión de los valores, del fair play, del cuidado hacia la salud, y cuando ves que los intereses empresariales te llegan a cambiar la dinámica de una liga, como por ejemplo, cortar para poner publicidad en medio de un Mundial, queda en evidencia que lo que prima no es el deporte”, sostiene.
“Que los futbolistas están más pendientes de las marcas y de ser mirados que de su propio desempeño deportivo y de su salud es algo que en otras disciplinas deportivas no pasa. La dinámica del fútbol muchas veces no está respondiendo a una dinámica deportiva, sino a una dinámica empresarial y comercial, por lo que los deportistas y los entrenadores pasan a un segundo plano. Entonces estamos alejando a nuestro deporte más masivo de las propias características del deporte”, enfatiza.
“Si seguimos con estas dinámicas, una de las grandes posibilidades es que se termine reduciendo la edad deportiva, porque esto así no se aguanta, más allá de que hay casos excepcionales de deportistas que están jugando un mundial con más de 40 años. Tenemos una tasa de deportistas que está dejando cada vez a menor edad el fútbol y lo están dejando además por problemas de salud mental”, precisa Verónica.
“Deportistas y entrenadores están pagando con su salud mental y también con la física. En estos trabajos abordamos el burnout, porque trabajamos en el aspecto mental, ¿pero cuántos entrenadores terminan en un CTI con un paro cardíaco, con enfermedades crónicas y demás?”, inquiere. “Creo que ahora se tiene que venir un cambio organizacional. Ya no le podemos pedir al individuo más de lo que ya hace, más de lo que ya invierte, ni más de lo que ya deja de su vida personal. El cambio tiene que venir de la estructura”, dice entonces.
Verónica siente cierta impotencia y frustración. Cuenta que se ha presentado en los últimos 15 años a los llamados de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación con proyectos que abordan la salud mental en el deporte y que, si bien siempre le dicen que su propuesta es de calidad, nunca obtuvo financiación. Cuando concurre a congresos internacionales sobre psicología del deporte, a veces es la única investigadora presente, ya no solo de Uruguay, sino de toda Sudamérica. Cuando organiza charlas y simposios gratuitos sobre el tema, no concurren ni autoridades de la AUF, ni del Comité Olímpico, ni de la Secretaría de Deporte, ni menos aún legisladores o tomadores de decisiones (para la semana que viene está organizando, en conjunto con la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales, un encuentro sobre ludopatía en jóvenes deportistas y está convencida de que, nuevamente, no concurrirá ninguna autoridad).
“Si no pensamos que hay que mover una ficha distinta, esto no va a cambiar. Más allá de lo discursivo, ¿realmente preocupa la salud mental en el deporte? Con la madurez que ya tengo en mi carrera y en mi etapa vital, me inclino a pensar que no, porque si preocupara, se harían cosas, se invertiría. En el deporte hay un pensamiento mágico, lamentablemente relacionado con lo de la garra charrúa. Las cosas que no entrenamos, que no hacemos y que no preparamos, confiamos que el día del partido van a salir. Eso es una fantasía, es como el niño que no estudia pero piensa que el día de la prueba va a tener suerte. Si no invierto, no entreno, no trabajo y no hago, ¿por qué los resultados van a ser diferentes? Es un engaño”, afirma Verónica.
“Estamos en una etapa muy infantil de la salud mental en el deporte y del deporte competitivo en Uruguay, invirtiendo poco y esperando mucho. No se invierte, no se hace nada, pero el día de las competencias, el día de los juegos olímpicos, el día del partido, confían en que las cosas van a salir o en que nuestros deportistas van a estar saludables. ¿Por qué si no se hizo nada para eso? ¿Qué es lo que va a cambiar que haga que el fin de semana la realidad sea diferente? Así piensan los niños. Pensamiento mágico. Quienes toman decisiones en el ámbito deportivo tienen un pensamiento mágico en relación con la salud mental en el deporte”, redondea.
Una vez más, estamos aquí ante una ciencia que nos lleva a tratar de cambiar el mundo que nos rodea. No mediante una nueva start up, no mediante una app que haga cosas impensadas, no mediante inteligencia artificial ni desarrollos tecnológicos, aunque todas esas cosas podrían ayudar a combatir los problemas de salud mental en el deporte. Aquí la ciencia se limita a describir algo que sucede y señala correlaciones. Si nos dejamos sensibilizar por lo que nos muestra, ya estaremos un paso más cerca de erradicar una cultura en el deporte que atenta contra la salud mental de quienes lo protagonizan.
Artículo: Sport commitment and burnout in South American football coaches
Publicación: Motricidade (julio de 2026)
Autores: Mario Reyes, Verónica Tutte, Regina Brandão, David Peris y Alejandro García.
