Los científicos vienen hablando de lo que se conoce como gerontolescencia en relación con una nueva etapa de la vida de los adultos mayores y una redefinición de la vejez. Nora Bär, cronista, editora y una de las pioneras del periodismo científico en Argentina, acaba de publicar su libro La nueva gerontolescencia. Qué sabe la ciencia sobre por qué envejecemos y cómo llegar bien a los 100 años (Paidós, 2026, 360 páginas), en el que se mete de lleno con este tópico que nos atraviesa cada vez más a todos y analiza cómo los avances científicos, la curiosidad y gimnasia mental y los vínculos pueden transformar la manera en que vivimos el envejecimiento.
El desafío demográfico no es una novedad. Lo que quizás sí lo sea es el modo en que en la última década también se volvió un problema para el Sur global, donde las tasas de natalidad siguen bajando y aumenta la longevidad (la esperanza de vida en América Latina y el Caribe se situó en 74,6 años). “Se calcula que para dentro de no mucho va a haber más mayores de 65 que menores de 15. Necesitamos una adaptación de la sociedad, que hoy no está pensada para seres que no sean productivos dentro de las estructuras económicas tradicionales”, abre Bär.
Pero la cuestión ya no es solo previsional o de integración de las personas de la tercera edad al mercado laboral; también es un debate por el futuro de los cuidados y las condiciones de salud y el acceso a esta, en tanto avanza la feminización de los cuidados y escasean las políticas públicas de sostén o redistribución de las labores. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial acaban de publicar un informe en el que se advierte, entre otras cosas, que la atención de largo plazo continúa recayendo principalmente en las familias. La región cuenta con alrededor de 25 millones de cuidadores no remunerados y unos tres millones pagos: mantener la proporción actual requeriría cerca de 60,5 millones de cuidadores familiares en 2050.
¿Qué te llevó a escribir La nueva gerontolescencia?
Es un tema en el que vengo pensando desde hace tiempo, y por mi trabajo como periodista me encuentro con bastante frecuencia con personas que tienen una edad muy avanzada y están fantásticas. De hecho, ya hace como 15 años había escrito una nota en la que entrevistaba a científicos que se mantenían muy activos luego de la jubilación y hasta edades muy avanzadas. Así que cuando surgió un interés de la editorial, enseguida recordé la charla que había tenido con un brasileño especialista en envejecimiento, Alexandre Kalache, que me dijo que teníamos que crear una nueva etapa en la vida. Así como se creó la adolescencia (en un momento no existía, porque los chicos llegaban a los 10, 11 años y tenían que empezar a trabajar), crear una nueva etapa que es la gerontolescencia: cuando ya cumplimos con nuestras obligaciones de criar a los chicos, nuestra vida profesional, cuando la persona que tiene sus necesidades básicas satisfechas encuentra una nueva oportunidad para cambiar el rumbo profesional o para cultivar intereses que había tenido desde antes y a los que no podía dedicarle tiempo.
¿Qué aporta este libro en términos de enfoque sobre cómo se piensa la edad en la madurez o vejez? ¿Por qué ahora hablamos de enmarcar la tercera edad como una nueva adolescencia, y qué características tiene?
En esta edad, que concebimos después de los 65, 70 años, no podemos pretender que vamos a estar igual que si tuviéramos 20. Tenemos otras necesidades, tenemos otros intereses. Nuestro cuerpo no es el mismo que a los 20 años. Sin embargo, muchas personas tienen todavía muchas ganas de vivir, ganas de hacer cosas, de aprender. Hay personas que vuelven a la universidad o que cultivan otras vertientes de su personalidad. No hace mucho, me encontré con un médico muy destacado que me dijo: “Yo ahora me contraté un profesor, compré un telescopio y estoy aprendiendo astronomía, que es algo que siempre me gustó”. Y así, muchísimas personas deciden ir a talleres literarios para escribir sus experiencias o escribir una autobiografía, otras consideran que ya trabajaron en un área y pueden dedicarse a ver espectáculos, viajar, etcétera. El momento de la jubilación ya no es la antesala del final, sino un nuevo amanecer hacia algo novedoso que puede darnos otros propósitos en la vida.
¿Existe algún hallazgo en el campo de la ciencia médica que te haya sorprendido al escribir el libro o que tenga un impacto profundo en el envejecimiento?
Hay muchas hipótesis sobre por qué envejecemos, y a mí me encanta toda la parte científica, entonces me ocupé de explorarlas para tratar de entender, ya que no es tan sencillo el proceso del envejecimiento, y además el cuerpo tiene sus propios sistemas de reparación. Entonces, ¿por qué hay ciertos momentos en la vida en que empieza a deteriorarse con más velocidad? Eso es algo que se está estudiando y las hipótesis son varias, pero lo interesante es que todavía no se sabe muy bien cuál es el engranaje o el motor central del envejecimiento. Hay quienes piensan que las células tienen un límite de copia de sí mismas y entonces, cuando se llega a ese límite, ya no pueden renovarse. Hay otros que hablan sobre la longitud de los telómeros. Otros hablan de inflamación subclínica, que es lo que va deteriorando el funcionamiento del organismo.
¿Alguna de estas hipótesis es más determinante que otra?
Se están descubriendo moléculas que parecen ser más determinantes que otras en el envejecimiento. También se están estudiando las llamadas células zombis, porque aparentemente son células que no terminan de morirse y andan deambulando por el organismo y promueven este proceso de inflamación subclínica. Pero lo cierto es que todavía no se conoce la “piedra de Rosetta” que nos permita entender este proceso para envejecer mejor (con mayor plenitud, salud y autonomía).
Se habla mucho de medicina regenerativa.
Si podemos regenerar huesos, piel, esto nos va a ayudar a vivir más tiempo en mejores condiciones. La genética es otro de los factores que influyen, la calidad del aire que respiramos y las variables socioeconómicas y emocionales. Los japoneses acuñaron una palabra, ikigai, que significa tener un propósito: algo que salta en los estudios es que las personas que tienen un propósito en la vida envejecen mejor, del mismo modo que tener un contexto socioeconómico menos estresante, que nos permita alimentarnos bien, tener el suficiente descanso y ocio, también nos permite envejecer más lentamente.
¿Qué significa esto de que el cerebro no se jubila?
Tenemos una edad cronológica, que es la que marca el calendario, que va envejeciendo a un ritmo diferente según las personas, por eso los científicos desarrollaron relojes biológicos que miden la edad del organismo con distintos parámetros. Sin embargo, cuando no se ejercita el cerebro, cuando “se jubila”, le pasa lo mismo que a los músculos: va perdiendo capacidades cognitivas. El cerebro no debería jubilarse; aunque dejemos el trabajo, idealmente siempre tenemos que mantener el cerebro en movimiento. Aprender es una de las actividades más placenteras de la vida y creo que nos ayuda muchísimo a mantener una vida larga y saludable: seguir curiosos.
Parecería haber un contraste entre los avances para hacernos llegar cada vez más saludables a la vejez, cierta reivindicación del paso del tiempo, por un lado, y el miedo y el rechazo social a la vejez, por otro. ¿Qué ideas cambiaron y qué estigmas persisten?
Cuando titulé el libro fue porque es una etapa novedosa que no existía antes. Por ejemplo, la Edad Media era la edad de los jóvenes, no porque se idealizara la juventud, sino porque pocas personas llegaban a la vejez. Había reyes que se coronaban a los 15 años, papas que comenzaban su papado a los 20. Era la edad de la juventud. Ahora estamos viendo un escenario demográfico totalmente distinto; esto hace que la sociedad deba prepararse para esta nueva masa de personas con necesidades específicas. ¿Adónde se van esas personas mayores? ¿Van a tener un lugar social de pertenencia? Todo eso depende de políticas y estrategias del Estado para darles cabida a todas esas personas para las que la sociedad no está preparada, salvo para la función de abuelos y abuelas.
Por un lado, tenemos esa enorme necesidad de asistencia a personas que necesitan ayuda o a los familiares que se hacen cargo de padres mayores, y faltan estructuras, soluciones y oportunidades para los que van a poder seguir trabajando, lugares donde puedan reunirse con otras personas, o hacer viajes juntos, o compartir vivienda. Y por el otro lado, todavía ser viejo y entrar en esa etapa de la vida es visto con un estigma enorme. De hecho, la palabra viejo o vieja se considera un insulto. Algo que espero que este libro ayude a cambiar, porque los viejos no son como niños.
Con relación al placer, si bien durante décadas se instaló la idea de que la sexualidad en la mujer declinaba inevitablemente después de la menopausia, la llamada gerontología crítica se ha centrado en los efectos positivos del envejecimiento, incluida la mejora de la vida sexual de las mujeres. ¿Qué podés contar sobre esto?
La sexualidad del adulto mayor fue siempre un tema tabú, tan tabú que nosotros hablamos con nuestros hijos adolescentes sobre las características que tiene esa etapa, sobre los cambios que van a sobrevenir, sobre cómo ejercer una sexualidad plena pero sana, todos esos temas hasta están incorporados en los programas escolares. Sin embargo, muy poco se habla sobre la sexualidad y los cambios que sobrevienen después de la menopausia en la mujer y en la edad más avanzada para los hombres. Estos cambios se presentan y nos encuentran totalmente desarmados, justamente por este estigma. No sé si la sexualidad es mejor o peor en la vejez. Es diferente, tiene otros condimentos para ser gozada, para lo que hay que hacer lugar, hay que hablar de eso con libertad para justamente no tronchar un aspecto de nuestra vida que nos hace tan felices.
¿Es la edad una cuestión de mentalidad?
Los años son solo un número, lo importante es cómo nos sentimos, mantener ese interés, ese deseo por vivir, mantener el propósito y la curiosidad, iniciar cada día como si tuviéramos 20 años.