¿Cómo era vivir en la dictadura, o en las dictaduras? Los testimonios, por lo general, se concentran en casos extremos, en víctimas y victimarios notorios. Desde el arte, en cambio, se ha intentado transmitir la experiencia de la opresión cotidiana. En la narrativa uruguaya, por caso, hay búsquedas excepcionales, como las novelas La limpieza es una mentira provisoria, de Marisa Silva Schultze, y Se hizo de noche, de Roberto Appratto. LS83, la película del argentino Herman Szwarcbart, muestra un camino diferente con resultados admirables.
El procedimiento parece azaroso. Szwarcbart se topó, mientras realizaba Fuimos felices, su documental sobre la vida de tres familias judías en la Argentina del siglo XX, con miles de rollos de film que contienen material en bruto utilizado en los informativos de Canal 9 de Buenos Aires (cuya señal era LS83) durante la dictadura que transcurrió en 1976-1983. La inspección, selección, restauración y digitalización de las cintas es una historia aparte, así como la de su conservación en el Museo del Cine, porque lo esencial aquí es la decisión de yuxtaponer a esos audiovisuales piezas de lo que el escritor Martín Kohan registró en Me acuerdo.
El libro, como ha explicado el autor, sigue un formato inaugurado por el estadounidense Joe Brainard cuando publicó, en 1970, I Remember, una sucesión de recuerdos fragmentarios sin pretensión biográfica, que llevó a Georges Perec a publicar Je me souviens unos años después. Lo que cuenta Kohan son anécdotas de su infancia y preadolescencia que transcurren en el período que le interesa a Szwarcbart. Por fuera, uno sabe que en sus novelas ha abordado, de manera consecuente y lateral, vidas en dictadura: el estudiante recluta de Dos veces junio, la adscripta de Ciencias morales, el general lejano y letal de Confesión.
En la película, además, Kohan lee sus propios textos con un tono calmo y distante, que de a poco deja escuchar el ronroneo del afecto. Habla de enamoramientos escolares, de sus amigos del barrio, de fútbol –es el Mundial 78–, de su hermana, de sus padres. Parecen asuntos personales, al borde de lo íntimo, pero hay algunas rendijas que conectan con los hechos colectivos, y en esos instantes Szwarcbart provoca explosiones sutiles. Una túnica infantil, un bigote militar, una pelota alcanzan para que demos el salto entre la anécdota y la historia. Vemos imágenes de los deportistas ensalzados por el régimen, vemos símbolos nacionales apropiados y vemos a los dictadores sonrientes, seguros, vencedores.
Jorge Rafael Videla es el coprotagonista de esta historia doble. Cabe aclarar que no hay leyendas que aclaren quién es quién, sino apenas algunas marcas temporales, pero es de esperar que el semblante del presidente de facto resulte reconocible para todos. Dos hallazgos notables: las palabras de la madre del dictador, que durante un acto patrio se refiere con ternura a su hijo, y varias ceremonias en las que Videla expone con claridad sus ideas sobre el rol de los medios –de una complejidad inesperada para mí–, generalmente rodeado de comunicadores cómplices.
Así como es imposible no figurar un relato general a partir de los recuerdos sueltos de Kohan, es todo un placer dejarse llevar por las conexiones que sugiere Szwarcbart. En esto la película podría parecer jugada a lo que cada espectador conozca sobre la dictadura militar argentina, sobre todo porque aporta escasísima orientación contextual, pero las imágenes contienen suficiente información como para que, de todos modos, cualquiera comprenda las situaciones básicas. Es más: seguramente, el director consideró que el exceso de datos precisos podría obturar la multiplicación de significados que abre su selección de films de Canal 9 y de textos de Kohan. (Tal vez en esto haya una paradoja, o koan, en la terminología budista).
Por aquí, LS83 tiene un posible pariente en el corto Uruguay hoy, en el que Pablo Stoll y Daniel Yafalian remixaron propaganda audiovisual de la dictadura. Claramente, en la película de Szwarcbart hay trabajo intenso con archivo, pero no estamos ante un documental, sino ante otro artefacto, quizás ante ese tipo de obras que, en narrativa, hace que ciertos libros de no ficción sean considerados literatura.
LS83. 83 minutos. En Cinemateca.
