Cada 31 horas se comete un femicidio en Argentina. El dato se repetía ayer en consignas, redes sociales y coberturas periodísticas, cuando una multitud se sumó a la onceava edición de la marcha #NiUnaMenos, que también tuvo su convocatoria en Uruguay.
Muchas de las víctimas recientes de femicidio fueron anónimas. Las vidas de otros –sus hábitos, su imagen, sus vínculos– fueron expuestas una y otra vez en los medios argentinos. En los últimos días, la presencia recurrente fue la de Agostina Vega, asesinada a los 14 años.
Por ella marcharon sus abuelos y su tía, que convocó a otras mujeres a sumarse. “No saben lo que ayuda”, dijo. Por ella también marcharon las demás, en tiempos en que los recortes a las políticas contra la violencia de género se combinan con un discurso oficial que intenta poner en duda la legitimidad de la denuncia y de la lucha social de las mujeres.