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Gatillero.

Gatillero.

Plano secuencia = acción infernal

La película argentina Gatillero es un proeza técnica y uno de los picos de su género.

Galgo (Sergio Podeley) acaba de salir de la cárcel y vuelve a Isla Maciel, en el histórico barrio obrero de Dock Sud, en el partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, Argentina. Situado sobre la margen sur del Riachuelo frente al barrio porteño de La Boca, es lamentablemente reconocido por la marginalidad y violencia. Su intención es encontrar cómo rebuscarse –de hecho, la narración comienza con nuestro protagonista robando un almacén–, pero sin intenciones de regresar a su rol de sicario para La Madrina (Julieta Díaz), una de las capas del barrio, que fue lo que lo metió en prisión en primer lugar.

Pronto nos queda claro que son solo deseos, porque Galgo es rápidamente reconocido por antiguos cómplices. A prepo, casi de cabeza, lo llevan de regreso a su viejo oficio. El nuevo encargo es aparentemente algo muy simple: dar una advertencia, pero no tarda en salir mal y Galgo termina viviendo un infierno en tiempo real.

Porque Gatillero, brillante producción argentina dirigida por Cristian Tapia Marchiori y escrita por él mismo junto con Clara Ambrosoni, no dará ni un segundo de respiro tanto a su protagonista como a sus espectadores. Utilizando como recurso narrativo un plano secuencia –es decir, donde la acción se filma en una toma continua, que simula (y a veces es literalmente así) no tener ningún corte–, seguiremos las cuitas de Galgo durante altas horas de la madrugada y posterior amanecer, cuando acciones propias y ajenas le vayan dejando cada vez menos margen para maniobrar y la trampa se vaya cerrando a su alrededor.

El hallazgo técnico remite a las ya legendarias El arca rusa (Stanislav Rostotsky, 2002), la alemana Victoria (Sebastian Schipper, 2015) o la bélica 1917, de Sam Mendes, aunque quizá para la ocasión sea más apropiado recordar One Shot y One More Shot, destacados productos de acción en plano secuencia protagonizados por Scott Adkins, o incluso un par de secuencias de la True Detective original, pero Gatillero tiene otras virtudes.

Entre los destaques, están el protagónico del sanguíneo Podeley, quien resiste estar en cámara el 90% de los tramos de acción y las vueltas sorpresivas del guion de Tapia y Ambrosini, que no dejan nunca de sorprender y van pintando con mano segura el universo que conforman el barrio y sus muchos integrantes (mafiosos y de los otros), enfrentados en una batalla que parece que se dirimirá de manera completa antes de que salga el sol.

Es la conjunción de todos estos méritos y elementos –cómo está filmada, sus actuaciones, su narración– lo que transforma a Gatillero (bien a mano en HBO Max, ya que nunca llegó a nuestros cines) en un demoledor relato que es de las producciones más tensas que han salido de Argentina: un GTA Isla Maciel con clima a lo Adrián Israel Caetano pero gran identidad propia.

Gatillero. 80 minutos. En HBO Max.