Ajeno al frío de la avenida 18 de Julio y al humor denso de la aplastante derrota deportiva que aún recorre sus veredas, el salón Ernesto de los Campos de la Intendencia de Montevideo (IM) recibió este martes, con la calefacción al mango, a una treintena de amigos y colegas del guitarrista, docente e investigador musical uruguayo Eduardo Fernández para celebrar su nombramiento como Ciudadano Ilustre de Montevideo.
Su caso tiene una particularidad bien local: no pertenece a la clase de ídolos populares que pueden sostener la promoción de helados, hamburguesas, diarios o candidatos con su sola presencia o con la música de alguna de sus canciones, pero es uno de los artistas más admirados por los guitarristas y uno de los estudiosos del instrumento más importantes del planeta, reconocido como un “héroe musical” y un maestro indiscutido que sigue viviendo a la vuelta de una esquina de La Paz, en el departamento de Canelones.
Los gorros y camperas grises de los visitantes, las bufandas de color mostaza y algún que otro juego de juego de mate y termo alteraron la solemnidad del salón municipal, apenas pasado el mediodía. Entre las caras conocidas, una punta de la primera fila encontró a Cristina Fernández, Washington Carrasco y Numa Moraes.
Sentado junto al intendente Mario Bergara y la directora de Cultura de la comuna, Débora Quiring, Fernández ubicó sus manos sobre las rodillas y con la vista en el suelo escuchó con paciencia su propia historia y la larga lista de sus triunfos mundiales. En la voz de Quiring recibió el recuerdo lejano de su casa de crianza en La Paz y de su padre, Ramón Fernández, “un farmacéutico y coleccionista de discos, sobre todo de tango y de folclore”, que había integrado el plantel profesional de Racing y además tenía una guitarra.
El discurso se trasladó al día en que su padre notó su afición por las transmisiones de música clásica de la radio del Sodre, y se vio en sus clases con Raúl Sánchez Arias, Abel Carlevaro y Héctor Tosar, y viajando en ómnibus rumbo a Montevideo para avanzar en sus estudios de armonía y contrapunto con el director y compositor de crianza brasileña Guido Santórsola, y en avión hacia Nueva York, donde luego de su actuación en el teatro Kaufmann Hall llegaría su temprana y notable consagración en los inicios de una carrera internacional que se extendería por más de 50 años en sus roles de músico, compositor, intérprete, docente e investigador.
“El deber tiene que ser siempre el mismo, tanto en un pequeño pueblo como en un gran escenario de Nueva York”, afirmó alguna vez Fernández, valorando uno de los aprendizajes que obtuvo de Santórsola.
A continuación, una pieza audiovisual dio lugar a sus colegas, estudiantes y admiradores de diferentes naciones. En japonés, inglés, portugués y español, las cabezas en las pantallas coincidieron en definir al uruguayo como un maestro de su instrumento. El guitarrista y compositor local José Fernández Bardesio lo proclamó su “héroe guitarrístico” y un referente intelectual para “infinitos colegas en Uruguay y en todas partes”.
“Eduardo es una columna de la guitarra en el mundo, y lo viene siendo desde hace mucho tiempo”, expresó el argentino Juan Falú, y agregó: “Con la mirada atenta al ayer de los grandes hacedores, con una escuela que ha forjado y que asegura un mañana guitarrístico siempre floreciente, ha estudiado, investigado, enseñado; ha respetado el arte y el instrumento y el sentido del arte”. Además, sostuvo que “Uruguay, desde su nobleza cultural, sintoniza con la nobleza de un gran hacedor de la cultura”.
“Para mí, esta ocasión es especialmente significativa porque desde 1995 tú y yo hemos compartido la escena como un equipo de guitarristas en muchos países del mundo. Juntos hemos actuado para audiencias de Europa, Asia, y países de América Latina, creando recuerdos musicales que siempre voy a apreciar durante todos estos 30 años”, contó el japonés Shin-Ichi Fukuda, quien grabó con el uruguayo los discos Atom Hearts Club Duo (1998) e Invitation to the Vienna Program (2024).
“Uno puede viajar por lugares inesperados, llegar a una pequeña localidad, a un rincón apartado donde la guitarra sigue siendo una forma cotidiana de encuentro con la música, y descubrir que basta mencionar el nombre de Eduardo Fernández para que las personas sepan inmediatamente de quién se está hablando. Hay algo profundamente conmovedor en esa presencia silenciosa, en saber que una manera de entender la música llegó tan lejos y encontró resonancia en personas de contextos muy distintos”, relató el guitarrista (y alumno de Fernández) Gonzalo Victoria.
Y continuó: “Quizás esa sea una de las formas más auténticas del reconocimiento, cuando una trayectoria deja de pertenecer solamente a quien la construyó y pasa a formar parte de la vida de una comunidad mucho más amplia, como ciudades invisibles que salvaguardan el nombre, el ejemplo y la obra de Eduardo Fernández”, dijo, resaltando la sencillez y la actitud serena por la que también se conoce a su maestro.
“Nacido en Canelones, pero a partir de hoy Ciudadano Ilustre de Montevideo”, anunció el intendente al comienzo de su alocución. Bergara, confeso admirador del músico, confirmó la pasión, entrega y compromiso de Fernández en cada una de sus actuaciones: “Lo vi actuar con el Solís lleno, en los festivales de guitarra, ya hace 30 años; lo vi actuar en el Centro Artesano de Peñarol para un público barrial, acompañado por Numa Moraes, y lo vi tocar hace una década en el Cabildo de Montevideo para unas 40 personas. Eso habla del respeto por la obra, el artista que la compuso y la audiencia que la está escuchando. Y eso no es solamente una cuestión artística o técnica, es una cuestión humana que acompaña a todos esos otros atributos”, remarcó el mandatario.
Con la placa de distinción en sus manos entregada por las autoridades departamentales, Fernández, de 72 años, dio por finalizado el evento con un agradecimiento de gestos mínimos y respetuosos. Tal vez solo obligado por la situación, finalmente decidió tomar el micrófono para expresar: “Agradezco a la Intendencia de Montevideo por este reconocimiento, que es un gran honor para mí. Uno ha tenido muchos reconocimientos internacionales, pero este es muy especial, es un abrazo colectivo de los habitantes de esta ciudad; yo lo siento así y realmente estoy muy emocionado. Uno nunca sabe qué decir en estos casos, así que: muchas gracias”.