De ese nombre supe por primera vez mientras esperaba el ómnibus en la calle Buenos Aires. En la parada de la esquina con Juan Carlos Gómez, coincidimos con Minxto, que salía de una panadería con una bolsa de bizcochos que sacudió n señal de convite. Hablamos de fútbol muy poco. Además de que está acostumbrado a despachar hinchas, él tenía otra cosa en la cabeza: se concentró en la recomendación del grupo musical, pronunciando con claridad su nombre raro para que fuera memorable, haciendo énfasis en su calidad musical y en la originalidad de su propuesta, con el entusiasmo y hasta un cierto mal humor por el augurio de una injusticia insalvable.
Parecía que no hablaba de un disco o un concierto, sino más bien de una fuga organizada, de la apuesta por un partido político noble con pocos votantes. Ahora creo que no le faltaba algo de razón, porque, a pesar de que mencionó sus conciertos con entradas agotadas y otras credenciales, pasaron dos años desde aquella tarde hasta el día en que decidí entrar a una página de Bandcamp para ver qué onda con Nair Mirabrat.
El proyecto, liderado por Martín Ibarra, lleva tres discos editados. El primero es un EP, Sondor (2018). Arranca con una versión maníaca y de big band de “El tunguelé”, de Eduardo Mateo, y sigue con “Dombe mood”, una jam instrumental, mezcla de murga, candombe y jazz. El verdadero experimento se nota en “Coco en el tablero” y convence un montón. La búsqueda recuerda más a la Nueva York de los 70 que a Montevideo, más precisamente a la música de Bernard Herrmann para el film Taxi Driver, hasta el desenlace del tema, con una coda desaforada bien propia de Opa. “Suecos” es una muestra de virtuosismo de guitarra y un candombe del siglo XXI que también podría recordar algo del grupo estadounidense Battles. Casi lo olvido: en un todo estrellas de músicos invitados, aquí también brilla Hugo Fattoruso en piano y sintetizadores.
Después viene el álbum Juntos ahora (2021), mezcla la electrónica con la música popular uruguaya e incluye solo composiciones propias de Ibarra. Con muy buenas ideas, aquí su música sugiere un Drexler que se perdió algunas idas a la playa por penitencias. En “Abriéndose camino”, la combinación de sus gustos y una influencia brasileña también lo acercan a Luis Alberto Spinetta.
Finalmente, en 2022, Ibarra puso en cartel un espectáculo que luego derivó en su segundo disco de larga duración, Mateo solo bien se lame por Nair Mirabrat (2025).
“En 1972, Eduardo Mateo abría la puerta de un cuarto y nos invitaba a pasar. El cuarto invitaba a ir profundo hacia otros espacios. Ahí dentro había un otro Universo constelando, y en él, 13 canciones como rayos de luz viajando e hilvanando el tiempo. 50 años después, con la máquina del tiempo activada ingresamos en ese Universo a celebrar la presencia inspiradora de la música y a danzar con los halos infinitos”, explica el texto que acompaña la música sobre este homenaje al clásico discográfico de Eduardo Mateo, Mateo solo bien se lame, cuya ejecución podrá volver a presenciarse en vivo este próximo jueves en el Teatro Solís.
El acercamiento es atrevido y ambicioso. El grupo tiende a las canciones festejantes y grandilocuentes y mantiene solo la punta de un dedo de un pie sobre la obra original, pero, a su favor, jamás lo levanta. Expresa unas formas de alegría difíciles de asimilar para algunos tipos de uruguayos y es igual de dramático a la hora de las tristezas. La versión de “Lala” puede conquistar multitudes con espíritu optimista que también era el de Ruben Rada. En la última parte del espectáculo está lo mejor. Particularmente, “La mama vieja” amaga con una versión algo despojada, prueba con un juego melódico de voces bien oportuno y se despliega de forma brillante, rescatando con fidelidad todas las posibilidades visibles y ocultas del tema, que concluye en otra sinfonía alocada y justificada.
Ibarra se crió en el barrio Palermo, a una cuadra de la rambla, por la calle Lorenzo Carnelli: “Ahí las lonjas llaman todo el tiempo. Es un barrio vivo y radiante. De hecho, hice un tema que se llama ‘Palermo Postal’, en donde con música y palabras recuerdo y cuento”, agrega el artista en diálogo con la diaria.
El cantante y guitarrista concibe la música como una vía de comunicación “que opera de manera muy distinta al lenguaje hablado: activa otras zonas del cerebro, viaja por atajos emocionales y se conecta directamente con el misterio de la vida”, explica.
“Te permite conectarte con el público pero también con uno mismo. Una canción es como una cápsula donde se sintetiza un montón de información, y no solo es la letra la que dice, es la melodía, es el ritmo, es la forma”, argumenta. “Una obra de arte, así como un sueño, se mueve en las fases liminales de lo consciente y la realidad inconsciente”, cuenta sobre lo que más le interesa de su exploración artística.
Sobre el show de este jueves, en el que también participarán Sara Sabah, Fede Righi, Martín Morón, Gonzalo Levin, Coby Acosta, Jere Di Pólito, Fede Araújo, Silvina Gómez, Nico Selves, Alejandra Gómez, Daniely Benitez, Gabo Manzanares, Karen Martinez, adelanta: “Dedicamos mucho tiempo para pensar cada detalle. Somos felices tocando esta música y, por suerte, la gente siempre nos devuelve una fuerza que nos hace volver a creer que vale la pena tanto trabajo. En definitiva, es un regalo para nosotros y para la gente. Nos han dicho que hace bien, que inspira y que construye hacia adelante a través de una nueva mirada sobre una pieza fundamental de nuestra cultura”.
Mateo por Nair Mirabrat. Jueves a las 20.30 en el Teatro Solís. Entradas desde $500 a $1.800 en Tickantel. **2x1para la diaria.
