Joaquín Aldabe es biólogo y tiene un doctorado en Ciencias Agrarias. Trabajó en la organización Aves Uruguay y fue coordinador del programa Áreas de Importancia para las Aves –también conocido por su sigla en inglés, IBAs–, una iniciativa global de conservación. La determinación de estos lugares en Uruguay se convirtió en una herramienta fundamental para la conservación. Por ejemplo, sirve de referencia –y, en muchos casos, alerta– a los tomadores de decisiones y quienes tratamos con proyectos que pueden tener impactos socioambientales. A su vez, ha participado y liderado investigaciones vinculadas a las aves de pastizal y a las aves migratorias. Varias de ellas habitan la laguna de Rocha y la laguna Garzón. “Hay conflictos de interés entre el ambiente y el desarrollo productivo, pero no necesariamente tiene que ser así. Es posible buscar alternativas. De hecho, mi principal línea de trabajo es cómo compatibilizar la producción agropecuaria con la conservación de la biodiversidad usando las aves como modelo”, cuenta.
la diaria conversó con el científico sobre cómo las aves ayudan a despertar el interés por proteger la naturaleza, qué piensa de la iniciativa que busca instalar un aeropuerto entre dos áreas protegidas y explica por qué es “urgente” tener una ley que proteja los pastizales.
¿Cómo nace tu interés en las aves como el churrinche o el playerito canela?
Me empezaron a interesar las aves cuando estudié Biología en la Facultad de Ciencias. Hice un curso con el docente Mario Clara, que nos llevó a recorrer los bañados del este. La verdad es que me abrió un mundo que para mí no existía. Vimos muchas aves, es lo que más se ve de fauna cuando salís al campo en Uruguay. Empecé a interesarme; antes no me pasaba mucho, pero cuando me puse los binoculares y las observé me quedé fascinado con la diversidad. Me gusta el desafío de salir al campo, tratar de identificarlas y conocerlas cada vez más. Me fui enganchando a partir de esa experiencia y no paré nunca.
¿Por qué considerás que es importante su conservación?
Creo que es importante la conservación de la naturaleza. Las aves son un componente destacado de la naturaleza por su visibilidad, por su diversidad y su abundancia en los diferentes ambientes de nuestro país. Creo que la conservación de las aves no es más importante que la conservación de otros organismos, de otros grupos, pero es un grupo interesante y muy fructífero para trabajar. Es relativamente fácil llegar a las diferentes audiencias y, además, la gente las detecta. Promover la conservación de organismos que la gente conoce es más sencillo que promover la conservación de organismos que la gente no conoce o no ve. Por ejemplo, cuando trabajamos en los pastizales con los productores, ellos conocen las aves, las ven. Se transforman en un buen instrumento, un buen medio para conectar con los gestores o con las personas que están involucradas o afectan la conservación de las especies. Permite incentivar que la gente se conecte con la naturaleza.
Hace unas semanas se difundió que el Ministerio de Defensa Nacional busca construir un aeropuerto entre la laguna de Rocha y la laguna Garzón, territorios que forman parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. El Ministerio de Ambiente advirtió que podría haber impacto justamente sobre la biodiversidad, incluidas las aves. ¿Cómo observas esta iniciativa?
Es un poco desafortunado el lugar. Me parece razonable que exista una infraestructura que favorezca la conectividad aérea de Rocha. Es un departamento que apunta al desarrollo turístico y me parece que está muy buena la idea. Entiendo que puede ser importante, si hay efectivamente llegada de aviones, si hay tráfico. Lo que veo bastante a contrapelo de la conservación es la ubicación. Está en uno de los lugares más importantes para las aves en Uruguay y en la región. Sabemos que los aviones pueden colisionar con las aves, generando impacto directo sobre las poblaciones. Además, está el movimiento. Toda la actividad –vuelos, aviones volando bajo, el ruido, la perturbación– también puede tener un efecto indirecto, porque las poblaciones pueden decir: “Este lugar no es muy cómodo, tengo que estar vigilando todo el tiempo, estoy perturbado, no tengo tiempo para comer”. Pueden elegir dejar de usar el lugar.
Aparte es un lugar de nidificación.
Sí, hay especies que nidifican ahí, muchas especies. Hay otras que lo utilizan como sitio de descanso y de preparación para la migración. Por ejemplo, el playerito canela. Es una especie muy sensible, amenazada. Es una de las especies más importantes que tenemos en la zona en promedio de conservación global. Se repuso en el Ártico, pero está seis meses en la laguna de Rocha y en la laguna de Garzón. Este territorio es clave para su ciclo anual.
Victoria Pereira, abogada especializada en derecho ambiental, planteaba que el aeropuerto se pretende instalar entre dos áreas protegidas, pero que las especies no conocen estas divisiones. “No se pone un muro”, dijo. ¿Vos qué pensás? ¿A veces imponemos nuestros límites humanos a otras especies?
Sí, sin duda que es así. Las aves no respetan nuestras fronteras imaginarias o nuestros límites administrativos. Las aves utilizan todo el sistema de lagunas como unidad de paisaje. Se mueven entre la laguna de Rocha, la laguna Garzón. Lo hemos estudiado, le pusimos GPS al playerito canela y pudimos ver cómo se mueven, en qué momento. Es muy clara la conectividad que hay entre las lagunas y el uso a escala de paisaje que hacen. Entiendo que tenemos que poner límites administrativos para gestionar. Tenemos que poner qué padrones entran, dónde está el límite del área protegida. Sin embargo, tenemos que reconocer que estos límites son administrativos y de gestión, pero no necesariamente reflejan límites de uso del espacio de la biodiversidad.
A mí me parece fundamental que existan áreas protegidas, pero también que exista una lógica de sistema de áreas en donde el territorio que está entre ellas sea lo suficientemente amigable para que permita su conectividad. El aeropuerto está fuera del área protegida, pegadito, pero no estaría ayudando a esta parte de la conectividad.
Por otro lado, en Uruguay y en la región estamos en un territorio de pastizales con mucho potencial productivo. Hacer áreas protegidas que no integren la producción agropecuaria es poco viable. Necesitamos incorporar, dentro del manejo de las áreas protegidas, el manejo de las actividades productivas [...]. Hay muy pocas áreas protegidas si se compara con otros lugares. Eso tiene una razón. Hay conflictos de intereses entre ambiente y desarrollo productivo, pero no necesariamente tiene que ser así. Es posible buscar alternativas. De hecho, es mi principal línea de trabajo: cómo compatibilizar la producción agropecuaria o la conservación de la biodiversidad usando las aves como modelo. Pensar que vamos a resolver todos los problemas ambientales con áreas protegidas en este contexto de pastizales y de alto potencial productivo agropecuario, a mí me parece un poco utópico. Creo que necesariamente tenemos que complementar la estrategia de áreas protegidas con medidas de mayor escala espacial.
Hace un tiempo se discutió, sin éxito, un proyecto de ley que buscó proteger el campo natural. Más allá del debate sobre esta iniciativa particular, ¿te parece necesaria una ley que proteja nuestros pastizales?
Sí, creo que necesitamos una normativa urgente que permita conservar lo que queda del campo natural. Si dejamos los pastizales naturales al libre albedrío, nos vamos a quedar con muy poquito. Ahora viene otro empuje fuerte de la forestación. Yo creo que, por lo menos, habría que ver qué tanto queremos conservar los pastizales como país. Tenemos que empezar a proyectarnos y ver cuánto queremos mantener, cuánto estamos dispuestos a convertir. Si no hacemos esta cuenta, nos puede pasar que nos quedemos sin nada, es nuestro principal ecosistema.
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Para ir recapitulando: si queremos proteger las aves, tenemos que proteger sus ecosistemas, y los ecosistemas se encuentran amenazados por diferentes actividades humanas, que van desde los aeropuertos hasta la forestación, aunque destacás que algunas formas de producción se pueden compatibilizar con la conservación.
Hay que poner el foco en investigar para resolver conflictos, generar conocimiento, desarrollar tecnologías, prácticas o formas de uso del territorio que nos permitan compatibilizar la producción y la conservación. Hay un montón para desarrollar y hay un cambio muy interesante en la visión de las instituciones. El agro incorporando en su toma de decisión o en su mapa mental los temas ambientales y lo ambiental reconociendo que hay que dialogar con el sistema productivo. Al tiempo que vemos un gran avance y presiones muy fuertes en el ambiente, también veo muchas oportunidades, veo mercados emergentes que están solicitando o demandando alimentos que sean producidos conservando la naturaleza, veo mucha más sensibilidad en el sector productivo en cuanto a los temas ambientales. Me parece que, como sector académico o investigadores, no solamente tenemos que hacer diagnósticos, sino también generar conocimiento que permita compatibilizar, ser más propositivos en términos de la intervención, ver cómo resolvemos esto.
Sin embargo, sigue pasando que el Ministerio de Defensa plantea hacer un aeropuerto entre dos áreas protegidas.
Hace parte también a la construcción de sensibilidad y de conocimiento público de las áreas protegidas y de la importancia de la naturaleza. Muchas instituciones y personas aún no tienen en cuenta a las áreas protegidas y la biodiversidad en su ecuación de toma de decisiones. Es una realidad y este caso lo muestra. Es esperable también. Uruguay es el último país en tener un Sistema Nacional de Áreas Protegidas en América Latina. Es muy nuevo. La ley fue promulgada en el 2000, reglamentada en 2005. Tiene 20 años, puede parecer un montón, pero en términos de transformación de las instituciones no es tanto. Por ejemplo, Parques Nacionales de Argentina tiene más de 100 años.
En Uruguay, por algún motivo que todavía no lo logré descifrar, la gente ha tenido muy poca sensibilidad y conocimiento respecto del valor de la naturaleza, más allá de la playa. Estamos muy de espalda. Puede ser que sea poco accesible la naturaleza uruguaya. Casi todo el territorio es privado y para acceder a muchos lugares tenés que pedir permiso o conocer al dueño, a la dueña. Un ejemplo que a mí me gusta mucho es el de la laguna Merín. Es la segunda más grande de América Latina, es un monstruo, impresionante, y tiene un valor biológico y paisajístico espectacular. ¿Cuánta gente la conoce en Uruguay? Estamos hablando de que, junto con la laguna de los Patos, forman el sistema de lagunas costeras más grande del mundo. ¿Cómo entrás a la laguna Merín? Tenés que irte hasta Río Branco, donde hay una playita, se llama Lago Merín, con acceso público. Después hay otro acceso por Cebollatí, en el norte de Rocha, pero tenés que pasar por un campo privado, que nadie lo conoce, se llama playa Saglia. Gracias a que el propietario deja la portera abierta, la gente de la zona puede entrar. Capaz que viene por ahí el tema de que el uruguayo no conecta con la naturaleza: no la conoce. Es difícil que lo que no conocemos nos genere interés para conservarlo y para cuidarlo.
