la diaria Políticas culturales

Mariana Ingold y Urbano Moraes, el 21 de octubre, en el Museo de Artes Decorativas

Foto: Martin Hernández Müller

Entregaron las medallas Delmira Agustini, que reconocen contribuciones al arte y la cultura

Estela Magnone, Mariana Ingold, Urbano Moraes, Tía Tina, Alicia Migdal, Claudio Invernizzi, Pincho Casanova y Lila Nudelman recibieron la distinción que otorga el MEC.

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Antes de las 19.00 del miércoles todo estaba pronto en la vereda de Circunvalación Durango, en la Ciudad Vieja, para una nueva entrega de las medallas Delmira Agustini, con las que la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) distingue anualmente “a personalidades cuya trayectoria ha contribuido de manera excepcional a la cultura y las artes”.

En este 2026, el MEC reconoció los méritos de la bailarina y figura candombera Faustina Tía Tina Avelino, el fotógrafo Eduardo Pincho Casanova, el escritor Claudio Invernizzi, las músicas Estela Magnone y Mariana Ingold, la escritora y periodista Alicia Migdal, la bailarina y docente Lila Nudelman y el músico Urbano Moraes.

Faustina «Tía Tina» Avelino

Foto: Martin Hernández Müller

Una llovizna y luego propiamente un chaparrón cambiaron los planes y amontonaron a la gente en los salones interiores del Palacio Taranco. Afuera quedó armado un escenario generoso con la más moderna de las pantallas led, y dispositivos de amplificación e iluminación dispuestos para el momento y su registro fílmico.

Ya dentro del recinto solo hubo que esperar algunos minutos más. Con celeridad el funcionariado de la histórica casa resolvió el asunto, aunque no exento de las dificultades de cualquier apuro. Algo retirado de la multitud nerviosa, Urbano encontró su lugar en el tranquilo salón comedor y la coincidencia de los candelabros, las decoración en dorado y su tradicional porte recordaron una gala del siglo XVIII. Junto a él, su colega Mariana Ingold y otras personas improvisaron una pequeña y previa ronda de conversación. En las filas de adelante, Invernizzi no paraba de conversar con otro hombre, con ademanes propios de sus años como jugador de básquetbol. En medio de la nueva platea bajo techo, el camarógrafo oficial del homenaje ubicó sus equipos y una botella de dos litros de agua.

Gabriela Verde, Eduardo «Pincho» Casanova, María Eugenia Vidal

Foto: Martin Hernández Müller

“Delmira escribió una poesía que desafió las convenciones morales y literarias de su tiempo. Tenía apenas 27 años cuando fue asesinada por su exmarido. Hoy nombramos esto como femicidio”, señaló al comienzo la directora de Cultura, María Eugenia Vidal.

Claudio Invernizzi

Foto: Martin Hernández Müller

La primera en recibir el galardón fue Tía Tina. Solo unos minutos antes, la ministra interina del MEC, Gabriela Verde, había dicho que el arte “nos da la posibilidad de sublimar lo que tenemos adentro y expresarlo de alguna manera y disfrutarlo también”. Ante la mención de su nombre, Tía Tina se interpuso a las palabras de la maestra de ceremonias, la periodista Soledad Legaspi, que había iniciado un texto sobre la trayectoria de la homenajeada. Tina comenzó a bailar y contó que alguna vez alguien le había advertido que no iba a llegar a los 50 años. “Y acá estoy, con 85”, lanzó, con vivas al candombe y un llamado a la paz que contagió de buena energía al lugar y sus presentes.

Estela Magnone

Foto: Martin Hernández Müller

A Pincho Casanova el premio se le cayó al piso. La medalla de metal envuelta entre cartón y género grueso impactó de tal forma sobre el parqué que provocó un estruendo de los que silencian de forma repentina cualquier otro sonido. En su agradecimiento, Casanova dijo: “La cultura está en la lona” y llamó a “pensar sin miedo”.

Invernizzi trajo versos de Delmira: “¡Si la vida es amor, bendita sea!/ Quiero más vida para amar!/ Hoy siento que no valen mil años de la idea/ lo que un minuto azul de sentimiento”. Magnone evocó actuaciones de La Máquina del Tiempo y dedicó el premio a sus hijas y nietas “inspiradoras” de muchas de sus composiciones. Urbano se quedó sin palabras y demostró su desconcierto ante el reconocimiento recibido. “No sé qué mérito tengo”, dijo tras una larga pausa. Durante su viaje desde Piriápolis, Mariana Ingold había tratado de pensar en algún verso inspirado, dijo, pero no se le ocurrió nada, y bromeó con que lo suyo, más que una carrera, fue una caminata: “A veces fui más rápido, a veces más lento”.

Gabriela Verde, Lila Nudelman y María Eugenia Vidal,

Foto: Martin Hernández Müller

Nudelman, pionera de la danza integradora en Uruguay, contó que, por su fama de muy charlatana, había elegido un agradecimiento escrito, y la periodista cultural y editora Alicia Migdal admitió su localía: “Yo nací a dos cuadras de acá, en la casa de mis abuelos, que habían venido desde Esmirna casi directamente a la Ciudad Vieja”. Luego añadió: “Ahora estoy en el último tramo de la edad lúcida, pero siempre tengo miedo de perder la palabra justa. Espero conservarla y que ustedes la reconozcan también”, concluyó.

El cóctel se sirvió en la glorieta cerrada que da a la calle 25 de Mayo, mientras alrededor seguía lloviendo.

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