En un país en el que frecuentemente se juega al achique con la ciencia, el propio llamado del Fondo Ida Holz, destinado a proyectos de investigación a cinco años que podrían acceder hasta a 200.000 dólares, ya era una buena nueva. Que encima, al comunicar los fallos, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), en resolución fechada el pasado 12 de agosto, haya decidido premiar no a los 30 proyectos que originalmente pensaba financiar, sino a los 35 que el Comité de Evaluación y Seguimiento consideró de “alta prioridad”, es algo bastante sorprendente y digno de aplauso.
Claro que el vaso siempre se puede ver medio lleno o medio vacío. Se presentaron 80 proyectos al llamado, por lo que los que consiguieron financiación son apenas 43,7%, o lo que es lo mismo, hubo una demanda insatisfecha de fondos para investigar del 56,3%. Por cada diez investigadoras e investigadores que hoy festejan, hay unos 14 que sienten desazón (más aún cuando, en general, sus proyectos no quedan sin financiamiento debido a debilidades o inconsistencias). Es decir, ciencia de calidad hay de sobra; lo que faltan son recursos. Volvamos al vaso medio lleno, y veamos más sobre esta primera entrega de los Ida Holz para saber qué tienen para decir algunos investigadores e investigadoras que lo ganaron y el secretario nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, David González.
80 aportes valiosos
Según consigna el informe de cierre de la ANII, la institución que más cantidad de proyectos de investigación presentó fue la Universidad de la República (55 de los 88, lo que implica 69% del total). Le sigue el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, que depende del Ministerio de Educación y Cultura, con 9 proyectos (11%), casi el doble que los presentados por la tercera institución que más aplicó al fondo, el Institut Pasteur de Montevideo (presentó 5, totalizando 6%). Dentro de la Universidad de la República, la Facultad que más proyectos presentó fue la de Ciencias (13), seguida por Ingeniería y por Química (9 cada una).
El informe destaca también que “más de la mitad de las propuestas recibidas se concentraron” en dos áreas: las “Ciencias Naturales y Exactas”, con 25 propuestas, y las “Ciencias Médicas y de la Salud”, con 21. Las dos áreas con menos proyectos presentados fueron las “Humanidades”, con 3, y las “Ciencias Sociales”, con 8.
En lo que refiere a la equidad de género, un tema polémico porque los responsables y corresponsables de cada proyecto debían, según las bases del llamado, ser grado 4 y grado 5, algo que perjudica a las investigadoras dado el techo de cristal, el informe señala que “54 proyectos presentaron al menos una responsable o corresponsable mujer”. La desigualdad territorial fue más marcada: 70 de los 80 proyectos tuvieron una institución proponente radicada en Montevideo, y solo dos departamentos, Maldonado y Paysandú, donde la Udelar tiene centros como el CURE y el Cenur, presentaron dos proyectos (varios departamentos no presentaron ninguno: Artigas, Rivera, Treinta y Tres, Lavalleja, Canelones, Florida, San José, Flores, Soriano y Río Negro). Sin embargo, al ver dónde se desarrollarían los proyectos presentados, la cosa fue más pareja: 19 abarcarían a Cerro Largo, 18 a Paysandú, 16 a Montevideo, 15 a Canelones y 14 tanto a Rivera como a Soriano.
Finalmente, dado que el fondo Ida Holz, además de entregar hasta unos 200.000 dólares para cada proyecto de investigación, aseguraba otras partidas para becas de doctorado (hasta dos por proyecto, a 36 meses) y una de posdoctorado (una por proyecto y de hasta 24 meses), la demanda presentada de esas becas fue de 152 becas de doctorado y 76 de posdoctorado.
35 proyectos financiados
De los 80 proyectos presentados, se terminaron financiando 35, lo que implica un porcentaje de financiación bastante elevado al compararlo con fondos como el Clemente Estable o el María Viñas: 43,75%.
Aun así, en el informe de cierre de la ANII no se detalla cuántos de los 79 proyectos que pasaron a revisión (uno quedó por el camino por cuestiones formales) fueron evaluados como excelentes o de gran calidad por parte del comité. Ese dato nos permitiría saber cuántos proyectos de excelencia y gran calidad quedaron por el camino, cuánta demanda de financiación de ciencia brillante quedó insatisfecha. Pero entonces, el secretario de Ciencia David González nos cuenta un dato alentador.
“Lo que te puedo decir es que los 79 proyectos que pasaron a evaluación fueron divididos por tres grupos por el Comité Evaluador Internacional: prioridad alta, prioridad media y prioridad baja. En el de prioridad alta quedaron 35 proyectos. Entre esos había 31 que el Comité dijo que no tenía cómo discriminar para llegar a los 30 ganadores. El directorio de la ANII entonces tenía la opción de apoyar 30, 31 o 35. Fuimos por 35”, relata David. “El Fondo Ida Holtz inicialmente estaba previsto que financiara 30, pero hizo un esfuerzo y dispuso más recursos para apoyar a los 35 proyectos de prioridad alta. No sé cuántos excelentes quedaron en otras prioridades, pero sí sé que de los 35 que el Comité Científico falló que había que apoyar, todos fueron apoyados”, agrega.
Del total de los 35 proyectos que recibirán fondos, 63% fueron presentados por la Udelar, 11% por el IIBCE y otro 11% por el Institut Pasteur (la Udelar quedó un poquito subrepresentada respecto a la cantidad de proyectos presentados y el Pasteur un poco sobrerrepresentado, pero se trata de variaciones para nada sospechosas de un sesgo intencionado).
En lo referente al género, 74% de los 35 proyectos ganadores tenían mujeres en roles de liderazgo, y las áreas de conocimiento que se despegaron volvieron a ser las mismas que las que destacaron en la oferta de proyectos: Ciencias Naturales y Exactas (13 propuestas financiadas), y Ciencias Médicas y de la Salud, con 9. La desproporción más grande se dio en el área “Humanidades”: se presentaron solo 3 proyectos y 2 obtuvieron financiación (67%), algo que no pasó en ninguna de las otras disciplinas. En sentido contrario, solo 28,5% de los proyectos presentados en el área “Ingeniería y Tecnología” recibieron financiación (solo 4 de 14).
Hablan los afortunados
¿Cómo reaccionaron quienes, al ver las actas, se encontraron entre los ganadores? Obviamente, con alegría. Pero siempre hay algo más.
“Lo primero en lo que pensé fue en las personas que van a tener trabajo remunerado en el marco del proyecto”, dice Claudia Piccini, investigadora del Centro de Investigación en Ciencias Ambientales del Instituto Clemente Estable y responsable, junto a Carla Kruk, del proyecto “FLORECE – Floraciones de cianobacterias en la era de la contaminación múltiple”.
“Obviamente, fue una reacción de alegría y creo que es también un reconocimiento a la trayectoria que ha ido logrando el Grupo de Ciencias Planetarias a nivel nacional e internacional”, comenta Gonzalo Tancredi, investigador del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y responsable del proyecto “Pequeños cuerpos del sistema solar y exoplanetas: procesos físicos y dinámicos”.
“Sentí una alegría inmensa y enseguida llamé a Ciro Invernizzi, el corresponsable, y a varias colegas para compartir las buenas noticias. Fue un día de festejo. Es un grupo de trabajo que está disperso en el territorio, con investigadoras en Colonia, Rocha, Salto, Paysandú y Montevideo, por lo que ya estamos coordinando una primera reunión para encontrarnos, festejar y comenzar a trabajar”, señala Karina Antúnez, investigadora del Laboratorio de Microbiología y Salud de las Abejas del Instituto Clemente Estable y responsable del proyecto “Salud de los polinizadores en sistemas agrícolas: una mirada integral para comprender y mitigar el impacto de los plaguicidas”.
“Alegría y alivio por haber logrado la financiación de un proyecto con un plazo de ejecución más importante (5 años), en condiciones de una competencia muy exigente y que asegura desarrollar investigaciones con mayor nivel de creatividad y profundidad y, en paralelo, seguir construyendo infraestructura de investigación y sostener procesos de formación de jóvenes investigadores con más tranquilidad”, cuenta Rafael Radi, investigador del Departamento de Bioquímica y del Centro de Investigaciones Biomédicas (Ceinbio) de la Facultad de Medicina, nuestro científico más arriba en el ranking mundial de los más citados y responsable del proyecto “Descubriendo el rol del dióxido de carbono metabólico en la señalización redox y el estrés oxidativo: estudios desde in vitro hasta en humanos”.
Cuando les preguntamos qué implica acceder a este tipo de fondos, de unos 200.000 dólares, a cinco años y con becas para doctorados y posdoctorados, todos coinciden en que lo que tienen por delante es prometedor.
“Acceder a estos fondos implica el aporte de una parte relevante de los fondos necesarios para sostener un laboratorio de investigación biomédica de referencia internacional”, comenta Rafael Radi.
“Nos permite planificar actividades más ambiciosas. En nuestro caso, el proyecto involucra trabajo con comunidades locales y el estar en el marco de una financiación por un tiempo más largo nos posibilita dar seguimiento a ese trabajo, no tener que abandonar cuando estamos en medio de un proceso que es largo e implica generar vínculos y confianza con las personas. Eso es difícil de hacer en tiempos cortos, mucho menos obtener resultados que puedan servir a las comunidades y/o a la gestión”, señala Claudia Piccini.
“Esto permite dar una estabilidad y una proyección a mediano plazo a varias de las actividades que teníamos planeadas, especialmente en lo que hace a las experiencias en relación a la física de medios granulares, tanto en el laboratorio como en campo. A su vez, esto permite consolidar la red de detección de bólidos que tenemos montada en todo el país, la red Bocosur. A su vez, las dos becas de doctorado y la beca de posgrado permiten dar la posibilidad de que se integre gente nueva al grupo o darle mayor estabilidad a algunos de los estudiantes que ya tenemos”, sostiene Gonzalo Tancredi. Por otro lado, enfatiza que “son proyectos a cinco años que, si bien en términos uruguayos es una financiación interesante, si uno lo pone en términos internacionales y en particular en lo que refiere al desarrollo de la parte experimental, sigue siendo un monto relativamente bajo, que nos limita también en el tipo de experiencias y montajes experimentales que podamos desarrollar”.
“Los recursos asociados a este fondo nos impulsaron a ampliar el horizonte, a dejar de pensar en las contribuciones que podemos hacer a corto plazo o a pequeña escala desde nuestro grupo, y abordar la problemática con una mirada global”, remarca Karina Antúnez. “En los últimos años, investigadoras e investigadores de diferentes instituciones nos enfocamos en la salud de los polinizadores, o específicamente en el impacto de los plaguicidas en los polinizadores. Esta propuesta nos permitió aunar esfuerzos y capacidades y proponer un trabajo colaborativo, multidisciplinario, interinstitucional, que va a permitir consolidar un equipo de trabajo fuerte a nivel nacional y regional en esta temática. Esperamos poder aportar a la generación de conocimiento, y que esto se refleje en aportes concretos a las políticas públicas de uso de plaguicidas”, agrega, especificando que “los recursos económicos de este fondo son esenciales para hacer posible un trabajo de esta envergadura, con ensayos grandes de campo y laboratorio, y recorridas por gran parte del país”. También destaca que las becas les permiten “contar con una base fuerte de recursos humanos dedicada exclusivamente al proyecto, lo que le da solidez y continuidad al equipo, nos permite formar jóvenes investigadores y fortalecer las capacidades nacionales para abordar esta problemática a largo plazo”.
¿Habrá más proyectos financiados por el Fondo Ida Holz?
El Fondo Ida Holz está pensado para apuntalar a la ciencia a un plazo mayor que los fondos existentes en otras líneas de la ANII, como los Clemente Estable o María Viñas, que entregan unos 40.000 dólares para proyectos a dos años. Pero esta apuesta a un mediano plazo es incierta: aún no se sabe cuándo ni con qué recursos volverá a convocarse el Fondo Ida Holz. Un esfuerzo único, una única vez, no es apuntar ni al mediano ni al largo plazo.
“Hoy este llamado se hace con un préstamo del BID que era para innovación e internacionalización, pero que tenía también un componente de investigación. Quiere decir que hoy los fondos para hacer un segundo llamado, al corto plazo, no están”, sostiene el secretario de Ciencia, David González. “Pero por eso mismo creo que era muy importante que esto se hiciera bien, de forma transparente, de manera que tenga realmente un impacto. Hoy se hizo con esta ayuda del BID, pero de aquí a dos o tres años, antes de los cinco años, cuando terminen los proyectos ahora financiados, es necesario que el Estado comprenda que esto tiene que tener financiación permanente y que podamos tener un segundo llamado. Este llamado actual tiene que servir como prueba de concepto para poder justificar que se reitere lo más pronto posible un nuevo llamado a un Fondo Ida Holz”, agrega.
“¡Indudablemente se tiene que volver a llamar!”, exclama Karina Antúnez. “Creo que es el rumbo que debe tomar el país”, agrega, para luego citar a Clemente Estable: “En anteriores siglos, la ciencia era obra de genios solitarios; hoy en día el trabajo en equipo conduce a los mayores rendimientos”. Por eso agrega que “el Fondo Ida Holz está alineado con esta idea, promoviendo la investigación científica de excelencia, valorando especialmente el trabajo en equipo y el abordaje interdisciplinario”.
Rafael Radi coincide. “En un país que apuesta a investigación, desarrollo e innovación, como parte de su estrategia de desarrollo, este programa, e inclusive otros más ambiciosos que podrán crearse, deberá encontrar formas de concebirse, sostenerse y expandirse. Eso es lo que muestra además la experiencia internacional en los países que han sido exitosos en modelos de desarrollo basados en conocimiento. Basta mirar lo que pasa con la financiación del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en el Estado de San Pablo, motor de la economía brasileña, para citar un ejemplo regional, a partir de leyes y diseño institucional, que permiten programas similares e inclusive muchos mayores al del Fondo Ida Holz”, declara Rafael.
Gonzalo Tancredi reconoce que “este tipo de proyectos de mediana duración era una larga aspiración que teníamos en la comunidad científica y fue también planteado en reiteradas oportunidades por parte de Investiga Uy”. “Creo que con esta primera edición se atiende una cantidad de proyectos, si bien se terminaron financiando un poquito menos del 50%. Sin duda deben haber quedado sin financiación proyectos de muy buena calidad, y otros que, para algunas limitaciones de la propia convocatoria, capaz que no llegaron a poder presentarse”, agrega. “Me parece que tanto la continuación del Ida Holz, o también iniciativas que viene desarrollando la Udelar, como los grupos I+D, deberían fortalecerse y deberían ampliarse a un mayor número de proyectos financiados”, enfatiza Gonzalo, agregando que “además habría que pensar en algunas iniciativas, quizás no muchas, para atender necesidades de mayor inversión que hay en la comunidad científico-tecnológica, como por ejemplo hacer nuevas convocatorias para equipamiento científico de gran porte”, destaca.
Claudia Piccini desentona: “Creo que otro llamado de estas características no debería repetirse con las mismas bases”. ¿Por qué lo dice? Porque sostiene que “sus bases eran excluyentes”. Entonces desarrolla su punto: “Por un lado, dejan fuera a la mayoría de las investigadoras. Como es ampliamente conocido y estudiado, nuestro sistema científico enfrenta una marcada brecha de género: a las mujeres les cuesta mucho más alcanzar el grado de desarrollo profesional requerido para postularse, debido al techo de cristal que impone la estructura actual. Por otro lado, la convocatoria excluye a investigadores jóvenes. En una sociedad envejecida como la nuestra, donde el liderazgo científico está concentrado predominantemente en hombres de mayor edad, persisten prejuicios hacia la juventud. Esto se evidencia en que gran parte del colectivo investigador suele llamar “estudiantes” a profesionales (ya están todos y todas recibidos o recibidas) que ya están realizando posgrados, o emplear términos como 'los gurises' o 'las gurisas'. Aunque parezcan expresiones cariñosas, reflejan una condescendencia arraigada hacia los jóvenes profesionales”. También señala que “pensar que solo gente que, por la demografía de la ciencia uruguaya, es mayor de 45 y tiene un cargo consolidado en su institución, es la única capaz de llevar adelante un proyecto a cinco años, deja entrever los prejuicios que están detrás y que son sistémicos, no voluntarios”.
El secretario David González destaca que el llamado “convocó a todas las áreas del conocimiento, y efectivamente se presentaron de todas las áreas del conocimiento, y fueron aprobados de todas las áreas del conocimiento. No fue un llamado en el que hubiera algún tipo de comité de agenda para ver cuáles eran los temas prioritarios para la ANII o para la Secretaría de Ciencia, sino que la evaluación fue absolutamente por excelencia. A los evaluadores lo único que se les pidió fue que a la hora de elaborar la lista final tuvieran en consideración criterios de equidad institucional, de equidad temática, de equidad de género y de equidad territorial” destaca.
“Esperamos que efectivamente estos proyectos cambien un poco las cosas. Se están creando 35 becas de postdoctorado y 68 becas de doctorado. Eso no solamente permite a estos equipos la compra de materiales e insumos, sino que también hay un impacto interesante en los recursos humanos”, señala David. “Por otro lado, hay que remarcar que el hecho de que los más de 70 responsables de los proyectos, porque algunos proyectos tenían más de dos responsables, quedan inhibidos de presentarse a otras convocatorias de la ANII durante el lapso de estos cinco años, lo que contribuye a abrir un poco el camino para los fondos como el Clemente Estable, el Vaz Ferreira o el María Viñas, para que haya posibilidad de crecimiento para otros investigadores e investigadoras”, finaliza.
Tenemos entonces 35 proyectos de ciencia excelente con dinero para mirar el horizonte más allá de los dos años. Quedaron por el camino otros 44 que probablemente también fueran de calidad y relevancia (con cierta licencia poética, podemos decir que quienes fallan son los comités de evaluación y no necesariamente los proyectos). Entre todos los proyectos, había 2.123 investigadoras e investigadores llenos de ilusión y expectativas por generar conocimiento nuevo y valioso. El Ida Holz llama y, una vez más, la comunidad científica responde. Pero sin más fondos para la investigación, no pocos Luises Suárez o Lolas Moreiras se quedan comiendo banco.
