Juan Burgos ha vuelto, luego de la “pompeyana” exposición Carril colonial montada en el Subte en 2024, con un explosivo doblete expositivo: dos muestras, desarrolladas en espacios limítrofes, e inauguradas en el arco de un mes. Traducido: su incontenible universo visual que ilustra –en caóticos magmas o vórtices paramaneristas– el desbarajuste tanato-erótico del mundo se encuentra una vez más disponible al público uruguayo.
¿Podrías explicar de qué van las dos muestras que se exhiben en el EAC, Status Belli, y en el Museo de Historia Natural, Serpentario?
Status Belli reúne trabajos que marcaron mi trayectoria y que se pueden ver juntos por primera vez, con nuevos soportes y escalas. La muestra incluye también un conjunto de obras inéditas que se suman a la narración. La instalación busca generar una reflexión sobre el estado de guerra y de amenaza constante en el que vivimos. Me parece necesario como artista no permanecer indiferente ante un giro tan nefasto del orden mundial, ante la pérdida del miedo a hacer y decir cosas que serían inadmisibles hace unos años, ante el uso de la fuerza bruta, ante la pérdida de valor de los principios que ordenaban el mundo.
Hay un hilo conductor en estas obras: el caos, el exceso de información, la violencia. Status Belli da la sensación de estar entrando en una especie de hangar militar o depósito de armas, ordenado, despojado, fríamente inquietante. En Serpentario, la sensación es la de estar en un espacio ceremonial, donde el verdadero protagonista es el desamparo contrastando con un contexto de riqueza y de lujo, donde hay elementos rituales ambiguos, que oscilan entre la protección y la tragedia inminente. Las historias giran en torno a personajes desamparados acompañados por seres místicos, reales o imaginarios, no se sabe. Y las serpientes que dan nombre a la muestra son un símbolo de resguardo, forman como un nido protector, pero al mismo tiempo representan un peligro mortal para aquellos que acunan. Es una idea bastante gótica y críptica. Un territorio donde se mezclan lo sagrado, lo siniestro y lo político, en un ambiente muy inmersivo.
Juan Burgos.
Foto: Roberto Olalde
Lo que citaste, sobre todo la violencia y la muerte, a menudo asociadas al deseo, son elementos que han nutrido tu obra desde el principio, pero ahora parecen haberse vuelto definitivamente la esencia del nuevo necrocapitalismo a nivel global. ¿Cómo leés este presente, que muchos tildan de apocalíptico?
Siento que estamos viviendo un estado de violencia a todo nivel. Eso me genera sentimientos de impotencia y angustia, por la extrema injusticia que se ve en todas partes. Tengo la sensación de que los gobiernos y los políticos ya no disimulan su indiferencia, es explícita, los intereses de las grandes compañías dictan las políticas a aplicar y no el sufrimiento de la gente o el deterioro medioambiental. La industria de la guerra parece ser el motor del mundo. También el ascenso del neofascismo sin complejos, que empieza a extenderse por todas partes y que trae aparejado el deterioro de las democracias. Es difícil imaginar cómo se vuelve de todo esto. En la serie de las Alicias, en Status Belli, incluyo más de una vez una bandera del artista Artemio Rodríguez que dice “My blood is your oil” –mi sangre es tu petróleo–, que resume muy bien cómo viene la mano.
La exposición Status Belli tiene como subtítulo “reprospectiva”, interesante neologismo que te pido que nos desgloses...
“Reprospectiva” es la fusión de “retrospectiva” y “prospectiva”, o sea, una manera de volver a mirar el futuro a través de obras del pasado. En esta muestra hay una obra de 2008 [La madriguera del conejo, mostrada por primera vez en el CCE], otra de 2012 [Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, creada para la primera Bienal de Montevideo] y otra de 2013 [El sueño de la razón, para la séptima Bienal de Curitiba], que fueron expuestas en su momento como obras efímeras. Y de distintas maneras todas planteaban futuros caóticos y violentos, siempre con una tensión entre el bien y el mal. Entonces la idea de volver a mostrar estos trabajos viene de querer confrontar ese aspecto de anticipación que contenían con nuestro presente y con los escenarios futuros.
Alicia y San Jorge.
Tanto en la exposición Carril colonial como en Status Belli le has dado al componente “instalación” o “marco expandido” un peso determinante para la presentación de tu trabajo. ¿Es algo que simplemente potencia tus cuadros o ya lo considerás un elemento imprescindible de tu obra?
Yo diría que es como un camino de ida. Después de Carril colonial, donde el público entraba en la obra antes de acercarse al primer collage, y en la que la verdadera obra es la exposición, es difícil volver a los formatos anteriores. Tanto en Status Bell como en la más reciente Serpentario, la idea es expandir la obra y crear todo un territorio simbólico que la contenga. Pero eso no significa que no tenga ganas en el futuro de volver a formas más simples de mostrar mi trabajo.
Elegiste, ya en el comienzo de tu trayectoria, el collage como medio de expresión, ¿qué te interesa y sigue intrigándote de una técnica tan cardinal para el siglo XX?
En vez de pegar mi primer collage, usé alfileres, porque acababa de terminar una formación en sastrería. Fue algo totalmente espontáneo y desde entonces me sentí atrapado por el collage. Gradualmente fui desarrollando una técnica que se fue haciendo más compleja y cada vez más perfeccionista, sin plantearme nunca si estaba siguiendo o no una tendencia en el arte, mi objetivo no va por ese lado. Siento que el collage es mi lengua materna. Al comienzo mis obras estaban más influidas por el surrealismo, pero después me fui alejando de esa estética y empecé a trabajar creando situaciones muy barrocas y provocadoras que se distanciaban de esas primeras sugestiones; creo que encontré un lenguaje propio, como mi propio lunfardo.
La cantidad y calidad de “fuentes” y “estímulos” visuales en tus composiciones es asombrosa, pero sé que, casi siempre, los elementos que empleás salen de libros, en sentido amplio, incluyendo catálogos, historietas, etcétera, y no, de repente, de objetos, del cine, de la propaganda u otras realidades: ¿considerás el libro un repositorio especial?
Sí. Desde hace ya muchos años mi proceso creativo comienza descubriendo y seleccionando libros de arte, de diseño textil, de botánica, de antropología, etcétera, en las librerías y en las tiendas de los museos; es como una búsqueda del tesoro. Allí ya comienzo a asociar imágenes, ideas, conceptos, como si fueran piezas de un puzle que se empieza a formar en mi cabeza. O sea que el libro es la fuente principal de materias primas, sin recortar el material original, sino reproduciendo partes, manipulando escalas y colores.
Astronauta versión 3M.
Frente a la hipercomplejidad de algunas de las piezas que mostrás en estas últimas exposiciones, donde, a la Bosch, la superficie se llena de elementos y personajes de forma mareadora, se puede contraponer la serie de Alicia, mucho más “depurada”: ¿cómo nació y qué la caracteriza?
Esa serie de Alicia es la más reciente, nació con un propósito mucho más claro, de síntesis. La lectura de las obras es más directa. Hay un personaje inocente, representado por la Alicia carroliana, que observa un mundo que ya no es el de las maravillas, sino una distopía de guerra y de desmoronamiento. Es quizás la obra que mejor sintetiza el espíritu de la muestra.
Status Belli y Serpentario, de Juan Burgos. En el Espacio de Arte Contemporáneo y en el Museo de Historia Natural (Arenal Grande 1930). Miércoles a sábados de 13.00 a 19.00 y domingos de 11.00 a 17.00 hasta el 11 de octubre. Entrada gratuita.