La idea está en el aire, pero ha causado bastante revuelo como para aterrizar. El 16 de abril la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica del Ministerio de Defensa presentó ante el Ministerio de Ambiente la comunicación del proyecto para construir el Aeropuerto Internacional de Rocha en un predio de 209 hectáreas ubicado entre las lagunas Garzón y Rocha, sitios que además son áreas protegidas por su riqueza de biodiversidad y servicios ecosistémicos. Un informe de la cartera ambiental consideró que la iniciativa se encuentra entre los “proyectos de actividades, construcciones u obras cuya ejecución pueda producir impactos ambientales significativos”, por lo que le puso la peor nota posible, la letra “C”. Los predios pertenecen a la Corporación América Airports (grupo empresarial que maneja los aeropuertos de Uruguay).
“Como rochense quiero que haya aeropuerto”, declaró el intendente Alejo Umpiérrez al programa 5 Sentidos de Televisión Nacional, para luego decir que entre el predio entre las dos lagunas y otra ubicación alternativa, en el cruce del camino del Caracol y la ruta 9, preferiría la segunda, ya que eso “estaría más cerca de Rocha y sería un aeropuerto 'más Rochense'”. Es que el predio pensado está más cerca de José Ignacio, en Maldonado, que de las playas más concurridas de Rocha o de su capital.
A la idea pronto se le sumaron objetores desde la sociedad civil, como Red Unión de la Costa y Conservación de Especies Nativas del Uruguay, y la Fundación Lagunas Costeras llegó a enviarle una carta al presidente Yamandú Orsi. La academia también reaccionó. Una muestra de eso es un reciente informe del Centro Universitario Regional Este (CURE) de la Universidad de la República (Udelar), firmado por especialistas de diversas áreas del conocimiento, que exhorta “a estudiar exhaustivamente otros emplazamientos viables más alejados de las lagunas sensibles, enfatizando buscar sitios adecuados sobre la ruta 9 para aumentar la relación costo-beneficio del proyecto, derramando a otras necesidades del departamento de Rocha y minimizando los impactos ambientales”.
Es que tras un detallado análisis, remarcan que si bien la ubicación propuesta para el aeropuerto “no está estrictamente dentro de ninguna de las dos áreas protegidas, sí se encuentra en una zona de importante afectación del paisaje directamente relacionado con ambas”. Ejemplo de eso, reza el informe, es que la laguna de Rocha es “uno de los sitios más importantes para la conservación de las aves en Uruguay y en el hemisferio occidental”. Pero no todo es biodiversidad. También señalan que “a pesar de la creencia común, los estudios indican que no hay una correlación positiva fuerte ni clara entre el transporte aéreo y el desarrollo económico local”, y que “el crecimiento económico vinculado a los aeropuertos tiende a concentrarse en áreas específicas de la región que ya están en crecimiento y no necesariamente se distribuyen hacia zonas adyacentes”.
Ahora, una nueva publicación, aunque no menciona ni habla del aeropuerto, nos puede ayudar a ver el asunto desde una escala más amplia. Titulado algo así como Los lagos costeros subtropicales poco profundos del sur de América como ecosistemas únicos para monitorear los cambios inducidos por el ser humano en los ecosistemas, el artículo lleva la firma de autores de instituciones de Brasil, Suecia y Alemania, entre los que se encuentran también Cecilia Alonso y Luciana Ramilo, del Grupo de Ecología Microbiana en Sistemas Acuáticos, del CURE, sede Rocha, y Néstor Mazzeo, del Instituto Saras y del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental del CURE, sede Maldonado. Sin meterse con el proyecto aeronáutico, la ciencia allí pide pista: lo que proponen es justamente que los lagos y lagunas costeras del sur de Brasil y Uruguay forman parte de un sistema único, que están interconectados, y que tenemos la oportunidad y casi la obligación, de estudiarlos más en profundidad y protegerlos ante el avance de la presión antrópica.
Veamos entonces qué dicen estos 31 investigadores e investigadoras y luego veamos qué dice Néstor Mazzeo, uno de los yoruguas de la publicación.
Un sistema y modelo único
“Con una extensión de aproximadamente 1.000 kilómetros de la costa sureste de Sudamérica, el cinturón de lagos y lagunas costeras del sur de Brasil y el este de Uruguay forma uno de los sistemas continuos más extensos de su tipo”, dicen los autores en el trabajo, y mencionan además que hay más de 100 de estos lagos y lagunas.
Dentro de este sistema está, por ejemplo, el complejo Patos-Merín, del que dicen que es “el sistema de lagunas costeras más extenso del mundo”, así como “una serie de lagos interconectados y aislados que abarcan cinco grados de latitud, desde los 30°S hasta los 35°S”, abarcando “casi toda la zona climática subtropical hasta la zona templada del hemisferio sur”.
También destacan que, “además de las lagunas salobres, tanto en Uruguay como en Brasil, esta región alberga grandes cuerpos de agua dulce cerca del océano, algo poco común en las costas sedimentarias”. Esta excepcionalidad de contar con lagunas y lagos de agua en zonas próximas a la costa se debe a “altas tasas de precipitación y escurrimiento, acuíferos estables de agua dulce bajo la barrera costera y aportes masivos de agua dulce de las principales cuencas hidrográficas”. ¿Eso es bueno? ¡Buenísimo! Pero...
“Las influencias antropogénicas son muy fuertes en esta región y afectan claramente a estos ecosistemas costeros, con condiciones que van desde oligotróficas hasta hipereutróficas debido a las importantes aguas residuales urbanas y la escorrentía agrícola”, dicen. En otras palabras: estamos ante un sistema sin parangón en el mundo, pero que está sometido a grandes desafíos. A eso se agregan “eventos climáticos extremos” que “han provocado cambios ecológicos abruptos en varios sistemas”.
En el trabajo, el equipo internacional establece cuatro “subsistemas” de este gran sistema que deberían ser “centinelas para la observación e investigación integrada”, dado que son “representativos” y tienen “monitoreo histórico y proyectos activos”, a saber: el Sistema del Río Tramandaí (en Brasil), el Sistema de la Laguna de Patos (en Brasil), el Sistema Mangueira-Merín (compartido entre Brasil y Uruguay) y el Sistema de las Lagunas Uruguayas (como la grappamiel: nuestra solamente nuestra).
Sobre el Sistema de las Lagunas Uruguayas señalan que “incluye varias lagunas clave como la Negra, la de Castillos, Rocha, Garzón, Escondida, José Ignacio, Blanca, del Diario y del Sauce”. Agregan que abarca “desde áreas relativamente bien conservadas dominadas por pastizales nativos hasta cuencas que experimentan un rápido cambio en el uso de la tierra debido a la agricultura, la forestación y la expansión urbana”, así como que el Sistema de Lagunas Uruguayas “tiene gran importancia social y económica, ya que sustenta servicios ecosistémicos esenciales que son utilizados intensamente por la población, como el suministro de agua potable, las pesquerías artesanales continentales más importantes de la costa y el creciente ecoturismo”.
A propósito de estos cuatro sistemas representativos, describen que “entre los principales factores de estrés antropogénicos y climáticos exhaustivamente documentados se incluyen la eutrofización, la escorrentía urbana y agrícola y los contaminantes emergentes (como productos farmacéuticos, pesticidas, microplásticos), junto con el rápido cambio del paisaje y fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes debido al cambio climático”.
Finalmente, sostienen que “los gradientes espaciales y ambientales de estos más de 100 lagos son ideales para estudiar patrones ecológicos a gran escala y ofrecen una base sólida para el diseño experimental que permita desentrañar las interacciones entre el uso del suelo, la hidrología, la biodiversidad y la variabilidad climática”. Así las cosas, posicionan “al sistema de lagunas y lagos costeros poco profundos subtropicales de América del Sur como un modelo a gran escala, único a nivel mundial” y como “un nexo de colaboración para probar la teoría ecológica y gestionar el agua dulce en un contexto de cambio climático y socioeconómico acelerado”.
Sumándose al trabajo
“Esto nace de una interacción entre grupos de Uruguay y Brasil. Dentro del grupo de Uruguay, esa interacción inicial involucra a Cecilia Alonso y a Luciana Ramilo a través de una reunión de trabajo que se desarrolló en Brasil junto con equipos radicados en Alemania y Suecia, que tenía por objetivo profundizar el intercambio entre los distintos grupos de investigación. Producto de esa interacción surge la posibilidad de publicar este artículo”, comienza a recapitular Néstor Mazzeo al preguntarle cómo es que se sumó al trabajo.
¿Por qué son tan interesantes estas lagunas y lagos costeros? “Por un lado, estos sistemas, desde el punto de vista biológico, se ubican en un territorio con múltiples conexiones espaciales que condicionan diversas dinámicas a nivel poblacional, comunitario y ecosistémico, ya sea si uno está focalizado en el componente aves o si estás analizando componentes más microscópicos como el plancton”, señala Néstor. “Por otro lado, estas lagunas también presentan gradientes naturales muy interesantes, por ejemplo en términos de salinidad o de latitud, pero también diversos gradientes de presiones antrópicas. Hay lugares que están más aislados, otros más cercanos a centros urbanos, otros más presionados por la producción de alimentos”, sostiene. “Así que por múltiples razones, el artículo trata de llamar la atención sobre que este sistema es un área súper interesante como modelo de estudio, sobre todo para entender y profundizar más sobre las interacciones ser humano-naturaleza, de manera de poder gestionarlas mejor”.
“En particular, llego a esta historia porque con uno de los integrantes que lideró este proceso, David da Motta Marques, del Instituto de Investigación Hidráulica de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, desarrollamos hace 20 años un proyecto que se llamó Salga, que es el acrónimo en inglés de South American Lake Gradient Analysis”, dice Néstor (en español sería algo como Análisis de Gradiente de Lagos de América del Sur). “Para ese proyecto hicimos un estudio de campo de casi 100 lagos desde Natal hasta Tierra del Fuego. De ese gran número de lagos que estudiamos, unos cuantos están dentro del área definida por este trabajo, y por eso David sugirió a quienes participaron del encuentro que se ampliara el conjunto de investigadores participantes”, redondea Néstor.
Descentralizar para cooperar
“Una cosa que vale la pena resaltar es la gran cantidad de investigación que hay sobre este conjunto de sistemas realizada en los últimos diez o 15 años, tanto del lado brasileño como del uruguayo. Y buena parte de esas investigaciones implica colaboraciones binacionales”, destaca Néstor.
“Por ejemplo, la interacción que hay en este momento entre el grupo de investigación de David da Motta en Brasil y el grupo de Felipe García Rodríguez, del CURE, es impresionante, con tesistas de posgrado y posdoctorado de los dos lados. Es un lindo ejemplo de cooperación binacional muy estrecha”, enfatiza.
“En esa cooperación binacional, las universidades federales y estaduales del sur de Brasil son muy importantes. Se trata de universidades grandes y con una gran vocación de interactuar, por lo menos estos grupos, con Uruguay. Lo otro que también explica parte de esta interacción virtuosa entre ambos países es el proceso de descentralización de la Udelar. Esto, si se quiere, es en parte consecuencia de eso”, menciona Néstor. Podemos sumar entonces estos efectos a otros muy positivos reportados para la descentralización de la Udelar. “Toda esta cantidad de contribuciones que te decía, que involucra a Felipe García y David da Motta, se profundiza a partir del proceso de descentralización de la Udelar, eso es clarísimo”, remarca Néstor.
Sitema de lagos y lagunas costeras subtropicales de Sudamérica. Tomado de Mariana Kluge y otros 2026
Pensando en el aeropuerto y las lagunas costeras
“En el debate sigue predominando un análisis dicotómico entre protección del ambiente o desarrollo. En ese esquema binario no podemos seguir”, reflexiona Néstor. Suena coherente. ¿Es mucho pedir desarrollo y protección del ambiente al mismo tiempo?
“Otra cosa que llama la atención es cómo se fue dando el proceso. Entran primero distintos componentes y direcciones del Estado y después interviene el Ministerio de Ambiente. ¿No es más lógico que esté Ambiente desde el principio, trabajando en conjunto y a partir de ahí definir las mejores zonas para el proyecto de aeropuerto?”, reflexiona Néstor. “El proceso está atravesado por esta perspectiva binaria que hace que se pierdan en gran parte los ejes de la discusión”, agrega.
“Esa localización es extraña. Si se siguieran las directivas mínimas del ordenamiento territorial, nunca lo pondrías ahí, independientemente de todas las consideraciones ambientales”, dice sobre el sitio de emplazamiento. “A veces tengo la sensación de que estamos como el cierre de la película Forrest Gump, que somos como esa pluma que está a merced del viento, que vamos hacia dónde nos lleven. Hay que poner más pienso en hacia dónde queremos ir. Como decía Gerardo Caetano en una nota en la diaria, esto tiene que ver con las narrativas de futuro. Gran parte de la discusión pasa por ahí, hay que discutir hacia dónde ir. Más aún cuando definir ese hacia dónde ir también orienta a la inversión”, dice Néstor.
Interés más allá de la región
“Aquí hay un punto que creo que puede ser inspirador. Hay una teoría que es muy importante para nuestra comprensión de los sistemas de agua corriente, ríos, arroyos y cañadas, que se denomina 'teoría del pulso de inundación'. Esa teoría aparece en 1989, propuesta por un grupo de alemanes que está estudiando en un centro muy importante en el Amazonas. Ese mismo grupo, con ese mismo objetivo, si no hubiera estado ahí, nunca hubiera llegado a esa teoría, porque en toda Europa no encontrás un río grande que no esté regulado, que no tenga diques que separen los cauces principales de la planicie de inundación. Este antecedente se vincula a los mensajes centrales de este trabajo”, dice entonces Néstor.
¿En qué otro lugar del planeta hay 1.000 kilómetros de lagos y lagunas subtropicales en las condiciones ambientales que compartimos con Brasil? ¿Será que de aquí saldrán otras teorías como la de los pulsos de inundación que no podrían basarse en evidencia relevada en otras partes?
“Justamente, el artículo enfatiza que acá hay una especie de laboratorio natural que involucra toda esta área, que es muy interesante analizarla en conjunto por los procesos ecológicos que conectan todos estos componentes. Y además, por ser un territorio que tiene muchos gradientes naturales, pero también de presión antrópica, lo que lo hace muy útil para tomarlo como modelo de estudio. A eso apunta este artículo. Ya que el sistema está sufriendo muchas alteraciones y hay procesos que no llegamos a comprender en la actualidad, estaría muy bueno concentrar en este 'experimento natural' la mayor capacidad de investigación y articulación de equipos y disciplinas. Creo que ese es el mensaje fundamental”, sostiene Néstor.
“Esto de los experimentos naturales comienza a ser un enfoque muy importante en la generación de conocimiento”, agrega. “Para ir a un ejemplo concreto vinculado al Uruguay, tenemos el tema de la gestión del campo natural. Aquí hay muchas variantes, hay productores que hacen pastoreo rotativo, otros no, otros complementan con forraje en determinados períodos, otros no, y así. Cuando contemos con la capacidad de analizar cómo gestionan el campo natural esos miles de productores y entender ciertas respuestas, por ejemplo cómo sobrellevan una sequía, estaremos ante experimentos naturales con establecimientos con características similares, que debido a sus diferentes estrategias de manejo pueden presentar respuestas diferentes. ¿Cómo incide en la capacidad de adaptación a la sequía el pastoreo rotativo y evitar la sobrecarga ganadera? ¿Cómo incide la complementación de forraje?”, dice didácticamente.
“Lo que proponemos con estos sistemas de lagos y lagunas costeras es lo mismo. Es un conjunto muy grande de sistemas, algunos más conectados al mar y otros menos, algunos con más presión humana y otros más conservados, etcétera, lo que brinda la oportunidad de abordarlos como un gran experimento natural”, remata.
El trabajo también nos aporta dimensiones clave a considerar en el análisis de dónde emplazar un aeropuerto entre dos lagunas de alta biodiversidad que prestan valiosos servicios ecosistémicos, evitando consecuencias sociales, económicas y ambientales adversas.
“Creo que el trabajo también contribuye al decir que no debemos perder la oportunidad de analizar esta área más allá de los límites administrativos, porque es una unidad y hay procesos que operan en esa escala”, dice.
“Hay otro elemento que conscientemente o inconscientemente está jugando y es que esta es un área que ha tenido muchas alteraciones, fundamentalmente por la producción de arroz, y en el caso de Brasil, también por el desarrollo de grandes ciudades y puertos. Muchos de esos procesos han sido estudiados y se comprenden claramente sus efectos. Pensemos nomás en todas las investigaciones del equipo de Omar Defeo respecto a los efectos del canal Andreoni en la playa de la Coronilla. Ahí tenés un ejemplo concretísimo de una transformación y hay muchísimos estudios, tesis y publicaciones a lo largo de años, que dan cuenta del impacto que esto tuvo y tiene en la zona costera”, señala Néstor.
La Coronilla, previo a la segunda etapa del canal Andreoni, era la joya de la costa rochense. Hoy es un balneario en el que el pecho se cierra al respirar el aire de lo que fue y de lo que ya nunca será.
“Volviendo a lo de Caetano, a esto de las narrativas de futuro, implica entender que estos procesos pueden plantear sinergias o soluciones de compromiso. No vas a tener soluciones óptimas, sino soluciones más y menos satisfactorias. El asunto es ser conscientes de qué ganamos y qué dejamos por el camino en cada alternativa que decidamos transitar”, retoma Néstor.
Mirar a una escala más grande
Si algo deja patente el trabajo es que hablamos de una escala mucho mayor que la que afecta directamente a dos lagunas. Estamos hablando de un sistema de más de 100 lagos y lagunas que se expande por unos 1.000 kilómetros. Lo que hagamos aquí puede afectar a otras partes del sistema.
“Creo que hay que cambiar un poco el modo en que venimos. Hay un problema con la escala de tiempo en donde queremos resolver los grandes desafíos económicos. Estamos demasiado centrados en el corto plazo, lo cual en cierta medida es entendible por los problemas sociales y económicos que tiene Uruguay, pero hipotecamos demasiadas cosas”, razona Néstor.
Si vemos a Rocha como un Punta del Este mal desarrollado, tal vez un aeropuerto allí sea oportuno. Si en cambio lo vemos como un departamento que ofrece cosas que buena parte de Maldonado ya no logra ofrecer, en parte por su desarrollo turístico y urbano, tal vez el aeropuerto entre las lagunas es un tiro en el pie.
“Creo que en esto del turismo deberíamos mirar el fenómeno también con una escala de análisis más amplia. Creo que deberíamos tener una oferta lo más diversa posible. En esa diversidad, ¿tiene sentido tratar de replicar estrategias que recorrió Maldonado en Rocha? ¿No sería más interesante pensar en alternativas complementarias? Tal vez eso implique una asimetría de ingresos entre Maldonado y Rocha, pero desde el punto de vista nacional es beneficioso porque estarías complementando ofertas turísticas. Creo que ese es el tipo de miradas que nos faltan”, señala Néstor.
“Cuando en la región el cambio no nos resulta desfavorable, ¿por qué viene tanta gente del sur de Brasil, de Entre Ríos, de Santa Fe o de Córdoba? ¿Qué es lo que les llama la atención? Por las pocas investigaciones que he leído, hay un tema de escala de los balnearios y su relación con la naturaleza que resulta decisivo. Hay gente que busca una escala determinada de concentración urbana, de contacto con la naturaleza, con la playa por ejemplo”, dice.
“Por otro lado, hay un detalle nada menor. Como quedó de manifiesto de forma notoria con el caso de las construcciones en Punta Ballena, el acceso público a la playa es parte del ser nacional. El derecho a acceder a la playa es como el dulce de leche, el fútbol y el asado, y muchos de los grandes conflictos en la costa tienen que ver con eso. Me ha pasado de estar trabajando con colegas que vienen de California, que a los dos minutos que estás recorriendo la costa te preguntan extrañados cómo es eso de que a la playa podés acceder por cualquier lugar. Nosotros lo tenemos incorporado, no nos damos cuenta, pero ese es un gran capital que tenemos, es una singularidad que para muchos es súper valiosa”, complementa.
Sin ir muy lejos, hay playas en el sur de Brasil, a pocos kilómetros del Chuy, donde se puede bajar con el auto. Los días lindos de temporada puede haber sobre la arena tantos autos como en un shopping en una noche de descuentos.
“Totalmente. Tuve una estudiante de doctorado que era del norte de Brasil y estaba acostumbrada a playas del entorno de Natal o Maceió, paraísos para nosotros. Estábamos en enero trabajando acá en Maldonado y bajamos a la playa Mansa poco después del mediodía. Entonces me dice que le parecía maravilloso. Me quedé sorprendido, tanto que le pregunté si me estaba embromando. Pero no. Me dijo que el silencio de nuestras playas era maravilloso, que le parecía un paraíso. ¡Y era la Mansa en enero!”, recuerda Néstor. “Me contaba entonces que en Brasil bajás a cualquier playa y te encontrás con música a todo volumen, mucha gente escuchando cosas distintas. ¡Mirá en lo que se vino a fijar! Estamos tan acostumbrados a muchas de las cosas que tenemos que ya no las vemos”, agrega.
“Detrás de todo esto hay una gran transformación. De los ambientes que más hemos perdido a nivel global, en esto que ahora denominamos el Antropoceno, están los humedales. Estos sistemas que abordamos en el trabajo aún continúan conservando ciertos elementos sumamente valiosos. No podemos desaprovechar la oportunidad de conservarlos para que no sigan con esa tendencia de pérdida, sino también la oportunidad de estudiar cómo funcionan. Ese es uno de los mensajes centrales del artículo”, enfatiza Néstor.
Las lagunas están allí, no se pueden mover. La ubicación del aeropuerto, sí. El trabajo nos dice que somos parte de algo único. Los aeropuertos de todo el mundo tienden a ser soporíferamente idénticos. Además de pensar narrativas de futuro, vayamos pensando a qué narrativas vamos a recurrir para contarles a nuestros nietos: o bien que en 2026 decidimos no frenar esta locura, o de cómo, apelando a lo mejor de cada parte, logramos ponernos de acuerdo como sociedad sobre hacia dónde queremos ir.
Artículo: Coastal subtropical Southern American shallow lakes as unique ecosystems for monitoring anthropogenic induced ecosystem changes
Publicación: One Ecosystem (julio de 2026)
Autores: Mariana Kluge, Agatha Shubeita, Anna Uchaikina, Cecilia Alonso, Bruna Herrman, Caroline Menegotto, Caroline Lopes, Danielle Pagani, David Marques, Eduardo Moreira, Erik Kristiansson, Isadora Quintana, José Cavalcanti, Juliane Fleck, Karine Ribeiro, Laleh Varghaei, Lucas Oliveira, Lucia Rodrigues, Luciana Ramilo, Luciane Crossetti, Maria Stockenreiter, Mariê Cabezudo, Marla Lima, Nátali Gonçalves, Néstor Mazzeo, Rafael Schneider, Laura Utz, Stefan Bertilsson, Christian Wurzbacher, Ng Haig They y Renata Medina.
