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El representante del Banco Mundial en Uruguay, Peter Siegenthaler

Foto: Nicolás Celaya

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Europa debe hacer unión fiscal para que “nunca se vuelva a una situación así” según el Banco Mundial; Uruguay saldría librado de la crisis.

La crisis en Europa y Estados Unidos (EEUU) podría empujar abajo la economía global y resta ver si los emergentes compensan la caída de la demanda externa con más dinamismo interno, dijo a la diaria el representante del Banco Mundial (BM) en Uruguay, Peter Siegenthaler. A corto plazo, Europa debe evitar caídas de países y Grecia reestructurar su deuda, y a largo plazo el viejo mundo debe “consolidar” una unión fiscal. Uruguay tendría problemas para financiarse en el mercado de capitales, se reduciría la demanda de sus productos, pero “sería manejable”, y no tendría dificultades con los bancos locales cuyas casas matrices son europeas.

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Siegenthaler partió ayer rumbo a Washington, donde participará de las Reuniones Anuales del BM y el Fondo Monetario Internacional. Antes de subir al avión dialogó con la diaria analizando que las "grandes incertidumbres" mundiales oscilan entre dos escenarios posibles: en el benigno, habría enlentecimiento mundial pero con "un aterrizaje suave", y en el pesimista, se agravarían la situaciones de EEUU y Europa. Un agravamiento en Europa podría ser lo más negativo por "acciones extremas en los mercados". La coyuntura de EEUU es diferente, pero igualmente afronta una perspectiva de lenta recuperación.

Subite

Siegenthaler opinó que ante el cambio de escenario económico acelerado por la crisis internacional es "muy importante, muy interesante" promover una mayor participación de los países emergentes en los organismos de decisión internacional, incluyendo al BM. "Estas instituciones creadas tienen un fuerte liderazgo de los países desarrollados. Pero como el mundo está cambiando, los emergentes tienen poder económico mucho más alto e interés en formar parte de los procesos de decisión en la comunidad económica global", sostuvo. Interpretó que el BM y el FMI deben asumir "la oportunidad de tener una mayor participación y contribución, financiera y conceptual, de estos países", tanto para "buscar soluciones a esta crisis" como para "afrontar los grandes desafíos de la humanidad, como la lucha contra la pobreza y el cambio climático". "Lo veo como una chance, una oportunidad, pero toma su tiempo".

Consultado por una posible recesión, fundamentó: "Hay una buena parte de la economía mundial, EEUU y Europa, donde no es muy probable que en los próximos dos o tres años estén en un ciclo muy favorable, sino al contrario". Y precisó: "No sé si se puede hablar de recesión, una palabra muy fuerte y que tiene una definición técnica. Pero es bastante probable que eso tire para abajo la economía mundial".

Uno de los principales interrogantes es "ver hasta qué punto esta situación se compensa por el dinamismo que aún tienen los mercados emergentes, que son los que generan la demanda". Esas economías "dependen mucho de las exportaciones", y la incógnita es cómo la reducción de la demanda las afectaría. "El escenario más probable es que haya un ajuste más lento y menos radical, porque en China hay una demanda interna que sigue creciendo".

Querer es poder

En Europa "hay margen de acción" pero falta "una acción decisiva". Si Alemania sola logra reducir los pasivos de los países de la periferia europea "a niveles manejables", el endeudamiento alemán "no aumentaría mucho, unos cinco o diez puntos porcentuales". "Si se ven los números, una acción decisiva podría cambiar mucho la situación, pero el problema tiene que ver con la construcción de la Unión Europea (UE) y también con la voluntad política". Es que muchos bancos europeos "están expuestos fuertemente a la deuda de los países con mayores riesgos, (...) y los hace vulnerables". En tal contexto "siempre existe nerviosismo en la gente que tiene depósitos en los bancos, y eso no debería subestimarse". "Claramente, es el peor de los escenarios que ocurriera algo así”, puntualizó. Para el ejecutivo del BM "no hay una solución perfecta" a la crisis, pero entiende que deben diseñarse algunas respuestas de corto plazo y otras de largo aliento. Entre las primeras mencionó evitar "una caída inmediata fuerte, con todas sus repercusiones negativas en los mercados", buscándose "una salida para los países más complicados, sobre todo Grecia", sobre el que proyectó: "Prácticamente todos aceptan que va a tener que hacer una reestructuración de deuda, donde todos los participantes van a tener que hacer algo".

Descartó que el país salga de la Unión Europea porque el impacto de ello sería "demasiado alto, tanto para Grecia como para el resto". La estrategia de largo plazo debe apuntar a que "nunca más se vuelva a una situación así”, y pasa por la unión fiscal de la eurozona: "Ahora es bastante obvio que en una unión donde hay una moneda única pero no una política económica armonizada (...), hay que consolidar una política fiscal y crear un 'superministerio' europeo de finanzas". Pero trazó una alternativa: "Quizá simplemente fijar compromisos creíbles, jugar dentro de los rangos permitibles y ver la forma de forzarlos".

No hay drama

Respecto de posibles vías de contagio a Uruguay, estimó que el canal comercial es una posibilidad, aunque persisten altos precios y una fuerte demanda de los emergentes. “Ahí puede haber un enfriamiento que afecte a Uruguay, pero la velocidad de ese ajuste no sería dramática, sino lenta y relativamente manejable”.

Agregó que lo principal en materia comercial es pensar “a mediano y largo plazo” para definir luego “qué puede hacer el país para beneficiarse más y de forma más sustentable del cambio de la economía global, que actualmente le es favorable”.

Una segundo canal de impacto sería el mercado de capitales, que afectaría principalmente a “las finanzas públicas”, porque “aunque el país ha bajado mucho su deuda (...), necesita refinanciarse y hay necesidad de acceder a mercados”. Destacó que “el gobierno ha reaccionado y se está preparando”. “Va a haber cierto margen fiscal, sobre todo si no vamos al peor de los escenarios”, si bien “sería bueno seguir con una política fiscal prudente y hacer más esfuerzos de crear mayor margen, evaluando dónde se pueden dar algunos cambios en el uso de los recursos”.

En ese sentido, informó que el BM trabaja con el gobierno preparando “un análisis del gasto público” para determinar “cómo se puede generar más espacio fiscal y aumentar la eficacia del gasto”. En cuanto a los bancos cuyas casas matrices son europeas, evaluó: “Si hay problemas, obviamente de alguna manera va a generar preocupación” local, pero aclaró que “hay una independencia muy importante” de las entidades. “Es un riesgo, hay que tenerlo claro y estudiarlo, pero a primera vista parece que estos bancos están bastante inmunizados contra posibles efectos”.

Siegenthaler describió las acciones del BM en el país, tanto para atenuar la coyuntura como para respaldar reformas estructurales que mejoren la “productividad”, la “competitividad” y “reduzcan las vulnerabilidades”. En la Estrategia de Alianza con Uruguay firmada el año pasado se previeron varias líneas de crédito de “apoyo presupuestario”. Una de ellas se liberó en febrero por 100 millones de dólares, y otro desembolso de igual monto estaba fijado para estas fechas. Sin embargo, ante el empeoramiento de la coyuntura, el gobierno pidió en julio una ampliación y la posibilidad de usarlo como crédito contingente, es decir que se desembolse cuando se necesite. Adelantó que el organismo tiene avanzadas las negociaciones para otorgar un crédito por 260 millones de dólares, que la administración podrá disponer “cuando quiera”, de forma total o parcial, durante los próximos tres años. Este préstamo será elevado al directorio del BM el 30 de setiembre y aprobado posiblemente en octubre.

También a pedido del gobierno se estudiará otro crédito adicional por “hasta 200 millones de dólares”, pero no está tan avanzado como el anterior.

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