El lugar volvió a su función de origen fabril luego de muchos años de abandono y hoy está irreconocible. Salvo con un pase de identificación digital, ni siquiera se puede llegar cerca de su portón de entrada, aislado por la cortina de alambres que rodea el restaurado edificio.
A comienzos de los 2010, en un galpón gigante del barrio Colón, un grupo de músicos, skaters y otros jóvenes artistas dispuestos a jugar con fuego –literalmente– habían instalado el más punk de los parques de diversiones, con rampas, espacios de reunión a cielo abierto y amplificación eléctrica. Los dos o tres pisos estaban conectados sin demasiadas separaciones y eso permitía a los visitantes disfrutar de la música en vivo desde distintas alturas. Bandas como Hijo Agrio, Beatriz Carnicero, Avitación 101 y Plankton comenzaban a delinear una nueva escena de rock independiente signada por una propuesta de sonoridad extrema que mezclaba el hardcore, el punk y el grindcore, e invitaba a sumarse a un pogo de código abierto. La movida cultural era acompañada, entre otros, por el sello Catalina Records, varios fanzines y un espíritu fresco e integrador, a tono con una nueva agenda de derechos.
En paralelo, los Power Chocolatín Experimento de los hermanos Berocay lanzaban su homónimo primer LP, y los Genuflexos ya asomaban con fuerza en la escena montevideana con un sonido más heavy y psicodélico para los fans de Buenos Muchachos en busca de algo más. Su disco Ex Cine Trocadero (Templo Mayor), de 2007, sigue resultando una referencia ineludible de esa época.
Casi 20 años después, en un fenómeno puramente micelar y de promoción casera, no son menos de 30 las bandas que hoy responden a aquella identidad esperanzadora, con la creación de pequeñas submovidas, a cual más ruidosa y experimental, y producciones discográficas originales a las que responde un público juvenil cada vez más numeroso.
Este sábado, tres de los mejores exponentes de ese movimiento de procedencia diversa se van a encontrar en el sótano del bar Ducon, de Durazno y Convención, bajo la consigna “Un rito hacia el ruido”.
Los Power Chocolatín, el grupo más consolidado del cartel, luego de probar con distintas fórmulas, encontraron su identidad en un rock difícil de clasificar y que juega entre la experimentación del jazz y el vuelo del rock progresivo, con fugas constantes hacia otros géneros. Bruno Berocay en batería y percusión, Pablo Berocay en bajo, teclados, sintetizadores y coros, Demian Berocay en guitarra y voz y Marcos Giménez en guitarra, teclados, sintes y coros están al frente de esta golosina de humor amargo y sonido peculiar que puede recordar a la vez a Helmet, Frank Zappa, Alice in Chains, Radiohead y Primus.
De su rica discografía se recomienda arrancar con el notable Explicándoles la muerte a los gurises más chicos (2021). Entre lo más actual disponible, el corte “Estrés por guita” adelanta el contenido de su próximo EP, del que podrá conocerse más esta noche.
Heladanegra.
Foto: Difusión
Heladanegra nació en 2018 a partir de “una amistad, un romance, una convivencia extensa, intensa, importante”, comunica el dúo que forman Sofía Peluda en voz, batería y proyecciones visuales y Javier Gerfauo en bajo.
“Tenemos material nuevo para presentar en vivo. Lo estamos grabando y mezclando nosotros. Es de cocción lenta”, anuncia Gerfauo, que integró los promisorios Hijo Agrio, grabó y actuó con Dante Inferno y también toca con Genuflexos. Peluda también es parte del proyecto Familia, en el que confluyen artistas de distintas bandas de esta y otras escenas.
Su obra, expresan en la gacetilla de bienvenida, “brota de la necesidad de atravesar procesos vinculares de forma respetuosa, con escucha y cariño”, y encuentra “en lo sonoro” una vía de comunicación profunda. En lo musical reconocen influencias del metal progresivo, la cumbia psicodélica, el new metal y la música electrónica. Sus shows se acompañan de una puesta visual estimulante y teatral, que dialoga con lo que sale de sus instrumentos.
Un alarido, un piano, una distorsión y una nota larga y extraviada de una voz femenina se funden en el comienzo de “Ilargia”, antes de que comiencen a sonar el bajo y la batería. En “Disfasia” los ruidos de insectos conviven con los de animales que sueñan pesadillas y salpicaduras chispeantes sobre una estructura plástica. Ambos tracks están disponibles en bandcamp.
Wero.
Foto: Difusión
Wero es la banda más nueva de las tres y viene de San Ramón, Canelones. Su origen pandémico, en 2020, podría explicar algo de las singularidades de su jugada estética. En su formación, Fabricio Cabrera se encarga de la sonoplastia (ruidos sobre objetos), Facundo Bardallo toca el bajo, Exequiel Rodríguez, la batería, y todos aportan sus voces para aquello que se asemeje a una melodía.
“Con Facu, antes, tuvimos otras dos bandas de sonido mucho más clásico que dejaron de funcionar, y cuando arrancamos con Wero, primero solo con bajo y bata, nos propusimos no atarnos a nada. La consigna era: ‘Si en el ensayo sale una cumbia o cualquier otra cosa, le damos para adelante con total libertad’. Eso es como el concepto fuerza de la banda”, contó Rodríguez en el programa El bloque. “Yo venía de otros estilos y quería hacer algo más fuerte”, apuntó Cabrera en El bloque, y dijo que se sorprendió gratamente cuando fue a un ensayo y descubrió la extraña manera del grupo a la hora de conectar los instrumentos con las pedaleras y la amplificación.
En la portada de su EP homónimo de 2023, en lo que aparenta ser una playa seca flotan cabezas humanas, de robots, espíritus, en un círculo evolutivo de sentido lógico. Más arriba vigilan dos ojos gigantes y sobre la arena se amontonan figuras reptilianas y un sujeto apesadumbrado.
En el último de los cuatros tracks, “Por el delirante velo del tablero podrido”, el grupo usa una variante del desert rock con un riff para bailar encima de un caballo desbocado y gritan: “¡No es fácil la ilusión de perderse en la emoción!”.
Power Chocolatín Experimento, Heladanegra y Wero presentan Un rito hacia el ruido. Este sábado a las 21.00 en Sala Ducón (Convención y Durazno). Entradas anticipadas a 2 x $ 500 y $ 300 en puerta.